¿Por qué es aterrador el rearme de Alemania?
El rearme alemán: ¿Seguridad necesaria o riesgo global? En Europa, la guerra vuelve a considerarse una herramienta "aceptable" de política exterior.
El reciente anuncio del rearme acelerado de Alemania ha vuelto a poner en el centro del debate internacional una cuestión que Europa prefirió no retomar: ¿hasta qué punto más armas generan más paz y cuándo empiezan a producir exactamente lo contrario? En el caso alemán, esta cuestión adquiere una relevancia histórica, política y simbólica que ningún otro país europeo posee.
Desde 1945, Alemania ha construido su identidad internacional sobre tres pilares: la moderación militar, el multilateralismo y la primacía de la diplomacia. El país que desencadenó dos guerras mundiales se ha transformado conscientemente en una potencia económica reacia a ejercer el poder militar. Angela Merkel, durante sus largos años de gobierno (2005-2021), ni siquiera permitió que se abordara el tema. Sus dos sucesores, Olaf Scholz (2021-2025) y Friedrich Merz (el actual canciller), se mueven decididamente en la dirección opuesta: desean una Alemania bien armada lo antes posible. El actual rearme rompe, aunque sea parcialmente, este pacto histórico.
La noticia corrió como la pólvora por toda Europa, no solo en círculos gubernamentales y diplomáticos, sino también entre el público en general. Durante siglos, el Bundesadler, símbolo nacional de Alemania, un águila negra que aparece en el escudo de armas nacional alemán, ha representado fuerza, soberanía y continuidad histórica desde el Sacro Imperio Romano Germánico, siendo un símbolo tradicional y oficial del país. Con su pico ganchudo y sus garras claramente visibles, siempre listo para atrapar a su presa, el Bundesadler ha surcado las carreteras europeas como un fantasma siniestro durante siglos.
Por otro lado, la historia tiene un gran peso. La Alemania del siglo XX mostró al mundo cómo el poder militar, combinado con la crisis política y el nacionalismo exacerbado, puede resultar en una catástrofe global. Por lo tanto, cuando Alemania decide rearmarse rápidamente, aparecen algunas señales de advertencia:
Contexto histórico: en Europa se iniciaron dos guerras mundiales, con Alemania jugando un papel protagonista.
Efecto dominó: el rearme alemán podría animar a otros países europeos a hacer lo mismo.
Escalada geopolítica: más armas no significan automáticamente más seguridad; a menudo, significan más tensión.
Normalización de la lógica de la guerra: la guerra vuelve a ser vista como una herramienta “aceptable” de política exterior.
En ese sentido, sí: existe un riesgo para la paz mundial si el rearme queda fuera del control político y diplomático.
Pero ¿por qué Alemania decidió rearmarse ahora? El punto de inflexión fue la invasión rusa de Ucrania en 2022. El entonces canciller Olaf Scholz declaró un Zeitenwende, un "cambio de era". Alemania argumentó entonces que:
Europa no puede depender eternamente de Estados Unidos para su defensa. La OTAN exige una mayor contribución alemana. Un país centroeuropeo no puede tener unas fuerzas armadas simbólicamente débiles. La inversión incluye la modernización de la Bundeswehr (Fuerzas Armadas Alemanas), la adquisición de equipo avanzado y una mayor preparación militar.
Pero ¿constituye este Zeitenwende una ruptura o una adaptación a la nueva realidad del continente? En febrero de 2022, pocos días después de la invasión rusa de Ucrania, el canciller Olaf Scholz declaró en el Parlamento alemán este "cambio de era". El término no era retórico: significaba la creación de un fondo extraordinario de 100 000 millones de euros para modernizar la Bundeswehr y el compromiso de aumentar el gasto militar al nivel requerido por la OTAN.
El argumento oficial es pragmático: la arquitectura de seguridad europea se ha derrumbado; la disuasión ha vuelto a ser necesaria; Europa no puede depender indefinidamente de Estados Unidos. Todo esto es factual. El problema surge cuando la lógica de la emergencia se transforma en la lógica permanente.
Si carreras armamentísticas como esta se extienden también a otros países de la Unión Europea, corremos el riesgo de que se normalice la guerra. Alemania siempre ha sido un freno simbólico para el militarismo europeo. Su rearme tiene un efecto que va más allá de tanques, misiles o aviones de combate: redefine lo que se considera "normal" en el continente.
Cuando Berlín decide invertir masivamente en poder militar, otros países se sienten legitimados para hacer lo mismo; el debate público pasa de la diplomacia a la preparación militar; la guerra deja de ser el "último recurso" y se convierte en una posibilidad estructural.
Este proceso es particularmente peligroso en un escenario internacional marcado por la polarización, el resurgimiento de los nacionalismos y las crisis económicas. La historia europea demuestra que los rearmes rara vez permanecen aislados o con fines puramente defensivos durante mucho tiempo.
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.



