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Eduardo Guimaraes

Eduardo Guimarães es responsable del Blog de Ciudadanía

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La ONU demuestra que el golpe de Estado dejó al país en quiebra.

A partir de 2016, la desigualdad se disparó en Brasil. Empeoró con Bolsonaro, aunque disminuyó ligeramente el año pasado gracias al derrochador gasto que promovió durante su campaña electoral.

La presidenta Dilma Rousseff en la tribuna del Senado durante el golpe de 2016 (Foto: Marcos Oliveira/Agência Senado)

Suiza lidera el Índice de Desarrollo Humano calculado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) con 0,962. Le siguen Noruega (0,961), Islandia (0,959), Hong Kong (0,952) y Australia (0,951).

Brasil ha descendido tres posiciones en el Índice de Desarrollo Humano de la ONU en el estudio publicado este año para el período 2021-2022. Este índice se compone de esperanza de vida al nacer, educación e ingresos. Anteriormente ocupaba el puesto 84, ahora ocupa el puesto 87 en la lista de 191 países analizados por el PNUD. 

Si crees que esto es malo, va a empeorar. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) publicó su Informe Bianual sobre Desarrollo Humano (IDH) en marzo de 2017, y Brasil se mantuvo en el puesto 79 de la clasificación, que va del más desarrollado al menos desarrollado. Ese informe se elaboró ​​en 2016 y se basó en datos de 2015.

Desde 2016, Brasil se ha estancado en el puesto 79 y dejó de mejorar en 2014, el año posterior a las protestas de 2013 que revitalizaron la extrema derecha en Brasil. Pero mientras los "errores de junio de 2013" paralizaron el IDH, el gobierno de Michel Temer, que surgió tras atacar a Dilma durante esas protestas, comenzó a revertir toda la justicia social lograda desde 2003, mejorando el IDH de Brasil año tras año desde entonces. 

Brasil ha perdido unas increíbles OCHO posiciones en el ranking de desarrollo humano gracias, primero, a junio de 2013; segundo, gracias a Temer; y tercero y más dramáticamente, gracias a Bolsonaro.

Temer puso fin a la Consolidación de las Leyes Laborales (CLT) y legalizó el subempleo en el país mediante, por ejemplo, el trabajo intermitente. Y Bolsonaro culminó la tarea con su primera medida provisional, el 2 de enero de 2019, que extinguió el Ministerio de Trabajo y provocó la explosión del trabajo esclavo en Brasil.

Podría decirse que el propio pueblo brasileño se puso la soga al cuello. Claro que el 1% más rico se benefició enormemente durante todo el período, como lo demuestra un estudio de economistas de Insper, que indica que la disparidad en la distribución de recursos en el país disminuyó de forma constante entre 2002 y 2015, para luego volver a aumentar en 2016 y 2017.

Los cálculos indican que el Índice de Gini de Brasil, calculado por el PNUD y el Banco Mundial, disminuyó de 0,583 a 0,547 entre 2003 y 2016, es decir, durante los gobiernos de Lula y Dilma. Según economistas, este resultado corresponde a 16 millones de personas que salieron de la pobreza durante ese período.

Cabe destacar que, a partir de 2016 (año del impeachment contra Dilma Rousseff), la desigualdad se disparó en Brasil. Y empeoró con Bolsonaro, disminuyendo ligeramente el año pasado gracias al derrochador gasto que promovió en su intento de reelección. 

¿La conclusión? Es que las decisiones tomadas por esta nación entre 2013 y 2019 arruinaron a casi todos los brasileños y solo beneficiaron al 1% más rico de la población, quienes, tras el impeachment, ganaron, hasta 2022, 32,5 veces más que el 50% más pobre. 

*Esta serie se basa en la investigación "La desigualdad en América Latina revisitada: perspectivas desde las cuentas nacionales distributivas" de Mauricio De Rosa, Ignacio Flores y Marc Morgan, publicada en 2020.

**Esta serie se basa en el trabajo “Desigualdad extrema y persistente: nueva evidencia para Brasil combinando cuentas nacionales, encuestas y datos fiscales, 2001-2015”, de Marc Morgan, publicado en 2017.**

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.