Cuando la salud deja de ser un derecho universal: RFK Jr. y Eduardo Pazuello
Si las acciones de RFK Jr. en Estados Unidos ya representan un ataque frontal a la ciencia y la salud pública, Brasil está familiarizado con los efectos de políticas similares.
Robert F. Kennedy Jr., heredero de uno de los apellidos más famosos de la política estadounidense, parecía destinado a ocupar un lugar destacado en la vida pública estadounidense. Ambientalista, abogado y activista progresista, fue considerado en su momento una figura prometedora, capaz de continuar parte del legado de su tío John F. Kennedy y su padre, Robert Kennedy. Sin embargo, se convirtió en una de las principales voces del negacionismo científico en el ámbito de la salud.
En los últimos años, Kennedy Jr. se ha hecho conocido por atacar las vacunas, cuestionar la labor de los CDC (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE. UU.) y difundir teorías conspirativas durante la pandemia de COVID-19. Ahora, como político de extrema derecha, su retórica ha alimentado la desinformación, socavando la confianza en las instituciones sanitarias y poniendo en peligro políticas públicas vitales.
Su ascenso al cargo de Secretario de Salud en la administración Trump 2.0 representa la captura de áreas estratégicas por parte de figuras que no defienden la ciencia, sino agendas políticas e ideológicas.
El “desorden” en la atención médica estadounidense
La advertencia de Debra Houry, exdirectora médica de los CDC (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades), publicada en The Washington Post, da la magnitud del daño. Renunció y destacó tres puntos que resumen el caos creado por RFK Jr.:
Salud en riesgo – Los programas de prevención de enfermedades crónicas, que ahorraron miles de millones al sistema sanitario, se están desmantelando. La prevención del tabaquismo, la hipertensión y la diabetes se está ignorando en nombre de una agenda oscura.
Preparación para crisis debilitada Las bases de datos sobre influenza, COVID-19 e incluso polio se han reducido o suspendido. La capacidad de Estados Unidos para responder a nuevas emergencias sanitarias se ve comprometida.
Transparencia corroída – La suspensión de informes cruciales por parte de los CDC fomenta la desinformación y socava la confianza pública. No se trata solo de burocracia; hay vidas en juego.
En lugar de fortalecer el sistema de salud después de la pandemia, Kennedy Jr. prefiere repetir el manual del negacionismo y la improvisación.
La prensa estadounidense ha expuesto repetidamente los daños causados por sus acciones. The Washington Post calificó su discurso como una “campaña sistemática contra la ciencia”, mientras que New York Times Destacó cómo utiliza el peso simbólico del apellido Kennedy para atraer a votantes descontentos. La paradoja es evidente: alguien que podría haber sido un defensor de causas sociales se ha convertido en portavoz de tesis que socavan la salud pública y, en consecuencia, la democracia.
Brasil y el laboratorio del negacionismo
Si las acciones de RFK Jr. en Estados Unidos ya representan un ataque frontal a la ciencia y la salud pública, Brasil conoce de primera mano los efectos letales de políticas similares. Durante la pandemia, el general Eduardo Pazuello, al frente del Ministerio de Salud de Jair Bolsonaro, jugó un papel clave en uno de los episodios más trágicos de nuestra historia reciente.
Bajo el gobierno de Bolsonaro, el país se convirtió en un laboratorio de negacionismo oficializado: se retrasó la compra de vacunas eficaces, se promovió un "kit COVID" sin ninguna evidencia científica y la salud pública se transformó en un campo de batalla ideológico. Mientras médicos, investigadores y organizaciones internacionales advertían sobre la ineficacia de la cloroquina y la ivermectina, el gobierno brasileño gastó millones de reales en medicamentos inútiles y retrasó la llegada de las vacunas a Brasil.
El caso de Manaos en enero de 2021 es emblemático. Con hospitales sin oxígeno y familias desesperadas, el Ministerio de Salud insistió en recetar medicamentos ineficaces mientras la población moría asfixiada. La ciencia fue silenciada y el dolor popular se transformó en un espectáculo político.
Al igual que Kennedy Jr. en Estados Unidos, Bolsonaro y Pazuello difundieron la ilusión de que existían soluciones mágicas, alternativas "antisistema" capaces de reemplazar a la ciencia. Esta manipulación no solo retrasó la respuesta a la pandemia, sino que también erosionó la confianza de la sociedad en sus instituciones. El resultado fue devastador: cientos de miles de muertes evitables.
Una amenaza global
El paralelismo entre RFK Jr. y el bolsonarismo demuestra que no se trata de fenómenos aislados, sino de una lógica global de extrema derecha que convierte la salud pública en un instrumento de poder. Trump, Bolsonaro y Kennedy Jr. comparten una gramática común: minimizar la ciencia, manipular el miedo público y transformar la desinformación en capital político.
Este es el verdadero peligro. La salud deja de ser un derecho universal y se convierte en moneda de cambio para las elecciones. La muerte se vuelve algo común y el pacto civilizado que sustenta la vida compartida se debilita.
La lección y la advertencia
Brasil ya ha experimentado el abismo de tener su sistema de salud secuestrado por intereses autoritarios. Estados Unidos lo está revitalizando ahora, con Kennedy Jr. en su cruzada anticientífica. Ambos países están demostrando al mundo que el negacionismo no es solo una opinión controvertida. Es una amenaza concreta a la vida, la democracia y la dignidad humana.
La lección es clara: cuando se ataca a la ciencia, no solo se resiente la salud, sino también la democracia. Frente a los falsos profetas de la libertad que predican la muerte en nombre de la política, debemos reafirmar, sin vacilar, el valor de la ciencia, la vida y la solidaridad entre los pueblos.
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.



