Ya era hora: el acoso sexual en el sector público conllevará despido.
"El acoso es una práctica habitual en el servicio público", denuncia Tereza Cruvinel.
El año pasado, los repetidos casos de acoso sexual perpetrados por el expresidente de CEF (Caixa Econômica Federal), Pedro Guimarães, provocaron uno de los escándalos del gobierno de Bolsonaro. Sin embargo, el acoso es una práctica habitual en la función pública y, lo que es peor, el castigo, cuando ocurre, siempre es leve. Ahora, según un dictamen del Procurador General de la Unión, Jorge Messias, la pena será el despido.
El dictamen fue aprobado ayer (4 de septiembre) por el presidente Lula, en un evento en el que estuvieron presentes Messias y las ministras Cida Gonçalves (Mujer) y Esther Dweck (Gestión).
El Régimen Jurídico Unificado para los Servidores Públicos no considera el acoso sexual en el lugar de trabajo como una falta disciplinaria sancionable por ley. A medida que aumentaban las denuncias, gracias a la audacia de las mujeres, que casi siempre son las víctimas (nunca he sabido de un hombre acosado), los directivos improvisaron, aplicando sanciones casi siempre leves, como amonestaciones o anotaciones negativas en el expediente del empleado. En la mayoría de los casos, los casos se silenciaron.
El dictamen vinculante presentado por Jorge Messias cubre el vacío y tiene un impacto general en toda la administración pública federal. Ahora, la sanción deberá ser el despido, siempre que se compruebe el acoso, naturalmente.
Sigue la presión para que Lula elija a una mujer negra para el Supremo Tribunal Federal, pero ayer tenía previsto conversar con Messias, una de las candidatas. Y hoy tiene previsto hablar con el ministro del TCU (Tribunal de Cuentas de la Unión), Bruno Dantas, otro nombre que se baraja, así como con el ministro de Justicia, Flávio Dino. Con su opinión, Messias se gana el apoyo de las mujeres.
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.
