Otro escándalo en un gobierno escandaloso.
"Incluso podrían sacar a Milton Ribeiro del destrozado Ministerio de Educación. Pero el escenario seguirá siendo el mismo, al menos hasta el 1 de este año", escribe Eric Nepomuceno.
Por Eric Nepomuceno, para el Periodistas por la democracia
En un país normal y en tiempos normales, el ministro de Educación, pastor Milton Ribeiro, estaría en la cárcel y el presidente sería citado por las autoridades correspondientes para al menos dar explicaciones.
Pero desde hace mucho tiempo —al menos desde el golpe institucional que derrocó a Dilma Rousseff—, Brasil dejó de ser un país normal. Y bajo el gobierno de Jair Messias, la situación se está volviendo cada vez más anormal.
Dos reportajes periodísticos –uno en Estadão y otro en Folha– dejaron clara la existencia de una "oficina paralela" en el Ministerio de Educación, uno de los blancos preferidos del afán destructivo de Jair Messias y su banda.
Este supuesto "gabinete" está compuesto por un puñado de mercaderes de la fe y la miseria ajena, los autoproclamados "pastores evangélicos". Y son ellos quienes, sin ocupar ningún cargo en el gobierno encabezado por el peor y más despreciable presidente de la historia, negocian con los alcaldes la liberación de fondos federales.
La otra revelación es absolutamente impactante: el ministro Ribeiro trata con especial deferencia a dos de estos mercaderes de la miseria, los "pastores" Gilmar Santos y Arilton Moura. La razón de esta atención preferencial es simple: sigue instrucciones de Jair Messias.
Ambos señalan a los alcaldes que recibirán fondos públicos. En otras palabras, el anuncio de Jair Messias a quienes se aprovechan de la fe ajena está funcionando: su gobierno cumple lo que piden y defiende.
Una de las mentiras más repetidas por Jair Messias y sus seguidores más fanáticos, especialmente aquellos acorralados en la pocilga del Palacio de la Alvorada, es que no hay corrupción en este gobierno.
Para reflejar la realidad, es necesaria una aclaración: no hay poca corrupción. Hay mucha, por todas partes, empezando por los sobornos que el trío de descendientes presidenciales recibió de su padre. ¿Puede alguien justificar los bienes de los tres, que son completamente incompatibles con lo que declaran ganar?
También tenemos el presupuesto secreto, puesto en manos del corrupto Arthur Lira y otras figuras destacadas del Centrão, cuya honestidad es implacable. El resultado: nadie, excepto ellos, sabe qué ocurre con cientos de millones de reales.
Ricardo Salles fue acusado por el Supremo Tribunal Federal por tráfico ilegal de madera. ¿Corrupto? No, no: bien intencionado.
En resumen: es solo otro escándalo en un gobierno escandaloso. Y lo realmente duro es saber, y ver, que no se hará nada al respecto.
Incluso podrían destituir a Milton Ribeiro del destrozado Ministerio de Educación. Pero el panorama seguirá siendo el mismo, al menos hasta el primer día del año que viene, cuando quien gane las elecciones de octubre asuma el cargo.
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.
