INICIO > blog

Por un sistema público de salud (SUS) que refleje el tamaño de la población brasileña.

Resulta asombroso con qué rapidez el gobierno golpista está vulnerando los derechos sociales con tanta tranquilidad.

Brasilia - El Ministro de Salud, Ricardo Barros, participa de la 25ª Reunión de Evaluación del Programa Nacional de Control de la Malaria y de la 8ª reunión de apoyo municipal para el control de la malaria (Elza Fiuza/Agência Brasil) (Foto: Thiago Henrique Silva)

El desayuno de este martes 17 de mayo trajo consigo noticias desagradables. Después de todo, leer en un periódico importante que el actual titular del —ilegítimo— Ministerio de Salud afirma que el SUS (Sistema Único de Salud) no encaja dentro del Estado brasileño y que tendrá que ser «adaptado» para «encajar» no suele ser tan apetecible como un pan con queso y un café caliente.

Resulta asombroso el rápido avance, con tanta serenidad, del gobierno golpista en materia de derechos sociales. Y no es de extrañar, pues sin necesidad de someterse al escrutinio de los votos en un país donde los pobres aún votan (por ahora), un aire de confianza inunda a quienes siempre quisieron cometer tales atrocidades contra la Constitución de 1988, pero nunca tuvieron la oportunidad. Con el golpe de Estado, la facilidad con la que se puede presentar públicamente una agenda ultraliberal y conservadora es tan grande que incluso ha sorprendido a sus partidarios más recientes.

Para evitar que el entumecimiento provocado por la declaración del ministro ilegítimo Ricardo Barros (PP-PR) nos abrume, es importante respirar hondo y reflexionar un poco. Varios elementos son fundamentales en este proceso:

A) Este proceso no es nuevo, ni ocurre solo en Brasil. Desde la crisis económica de 2008, el mundo aún no ha logrado recuperarse. Así lo afirmó Christine Lagarde, del FMI, quien declaró inequívocamente que el mundo saldría de la crisis sin una recuperación total, entrando en una era de «nueva mediocridad», es decir, un largo período de muy bajo crecimiento en las economías mundiales.[i]Ante este panorama y el despilfarro de billones de dólares en aquel fatídico año de 2008, los mercados de las "manos invisibles" comenzaron a fijar sus codiciosos ojos en los Fondos Públicos, pilares de las políticas de protección social (asistencia, salud, seguridad social) y educación.

B) No es casualidad que en los últimos años, basándose en documentos del propio Banco Mundial, en colaboración con la OMS, haya surgido la propuesta de Cobertura Sanitaria Universal.[ii]En este sentido, los países ya no contarían con sistemas universales y gratuitos como derechos sociales consagrados en sus Constituciones, sino con una combinación de provisión estatal y seguro médico para los pobres y planes privados para quienes pudieran pagarlos. En otras palabras: un sistema de salud segmentado, donde el sector público atendería a los ciudadanos de segunda clase que no tienen recursos, y los ciudadanos con mayores recursos tendrían acceso a planes de salud privados. Esta propuesta se alinea con la nueva narrativa de los mercados, que afirma que los estados ya no tienen dinero para financiar las políticas públicas. Nótese la desfachatez de los mercados, similar a la de nuestro Ministro: después de que se despilfarraran billones de dólares para salvar a bancos y aseguradoras, ahora no queda dinero para sostener el sistema de salud... Curioso, ¿verdad?

C) Existen decenas de artículos de economistas liberales que afirman esta tesis. Samuel Pessoa, en su artículo en la Revista do CEBRAP n102[iii] El artículo titulado “La crisis actual” (escrito en mayo de 2015) argumenta que los desequilibrios actuales se explican también por “el posible agotamiento del pacto social de redemocratización”. Delfim Netto, en su columna semanal en Valor Econômico, ya nos ha brindado varias conclusiones al respecto. La agenda de recortar drásticamente los derechos garantizados en la Constitución de 1988 ha estado en la agenda de estos señores desde hace tiempo. Pero ¿por qué nunca se ha materializado en discursos como el del actual usurpador Ministro de Salud?

