política anticorrupción
La corrupción también menoscaba la competitividad del país y de sus empresas. El entorno jurídico e institucional es un indicador que tienen en cuenta los inversores económicos internacionales.
A partir de febrero, no solo los funcionarios públicos podrán ser sancionados por corrupción. Entra en vigor una ley que penaliza a las empresas corruptas (12.846/13), la cual permite a los funcionarios públicos imponer multas de hasta el 20% de los ingresos brutos de las empresas por sobornar a funcionarios públicos, financiar delitos, utilizar testaferros para obtener beneficios o amañar licitaciones.
Pero para cerrar la red legal contra la corrupción, aún necesitamos mejorar el mandato constitucional. Los 250 artículos de la Constitución Federal y los otros 97 artículos de la Ley de Disposiciones Constitucionales Transitorias solo contienen una disposición con el término «corrupción».
Por este motivo, presenté la Propuesta de Enmienda Constitucional que crea el Consejo Nacional de Lucha contra la Corrupción (PEC No. 362/2013). Según la propuesta, el consejo será responsable de supervisar las entidades de la administración directa e indirecta de la Unión, los Estados, el Distrito Federal y los municipios, dentro del ámbito de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial.
El Consejo será un órgano independiente, superior a los poderes y gobiernos, integrado por la sociedad civil y agentes públicos comprometidos con la lucha contra la corrupción. Entre sus funciones, será responsable de desarrollar mecanismos para prevenir, detectar, sancionar y erradicar las prácticas corruptas en el país, así como de establecer estrategias para combatir la impunidad.
Un estudio realizado por la organización no gubernamental Transparencia Internacional, titulado Índice de Percepción de la Corrupción 2013, sitúa a Brasil en el puesto 72 del ranking mundial de corrupción entre 177 países evaluados. En esta edición, Brasil obtuvo una puntuación de 42, en una escala de cero (el país más corrupto) a 100 (el menos corrupto). En 2012, el país ocupaba el puesto 69.
En consecuencia, existe un gran descontento entre la población brasileña, que exige la correcta aplicación de los fondos públicos, el fin de la impunidad y una representación política ética y moral. Entidades que supervisan la moral pública indican que Brasil pierde entre 40 y 69 millones de reales anuales debido a la corrupción. La corrupción también socava la competitividad del país y de sus empresas. El marco jurídico e institucional es un indicador que consideran los inversores económicos internacionales.
Por lo tanto, necesitamos un gran esfuerzo de la ciudadanía brasileña y del Estado para desterrar la imagen de que la corrupción es una tradición en el país. Y no hay nada mejor que establecer un mecanismo independiente de la voluntad del gobernante actual, que dependa de la movilización social para combatir un problema que se propaga como una pandemia y amenaza la credibilidad de las instituciones y del propio sistema democrático.
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.
