Paralelismo entre el golpe militar y el ajuste fiscal neoliberal
"Para acumular se necesita la fuerza militar para lograrlo"
La democracia y el neoliberalismo son dos males que no se besan.
En la historia del capitalismo periférico, subdesarrollado y dependiente latinoamericano, existe un paralelo permanente entre el autoritarismo político-militar y el ajuste macroeconómico neoliberal.
No hay ajuste neoliberal, de carácter esencialmente antisocial, compatible con la democracia en su plenitud.
Los regímenes políticos autoritarios son prueba de este hecho histórico, repetido con insistencia, hipótesis que solo se descarta cuando fracasan estrepitosamente, como ocurrió en 2022.
Los militares intentaron bloquear la victoria democrática del presidente Lula, pero esta vez no contaban con la correlación de fuerzas políticas de su lado, como ocurrió en 1964, dado el apoyo de Washington.
Para imponer el modelo neoliberal que defiende y practica Faria Lima, con el fin de garantizar ganancias exorbitantes, vía altas tasas de interés, bajo un Congreso comprado con enmiendas parlamentarias millonarias, es necesario frenar los avances democráticos.
La democracia proporciona un espíritu crítico que favorece la democratización del poder político, en el proceso de lucha de clases.
El pueblo, la clase trabajadora organizada, raíz primera del poder democrático, revierte lo que no le conviene, por ejemplo, el antisocial ajuste fiscal neoliberal que le perjudica.
Sólo los golpes antidemocráticos impiden su triunfo político.
Son ellos, a través del fascismo, como ocurrió en la era Bolsonaro, quienes garantizan los recortes del gasto social, responsables de distribuir la renta y promover el desarrollo sostenible.
Mediante la fuerza y el control antidemocrático de las instituciones, garantizan lo que interesa a la burguesía: un gasto financiero desproporcionado, que financia la deuda pública mediante tipos de interés elevados, responsables de la sobreconcentración del ingreso y de la promoción de la desigualdad social.
El gasto financiero, desproporcionado al gasto social, sólo es posible si se obstaculizan los derechos democráticos mediante reformas neoliberales.
Para ello no es la fuerza de la ley, sino la ley de la fuerza.
Esta fuerza antidemocrática y antisocial sólo se realiza a través de la fuerza militar, históricamente puesta al servicio no del trabajo, sino del capital.
EL ESTADO ES CAPITAL
El ajuste fiscal neoliberal es la expresión de la fuerza del capital que subsidia la fuerza militar para protegerlo, en el sentido de que, en el capitalismo, el Estado es, fundamentalmente, capital, poder sobre las cosas y las personas.
El poder militar garantiza el derecho de la fuerza a ejercer la explotación de los trabajadores a través de la plusvalía.
Esta explotación, configurada en la superestructura legal que controla la infraestructura económica, en última instancia produce tensiones revolucionarias contra los capitalistas explotadores, como demuestra la historia.
El poder militar, de esta manera, está llamado a reprimir y, en consecuencia, anular la fuerza de los derechos de los trabajadores, conquistados institucionalmente mediante la lucha político-ideológica.
El golpe contra la democracia, que los militares intentaron contra Lula en 2022, es la expresión de la fuerza del capital, que utiliza la fuerza militar para garantizar el proceso de acumulación en el modo de producción capitalista.
Los golpistas, que intentaron derrocar al presidente Lula y luego matarlo, trabajaban para el capital contra el trabajo, para garantizar sus intereses frente a los derechos de los trabajadores.
La destrucción de los derechos laborales, para detonar el legado de Vargas, es un ejemplo histórico en este sentido.
VISIÓN MARXISTA
Desde el punto de vista de la economía política marxista, ésta es la explicación básica, anclada en la lógica del materialismo histórico dialéctico.
Exponer esta lógica del capital, que para acumular es necesaria la fuerza militar para lograrlo, es la tarea histórica de los marxistas.
La crítica marxista de la economía política perturba a la burguesía y a toda la infraestructura económica y la superestructura jurídica que la sustenta.
Los marxistas, que mediante un estudio sistemático dominan ideológicamente el materialismo histórico y dialéctico, son por tanto las piedras afiladas en el zapato de la burguesía.
No es de extrañar que los sirvientes del capital, que se sienten incómodos con la crítica dialéctica marxista, busquen anular y, más aún, perseguir políticamente al marxismo y a los marxistas cuando se ven atrapados en sus contradicciones.
Los liberales y neoliberales, enredados en contradicciones que exponen sus debilidades ideológicas, reaccionan violentamente cuando se considera el comunismo, una ideología expuesta en manifiesto Comunista de 1847/48, escrita por Marx y Engels, nociva y destructiva para la desorganización capitalista y su anárquico proceso de producción, desde los fundamentos de su esencia, sustentada en la propiedad privada.
La propiedad comunal, socialista, opuesta a la propiedad privada, es, para los privatistas, el mismo demonio que necesita ser exterminado, para preservar los supuestos ideológicos y los preceptos morales construidos sobre el concepto de propiedad privada.
Su exclusivismo es el fundamento de la constitución moral del egoísmo, el amor propio, la codicia y el individualismo que sustentan el modo de producción burgués.
La burguesía, por tanto, se siente amenazada por la radicalización socialdemócrata que se está gestando en la lucha política de los trabajadores en relación al ajuste fiscal neoliberal.
DIALÉCTICA DEL TRABAJO X AJUSTE FISCAL NEOLIBERAL
La lógica social intrínseca a la resistencia de los trabajadores contra la explotación materializada por el ajuste fiscal neoliberal, impuesto por el capital, representa el impulso democrático popular contra el cual el sistema capitalista, estructuralmente, reacciona, recurriendo a la fuerza militar para protegerlo.
Objetivamente, se trata de proteger los intereses del capital, amenazados por el trabajo sobreexplotado a través de la plusvalía, cuya intensidad creciente en el proceso de acumulación capitalista resulta incompatible con la democracia.
El General Braga Netto es la fuerza ciega del capital que lucha persistentemente contra el proceso democrático, para garantizar, mediante golpes militares, el modo de producción burgués, cuya lógica es la sobreacumulación permanente de capital que explota al trabajador, para impedir el avance del socialismo.
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.
