Polianas
Publicada en 1913, la novela Pollyanna se hizo famosa por ensalzar el optimismo como el principio moral y emocional de la acción humana.
Publicada en 1913, la novela Pollyanna, El libro de la autora estadounidense Eleanor H. Porter es una obra literaria dedicada al público infantil y juvenil que se ha hecho famosa por ensalzar el optimismo como principio moral y emocional de la acción humana.
Pollyanna Whittier, una niña huérfana que va a vivir con su tía Polly Harrington, una mujer rígida, severa y moralmente cerrada, practica el "juego alegre", una estrategia que le enseñó su padre, cuyo objetivo es encontrar algo positivo en cualquier situación, por difícil que sea.
El libro se estructura como una sucesión de encuentros donde el optimismo del protagonista actúa como una fuerza transformadora, mitigando el dolor, el resentimiento y el conflicto. Con un lenguaje sencillo y afectuoso, la narrativa prioriza situaciones morales ejemplares, reforzando valores como la bondad, la empatía y la resignación ante el sufrimiento.
Sin embargo, al considerar la novela mencionada desde una perspectiva más reflexiva y crítica, uno podría preguntarse si el optimismo irrestricto que se presenta en la obra tiende a minimizar la realidad concreta con sus conflictos sociales, económicos, psicológicos y estructurales, sugiriendo que una actitud interna es todo lo que se necesita para resolver cualquier problema profundo.
El término se originó a partir de esta perspectiva crítica sobre la lectura del libro. Pollyannaismo, Hoy en día se utiliza para describir una actitud ingenua o incluso hipócrita hacia la realidad.
El síndrome de Pollyanna, término adoptado por algunos autores en la ciencia política y utilizado simbólicamente, designa una postura ideológica marcada por un optimismo obligatorio que aleja al individuo –tanto personal como colectivo– de la realidad concreta, histórica y contradictoria.
Este síndrome se niega a reconocer el conflicto social y la injusticia, reinterpretando el dolor no como consecuencia de causalidades concretas, sino como una “prueba” o una “lección” a adquirir, enmarcando las contradicciones y los sufrimientos de la vida real como “mala energía” o “falta de fe”, o como una “cruz personal a abrazar”, como lo sugieren las teologías cristianas neopentecostales de la prosperidad (tradición protestante) o carismáticas (tradición católica) del tiempo actual.
En este ambiente teológico-espiritual, el creyente es entrenado para abstraer la realidad de sus condicionantes materiales, ignorando la influencia de las estructuras sociales –clase, poder, dinero, medios de comunicación, violencia, pobreza, dominación, colonialismo, imperialismo– en la determinación de la realidad, e individualizando problemas que tienen raíces en estructuras y circunstancias colectivas.
En estas teologías superficiales, que se niegan a adentrarse en aguas más profundas, la riqueza material es una señal visible de la bendición divina; por el contrario, la pobreza es señal de fracaso espiritual o moral. El éxito material es una prueba concreta de la fe en Dios. De ahí la importancia del diezmo, que funciona como una especie de semilla en tierra divina, donde la lógica capitalista se sacraliza y jamás se cuestiona.
El conflicto se percibe como una "falta de amor", una "falta de espiritualidad" y una "falta de pensamiento positivo". Tales comportamientos y formas de pensar deslegitiman la crítica, la protesta, la indignación y la lucha organizada y colectiva por la transformación de la realidad.
A través de la lente del pensamiento marxista (Karl Marx, 1818-1883), el optimismo obligatorio del Pollyannaismo desplaza la causa del sufrimiento en el sistema capitalista al individuo, reemplazando la conciencia de clase por la autoayuda (la explosión de prescripciones de coaching no es coincidencia), neutralizando el conflicto social en nombre de la armonía, la unidad y la paz.
Para el filósofo alemán, la alienación no es simple ignorancia, sino una conciencia moldeada para no ver; es la pérdida del mundo real en favor de un mundo idealizado, en el que las ideologías cómodas contribuyen a mantener dicha ilusión. Estas ideologías funcionan como un velo que naturaliza la explotación capitalista, presentándola como algo natural en lugar de una creación histórica, contribuyendo así al proceso de ausencia de conciencia crítica.
Y como nos recuerda el educador pernambucano Paulo Freire (1921-1997), la superación de la alienación no ocurre a través de un pensamiento optimista asociado al cambio individual aislado, sino a través de un proceso colectivo de acción-reflexión (Praxis) que reconozca el conflicto y las contradicciones concretas de la vida colectiva, en búsqueda de transformaciones liberadoras de las opresiones históricas impuestas.
El neopentecostalismo y los movimientos carismáticos, cuando se centran en el optimismo obligatorio, funcionan como expresiones del síndrome de Pollyanna: alimentan un emocionalismo que impide la crítica; desarrollan un tipo de esperanza que inhibe la acción colectiva en la búsqueda de la transformación de la realidad; cultivan una fe que consuela, para que nada cambie.
En estos casos, el síndrome de Pollyanna produce conformismo, despolitiza el sufrimiento justificando las desigualdades –“cada uno atrae lo que vibra”–, sirviendo para mantener el statu quo. statu quo de dominación grupal. La religión deja de ser una denuncia del mundo injusto ("¡Ay de los ricos!") y se convierte en un anestésico funcional para el sistema de explotación. Fray Bartolomé de Las Casas, en su libro "Paraíso Destruido: Brevísima Relación de la Destrucción de las Indias", denunció las atrocidades cotidianas perpetradas por los invasores cristianos españoles desde el siglo XVI en adelante. Los españoles, con sus caballos, espadas y lanzas, comenzaron a practicar crueldades: entraron en las aldeas, sin perdonar ni a niños ni a ancianos, ni a mujeres embarazadas ni a quienes estaban de parto, y les abrieron el vientre y los despedazaron como si fueran corderos encerrados en su redil. Arrebataron a los niños del pecho de sus madres y les frotaron la cabeza contra las rocas, mientras otros los arrojaban al agua de los arroyos, riendo y burlándose; otros, más furiosos, pasaron a cuchillo a madres e hijos. (LAS CASAS, Frei Bartolomé de. PARAÍSO DESTRUIDO: Un relato muy breve de la destrucción de las Indias. 3ª edición. Porto Alegre: L&PM, 1985).
¿Qué diría Poliana ante este inmenso terror?
Actualmente, las Pollyannas brasileñas en el Senado Federal olvidaron el reciente duelo nacional por las 700 mil muertes de brasileños y brasileñas, debido a la negligencia, desvergüenza y burla del entonces Presidente de la República, jefe de la banda condenada en el STF por el intento de golpe de Estado contra la Democracia Brasileña, concediéndole, el pasado miércoles (17), una infame dosianistia.
¿Qué podría haber detrás de tanta idiotez?
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.


