La encuesta "Sin Lula" es fraudulenta.
Una gran parte de los votantes de Lula podrán identificar a su sustituto mediante publicidad política gratuita y eventos públicos, si no lo han hecho ya simplemente por las repercusiones del veto del TSE. La descalificación de su candidatura nunca resultará en la ausencia total del mayor activo político de la campaña. "Sin Lula" es una premisa vacía.
El énfasis que la última encuesta de Datafolha dio a la viabilidad de Marina Silva fue malintencionado. El instituto no se molestó en medir el posible comportamiento del electorado en los escenarios más probables. El 47% que podría votar por la candidata elegida por Lula desapareció al incluir a otros miembros del PT, abriendo una enorme brecha en el conjunto probabilístico.
Esta disparidad se debe a un problema metodológico: simplemente se omite el posible apoyo de Lula a los candidatos del Partido de los Trabajadores incluidos en los escenarios alternativos. El entrevistado solo ve una lista de candidatos en cada situación. Al no haber otro estímulo en esta ronda, las puntuaciones dependen del grado de reconocimiento de nombres y rostros. Y, por supuesto, Marina supera a cualquier candidato que la apoya.
Pero una gran parte de los votantes de Lula podrán identificar a su sustituto mediante publicidad gratuita y eventos públicos, si no lo han hecho ya simplemente por las repercusiones del veto del TSE. La descalificación de su candidatura nunca resultará en la ausencia total del mayor activo político de la campaña. "Sin Lula" es una premisa vacía.
En resumen, Datafolha no solo infló las posibilidades de Marina, sino que también forjó el escenario idealizado por el Régimen Judicial Excepcional. Minimizó el alcance del movimiento político de Lula y selló unas elecciones libres de elementos que pudieran perjudicar al candidato o desagradar a los tribunales soberanos. Ocultó la verdadera noticia.
Al comparar los mismos datos con una influencia plausible de Lula (la mitad del potencial medido), podemos imaginar a un candidato del Partido de los Trabajadores liderando, ligeramente por delante de Jair Bolsonaro, mientras que Ciro Gomes y Marina Silva comparten el tercer puesto, diez puntos por detrás. Esto no es lo que Datafolha pretendía mostrar, pero sí lo que sugieren sus cifras parciales.
El resultado suena particularmente mal para Ciro. La encuesta muestra que ni siquiera la neutralización artificial de Lula favorece al candidato del PDT, lo que complica sus aspiraciones de ser el unificador automático de la izquierda. Pero también le perjudica el silencio en torno al posible apoyo de Lula, suficiente para eliminar a Marina de la segunda vuelta (y de los titulares).
La principal consecuencia de esta omisión es precisamente negar al PT (Partido de los Trabajadores) una amplia base de información para orientar sus estrategias. El instituto se niega a permitirle al partido las pruebas que realizaría con candidatos conservadores si tuvieran un aliado fuerte impedido de presentarse. Pero sí proporciona pistas sobre el electorado que los sectores anti-PT se disputarán en la etapa inicial.
El problema es que intentar minimizar estadísticamente la fuerza del movimiento político de Lula implica reconocerla de antemano. Si Datafolha tuviera alguna duda sobre la viabilidad de los planes del PT, sometería a sus candidatos a todas las pruebas posibles. No lo hace porque conozca la respuesta, como quien ignora un hecho consumado para aclarar las incertidumbres restantes.
Si el instituto considera irreversibles las posibilidades del Partido de los Trabajadores en la primera vuelta y anticipa la derrota de Bolsonaro en favor del voto estratégico en la segunda, el favoritismo mostrado hacia Marina adquiere un cariz curioso. Al afirmar que ella es la única alternativa entre la derecha moderada y el espectro reaccionario, Datafolha anticipa un enfrentamiento entre ambos. Después de todo, solo hay una vacante inmediata por cubrir.
Todo indica, por lo tanto, que la exposición excesiva y prematura del candidato constituye un laboratorio destinado a polarizar decisivamente la campaña. Con Lula, directa o indirectamente, y sin Bolsonaro. Un escenario opuesto al que sirve de base a Datafolha, que revela que su postura pro-Bolsonaro, como de costumbre, es mucho menos ingenua de lo que parece.
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.

