¿Qué cambia (y qué permanece) después de un beso gay?
En tiempos de figuras como Malafaia y Feliciano, es importante entender este momento como el resultado de una serie de logros en materia de libertades individuales y democracia.
La narración no tiene nada de especial. Dos seres humanos, ambos hombres, se tocan, mientras unas máquinas reproducen este episodio para un gran número de personas.
Llegados a este punto, cualquiera que lea este texto podría empezar a pensar que le están tomando el pelo: "¿Un roce? ¿Qué quieres decir? ¡Fue un beso, y en los labios!" Tranquilos, les explicaré.
El acto de besar a alguien, desde un punto de vista físico, no es más que tocar con los labios la mejilla, la boca o partes menos familiares de la pareja; por lo tanto, es un contacto físico.
La primera referencia histórica que tenemos al beso data del 2500 a. C., presente en las esculturas y murales hindúes del templo de Khajuraho en la India. Más de dos mil años después (alrededor del 330 a. C.), un joven llamado Bagoas protagoniza la escena en la que, tras ganar un concurso de canto y danza, es aclamado por todo un ejército al recibir un beso de su rey, Alejandro Magno. Unos trescientos años después, en un período que podríamos considerar la época de Cristo, Judas Iscariote continúa narrando la historia del beso. Tanto en el Evangelio de Mateo como en el de Marcos, el famoso «Beso de Judas» se describe mediante el verbo griego kataphilein, que significa «besar con firmeza, intensidad, pasión, ternura o calidez». En esta ocasión, el besado fue Jesús, siguiendo el relato que todos conocemos.
Han pasado 2014 años y aquí estamos, hablando de un beso. No hablamos del simple roce de los labios, sino del sentimiento, del simbolismo, de la moralidad del acto. Mientras que el «Beso de Judas» es un símbolo explícito de traición, el beso gay, incluso dada la relevancia actual del suceso, sigue siendo un símbolo controvertido.
Los grupos más conservadores señalan la escena como un hito en la destrucción de la familia brasileña. Los grupos LGBT (lesbianas, gays, bisexuales, travestis, transexuales y transgénero) la consideran un símbolo de progreso social. Los fanáticos de las telenovelas la proclaman como una revolución en las telenovelas brasileñas. Los románticos la interpretan como una representación del amor entre los dos personajes. Algunas mujeres lamentan que el apuesto actor sea retratado como gay. Algunos hombres expresan disgusto por el beso. Y así sucesivamente.
Lo cierto es que no hay nada nuevo en este tema. En el cine, allá por 1927, la película muda "Wings" (ganadora de un Óscar) muestra lo que se considera el primer beso gay de Hollywood entre los actores Buddy Rogers y Richard Arlen. En cuanto a las mujeres, la película alemana "Mädchen in Uniform" (Chicas de uniforme), de 1931, también cumple esta función. No solo Almodóvar y Brokeback Mountain aparecen en la lista. En 1979, los actores Tunico Pereira y Anselmo Vasconcelos recrearon la escena en la película brasileña "República dos Assassinos" de Miguel Faria Jr. Pasando del cine a la televisión, hace 24 años los actores Raí Bastos y Daniel Barcelos protagonizaron una escena similar en la miniserie "Mãe de Santo" de la ya desaparecida TV Manchete. En otras palabras, quienes afirman que fue el primer beso gay en la televisión brasileña están más de dos décadas atrasados.
Sin embargo, debemos considerar que, entre tantas escenas filmadas y editadas, este es el primer beso gay transmitido en horario estelar por la mayor cadena de televisión de Brasil. Si bien se emitió en una de las últimas escenas del episodio final de la telenovela, minimizando así su impacto posterior, representa un avance.
Los medios de comunicación tienen la capacidad de dar sentido a la realidad. Por un lado, se apropian del pasado y del presente, reconstruyendo escenarios aparentemente reales. En este caso concreto (no solo el beso, sino también los diversos contenidos relacionados con la homosexualidad), la visibilidad que se promueve hace que mucha gente piense en algo que a menudo se olvida: que las personas homosexuales existen. Más aún, fomenta la humanización, creando puentes de empatía y sentando las bases para un trato igualitario (siempre teniendo en cuenta la igualdad en la diferencia).
Por otro lado, la afirmación de los valores también está en juego. Un medio como la televisión, incluso con el espacio que ha ido conquistando internet, sigue desempeñando un papel decisivo en nuestra vida cotidiana: el de cuestionar opiniones, dictar tendencias y guiar el futuro.
En este punto, enseguida recurren a la máxima: "Si la televisión influye de esta manera, después de este beso todo el mundo querrá ser gay". Contrarrestando un cliché con otro, resulta interesante considerar que no existe ningún registro en nuestra sociedad de una persona gay que se haya vuelto heterosexual después de ver un beso entre un hombre y una mujer.
En tiempos de figuras como Malafaia y Feliciano, es importante comprender este momento como el resultado de una serie de logros en materia de libertades individuales y democracia. No se trata de defender a un sector de la sociedad. Hablamos del derecho de TODAS las personas a entrar y salir, a elegir a sus parejas y a estar representadas simbólicamente en la sociedad en su conjunto.
Ya sea por amor, amistad o cortesía, la referencia a un beso siempre implica afecto. ¡Que haya muchos más besos: gays, bisexuales, heterosexuales, trans, intersexuales, pre-, post-, ultra-, hiper-...! ¡Al fin y al cabo, la familia brasileña está lista para el amor, ¿no?!
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.
