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Tiago Oliveira

Es doctor en Desarrollo Económico por la Unicamp y es investigador del CIDEEFF (Centro de Investigación en Derecho Europeo, Económico, Financiero y Fiscal). Entre 2019 y 2021, realizó una estancia postdoctoral en el Centro de Estudios Sociales (CES) de la Universidad de Coímbra.

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Política laboral, de empleo e ingresos en una democracia bajo ataque

El candidato demócrata y progresista, de ganar, enfrentará enormes dilemas y desafíos en materia laboral y de empleo que van más allá del crecimiento económico.

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Por Tiago Oliveira* y Clovis Roberto Scherer**, con la colaboración de ABED-DF

El proceso de ataques a la democracia que comenzó con el impeachment de la presidenta Dilma Rousseff estuvo acompañado de un cambio radical en la dirección y los objetivos de la política pública de trabajo, empleo e ingresos (PPTER) del gobierno federal. En lugar de una política que buscaba conciliar los intereses contrapuestos de empleadores y trabajadores y garantizar cierto nivel de protección social, se implementó otra política, orientada exclusivamente a los intereses empresariales y destinada a eliminar derechos y mecanismos legales que limitaban la mercantilización del trabajo. 

El grupo que tomó el poder tras el impeachment de Dilma Rousseff adoptó los principios de seguridad jurídica y la primacía de los acuerdos negociados sobre la legislación, defendidos por intereses empresariales, e impuso reformas laborales que eliminaron derechos, flexibilizaron las normas laborales, crearon y fomentaron contratos laborales precarios, priorizaron la negociación individual, estrangularon a los sindicatos, obstaculizaron el acceso a los tribunales laborales y permitieron la subcontratación ilimitada. Mientras tanto, la aprobación del Tope al Gasto recortó los recursos financieros para iniciativas de capacitación, intermediación laboral y creación de empleo. 

Estas reformas no se implementaron mediante el diálogo y la negociación necesarios, sino mediante la represión de las manifestaciones populares, una intensa propaganda mediática, las tácticas arrolladoras de la mayoría derechista y acuerdos secretos que incluyeron enmiendas en el Congreso, la concesión de beneficios a grupos de interés y la colaboración de parte del poder judicial. El gobierno de extrema derecha continuó con estos proyectos, con la eliminación del Ministerio de Trabajo, la reforma previsional y la propuesta del contrato laboral "verde y amarillo", que aún no se ha implementado. 

Sin embargo, las medidas no tuvieron los efectos prometidos en el crecimiento económico, la inversión privada, la creación de empleo, la reducción de la informalidad, ni siquiera en las finanzas públicas. Este período deja como legado un mercado laboral precario, un alto desempleo, pobreza y acentuadas desigualdades regionales, de género y raciales. 

Ante el evidente fracaso de esta estrategia, la resistencia social condujo finalmente al rechazo de varios puntos de la reforma previsional propuesta y de las Medidas Provisionales relativas a la tarjeta de trabajo "verde y amarilla", así como al abandono de una nueva ronda de reforma laboral. Ante la pandemia, la sociedad exigió acciones concretas para proteger los ingresos y el empleo, lo que condujo a la creación del Beneficio de Emergencia y la Ayuda de Emergencia. La reacción de la sociedad y de algunas instituciones logró contener la supresión de los derechos laborales y preservar las bases para retomar el camino hacia el trabajo decente para todos. En cuanto al PPTER (Preservación Permanente del Empleo y los Ingresos), la red SINE (Sistema Nacional de Empleo) sigue existiendo bajo un sistema de convenio de fondo a fondo, así como el FAT (Fondo de Asistencia al Trabajador) y el FGTS (Fondo de Garantía de Tiempo de Servicio), la CLT (Consolidación de las Leyes Laborales) y la inspección del trabajo, entre otros.

Sin embargo, quedan aún varias cuestiones complejas sin resolver, y las próximas elecciones definirán el futuro de los PPTER en una contienda entre el proyecto neoliberal que prioriza el capital sobre el trabajo y una alternativa que pretende rescatar un modelo de bienestar social y superar las desigualdades. 

Es fácil imaginar qué ocurrirá si el actual presidente es reelegido. Sin embargo, el candidato demócrata y progresista, de ganar, se enfrentará a enormes dilemas y desafíos en materia laboral y de empleo que van más allá del crecimiento económico y la creación de empleos de calidad para todos. Las restricciones fiscales, por ejemplo, impiden la inversión en formación profesional, mientras que los recursos del "Sistema S" (un sistema de instituciones privadas de formación profesional sin fines de lucro) se aplican exclusivamente a intereses empresariales. Estas restricciones afectan las políticas activas, especialmente las iniciativas de desarrollo económico. La intermediación laboral, a su vez, es limitada, y la imposibilidad de ampliar los servicios abre la puerta a propuestas para su privatización. 

En el próximo periodo de gobierno, al menos cinco temas laborales complejos estarán en la agenda. Primero, la reforma laboral, que probablemente será revisada, cuyo alcance dependerá en gran medida del equilibrio de poder en el Congreso y de la capacidad de presión social. Segundo, en relación con el punto anterior, será necesario definir una forma de financiamiento sindical que permita a los trabajadores mantener sus organizaciones representativas. Tercero, la sociedad espera una reforma tributaria que sea justa con los ingresos laborales y estimule el empleo, además de financiar las políticas públicas y sus fondos (por ejemplo, el Fondo de Asistencia al Trabajador y el Fondo de Indemnización por Cesantía). Cuarto, existe margen para mejorar la integración de las instituciones y políticas de protección laboral, incluyendo el bono salarial, el seguro de desempleo, la indemnización por despido y el Fondo de Indemnización por Cesantía, así como para mejorar la coordinación federal en la ejecución de programas. Quinto, es necesario adaptar la regulación laboral y la protección social a los cambios tecnológicos, abarcando el trabajo en plataformas digitales, el teletrabajo y el trabajo desde casa, entre otros. Sólo con un alto grado de democracia, participación y capacidad de negociación será posible dar respuestas a estas cuestiones que incorporen los legítimos intereses presentes en la sociedad.  

*Tiago Oliveira – Doctor en Desarrollo Económico por la Unicamp e investigador del CIDEEFF (Centro de Investigación en Derecho Europeo, Económico, Financiero y Fiscal). Entre 2019 y 2021, realizó una estancia postdoctoral en el Centro de Estudios Sociales (CES) de la Universidad de Coímbra.

**Clovis Roberto Scherer – Economista, Máster en Estudios de Desarrollo del Instituto Internacional de Estudios Sociales (Países Bajos), e investigador del DIEESE.**

"Los autores agradecen a los miembros de ABED-DF su colaboración."

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.