D) En Brasil, esta narrativa siempre ha existido, ¡pero jamás ha ganado una sola elección! ¿Por qué? Porque ni siquiera los partidos de derecha (que nunca lo admitieron del todo, a lo sumo autodenominándose de centroderecha) podían negar la realidad de la extrema desigualdad, la pobreza, la miseria, el hambre, la falta de educación y la falta de atención médica que sufren millones de personas. Aunque no les importara esto cuando llegaron al poder, ¡no podían prometer que no lo abordarían en las elecciones! Y si no hacían nada, su supervivencia política también se vería amenazada. A esto se suma que el proceso democrático y el fortalecimiento de la sociedad civil desde la década de 80 significaron que el contexto concreto de la lucha política impulsó a Brasil a avanzar, aunque lentamente, hacia estos derechos. ¡Y es precisamente esto lo que más molesta a los liberales brasileños más auténticos! La democracia brasileña siempre ha sido para ellos un problema, no una solución. Para quien lo dude, recomiendo encarecidamente leer el artículo mencionado anteriormente.

E) Lo más curioso —y asombrosamente curioso— es que estos señores hablan del gasto en políticas públicas como la salud como si fuera una losa para el Estado, ¡pero omiten por completo las verdaderas causas de nuestros desequilibrios fiscales! Omiten por completo que las tasas de interés exorbitantes consumen una porción del presupuesto público muchísimo mayor que la que se gasta en salud, en los tres niveles de gobierno. Omiten que el sistema tributario regresivo y extremadamente injusto de Brasil es una de las principales causas de desigualdad. Omiten que las políticas económicas implementadas desde 1988 nunca nos han permitido tener un sistema de salud digno, universal y de calidad. Omiten que su afán por mantener a nuestro país subordinado a los intereses económicos de Estados Unidos y desvincularnos de los BRICS y el Mercosur significa mantenernos como una economía exportadora de materias primas, lo que jamás permitirá que este país desarrolle de forma autónoma su industria, ciencia y tecnología, ¡que podrían generar la riqueza necesaria para superar nuestro histórico subdesarrollo! Ignoran que hace apenas unos años, con el programa Mais Médicos, una parte importante de la población brasileña obtuvo acceso continuo a la atención médica. Ignoran las colas, la falta de medicamentos, las muertes en las unidades de cuidados intensivos, los pacientes con secuelas permanentes por no haber podido tratar su diabetes; ignoran el sufrimiento de millones de brasileños que jamás han tenido un acceso digno a la atención médica. Si aún hay mucho por mejorar, ¿acaso estos señores todavía tienen la osadía de decirnos que hay que reducir el SUS (Sistema Único de Salud) brasileño?

F) Es necesario identificar claramente a los integrantes de la masa: los golpistas persiguen con tanto ahínco su causa porque solo mediante este golpe podrían avanzar con tal determinación para enterrar los derechos de 1988. ¡A esto nos referíamos cuando denunciamos lo que se escondía tras el golpe! Como se puede apreciar en la composición ministerial, este golpe jamás se preocupó por ninguna depuración ética.

G) No, señor Ministro Golpeador. El SUS (Sistema Único de Salud) no se reducirá. ¡Será del tamaño del pueblo brasileño! El SUS es el mayor activo de nuestra frágil democracia, y lucharemos por él con todas nuestras fuerzas. Queremos trasplantes, políticas eficaces contra el VIH/SIDA, salud familiar, más médicos, acceso público y gratuito a medicamentos y tratamientos, ¡y mucho más! ¡Lucharemos contra el cierre de cualquier centro de salud! ¡Lucharemos contra cualquier retroceso! ¡El pueblo no pagará por sus medidas de austeridad!



[i] http://www.valor.com.br/financas/3720128/fmi-lagarde-alerta-para-o-risco-do-novo-mediocre-na-economia-global

[ii] http://cebes.org.br/2014/12/cobertura-universal-de-saude-a-nova-aposta-do-capital/

[iii] http://novosestudos.uol.com.br/v1/contents/view/1592

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.