¡Un plebiscito es inevitable!
Con un historial de corrupción como el de Cunha, Temer no es la respuesta que anhela el pueblo brasileño. No representa un pacto entre las fuerzas políticas y sociales, y mucho menos el fin de la corrupción. La decisión debe ser tomada por todos los brasileños mediante una consulta popular.
La destitución de Eduardo Cunha, por decisión unánime del Supremo Tribunal Federal (STF), refuerza las sospechas sobre las acciones fraudulentas del Presidente de la Cámara de Diputados. Todos los actos ordenados por el líder golpista, incluida la sesión que aprobó la destitución de un presidente honesto, deben ser anulados por estar motivados por un afán de venganza.
El chantaje y las amenazas contra parlamentarios marcaron la administración de Cunha; está acusado ante la Corte Suprema por cargos de corrupción pasiva y lavado de dinero. Brasil sabe que la principal represalia de Cunha consistió en maniobras para garantizar el golpe, dado que Dilma Rousseff se negó a defender este mandato corrupto. La conspiración se orquestó en complicidad con el vicepresidente de la República, Michel Temer, el principal beneficiario. La sórdida trama quedó aún más clara con el pronunciamiento de la Corte Suprema esta semana.
La trama avanzó aún más con la aprobación del proceso de destitución en la Comisión Especial del Senado este viernes (6). El ponente, el senador Antonio Anastasia (PSDB-MG), pertenece al mismo partido que pagó R$ 45 a Janaína Paschoal y Hélio Bicudo para que elaboraran un informe favorable al golpe. Cabe mencionar que los miembros del PSDB se oponen firmemente al gobierno de Dilma. Esta falta de seriedad e imparcialidad en un caso de suma importancia para los brasileños es inaceptable.
Ante el agravamiento de las crisis económica y política y la falta de soluciones rápidas y viables, cobra fuerza la idea de elaborar colectivamente una propuesta de plebiscito para consultar a la población en octubre sobre el rumbo a seguir. ¿Es la solución adelantar las elecciones presidenciales o no? El futuro del país lo debe decidir el electorado.
Al igual que Cunha, Temer, con su historial cuestionable, no es la respuesta que anhela el pueblo brasileño. No representa un pacto entre las fuerzas políticas y sociales, y mucho menos la erradicación de la corrupción. Condenado por el Tribunal Regional Electoral (TRE-SP), el vicepresidente ha sido inhabilitado para el cargo durante ocho años. Está lejos de ser el nombre que una a la nación. Por lo tanto, la decisión debe ser tomada por todos los brasileños mediante una consulta popular. Es hora de que construyamos juntos la mejor alternativa.
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.
