Racismo institucional
Quien rechaza la política se rechaza a sí mismo. Las personas negras deben tomar conciencia política para reclamar sus derechos.
No basta con ser negro; es necesario comprender lo que eso implica. Se deriva de la construcción social de cómo se forma a las personas negras y se moldea su imagen, basada en conceptos obsoletos y esclavistas. La resistencia al exterminio de las personas negras es una lucha que ha existido desde la época de la esclavitud. Las personas negras no son libres; están atrapadas en construcciones y concepciones de sí mismas que se les han impuesto. Viven prisioneras de la imagen que les fue dada, no de la que realmente son.
Nuestro silencio ante el problema se ha convertido en estupidez. La violencia contra las personas negras ha dejado de ser impactante, para convertirse en algo común, cotidiano, integrado y arraigado en nuestra sociedad, como un tumor canceroso que se extiende en un hombre enfermo. Y como cualquier tumor, debe ser cortado de raíz, extirpado quirúrgicamente por las instituciones sociales, aquellas que optan por cerrar los ojos porque la realidad se ha vuelto demasiado fea para verla. Así como en Europa, durante la Alemania nazi, existían los famosos "colaboradores" de un sistema racista, hoy también existen estos mismos colaboradores, que niegan la evidencia clara de un genocidio negro real y continuo.
En un país con yacimientos de oro y montañas, donde la población sigue viviendo como sirvienta. Su amo es la brutalidad, la corruptibilidad y las malas influencias; todo esto lleva al joven negro de la favela a sucumbir a su entorno y a entrar en el narcotráfico. Es imposible afirmar que el racismo institucional no existe, ya que las propias instituciones trabajan con todas sus fuerzas para mantener este sistema tan desigual e incivilizado.
Tenemos una sociedad dividida en dos bandos. Por un lado, están quienes son lacayos, colaboradores de este sistema que quieren seguir perpetuando el racismo institucional, y por el otro, quienes buscan liberarse de los caminos trazados.
El único camino que queda es colaborar con el racismo y la opresión popular. En resumen, si no enfrentamos esta forma de abuso, seguiremos sufriendo abusos. Esta represión asfixiante resulta agotadora para la población, que, desesperanzada, acepta esta lamentable realidad a falta de otras opciones.
Un claro ejemplo de esta misma represión es nuestro sistema penitenciario, que se centra principalmente en castigar en lugar de corregir al individuo, lo que lo motiva a reincidir. Al mezclar a presos condenados por delitos menores y graves, se crean modelos sociales deteriorados que moldean al joven recluso, quien, influenciado por su entorno, a menudo absorberá la mayor cantidad posible de esta información dañina.
La idea de que las personas negras no son cultas ni educadas no es un prejuicio, sino una realidad que debemos combatir. También debemos combatir la idea de que las personas negras no son políticas, una idea que contradice su propia naturaleza. La política ha alcanzado un nivel casi religioso para la humanidad y su conducta.
Quien rechaza la política se rechaza a sí mismo. Las personas negras deben tomar conciencia política para reclamar sus derechos. Tal como sucede en Estados Unidos, donde hay movilización popular, la demanda de derechos civiles, de derechos humanos básicos que deberían ser otorgados a todos los ciudadanos, para evitar que las personas negras lleguen a este punto de alienación irreversible.
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.
