La caída de Cunha marca el fin de una era en el país.
"Cunha, más que cualquier otra figura, representa el daño que la financiación privada puede causar a una organización política. Involucrado en una miríada de escándalos, el congresista no solo recaudó millones de empresas para sus propias campañas y vacaciones familiares en Europa. Todo indica que también financió a decenas de parlamentarios, de los niveles más bajos, medios y altos, construyendo así su influencia", afirma Leonardo Attuch, editor de 247. Con políticos de todos los partidos denunciados por Rodrigo Janot, es hora de una reforma política.
La decisión inédita del Supremo Tribunal Federal de destituir al diputado Eduardo Cunha (PMDB-RJ), que perdió no sólo la presidencia de la Cámara de Diputados sino también su mandato, es un reflejo de la gran transformación vivida por el sistema representativo brasileño, que hoy enfrenta su metástasis, con prácticamente todas sus células podridas.
Cunha, más que cualquier otra figura, representa el daño que la financiación privada puede causar a una organización política. Involucrado en innumerables escándalos, el congresista no solo recaudó millones de empresas para sus propias campañas y vacaciones familiares en Europa. Según se dice, también financió a decenas de parlamentarios, de los niveles más bajos, medios y altos, construyendo así su influencia. Cunha contaba con su propio bloque parlamentario, que lo saludaba y le prometía lealtad. Y gracias a este poder, ocupó puestos de influencia en el Poder Ejecutivo. Fue este mismo bloque, financiado por él, el que lo llevó a la presidencia de la Cámara de Diputados.
En cierto modo, el fin de la era Cunha es consecuencia directa de otra decisión reciente del Tribunal Supremo, que prohibió la financiación corporativa en campañas políticas. Después de todo, no tendría sentido que, tras todo el trauma sufrido por la sociedad brasileña en los últimos años, el Tribunal Supremo permitiera a Cunha, en un nuevo gobierno, orquestar el resurgimiento de las donaciones corporativas, que sin duda sería una de sus prioridades.
La semana pasada, incluso antes de la caída de Cunha, el Fiscal General de la República, Rodrigo Janot, también abrió fuego, lanzando acusaciones contra líderes de todos los partidos. Ha llegado el momento de un mínimo de diálogo para que los actores políticos que sobrevivieron a la tormenta puedan construir un nuevo modelo de democracia representativa en el país. En otras palabras: llevar a cabo una verdadera reforma política.
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.
