Queiroz debe reaparecer e indicar a quién transfirió los R$ 1,2 millones.
El columnista Jeferson Miola señala que "el asesor Fabrício Queiroz es la persona más cualificada —además, naturalmente, de los propios Bolsonaro— para esclarecer el escándalo de los 1,2 millones de reales"; "Las versiones presentadas por los Bolsonaro sobre las estafas, además de ser absurdas, revelan muchas contradicciones, y auguran enormes dificultades para presentar explicaciones convincentes e incluso para contener las nuevas revelaciones que probablemente surjan", escribe; para él, "la vergüenza de los Bolsonaro, en este sentido, tenderá a aumentar, al igual que las dificultades políticas".
El asesor Fabrício Queiroz es la persona más cualificada –además, naturalmente, de los propios Bolsonaro– para esclarecer el escándalo de los reales 1,2 millones.
La sección de Río de Janeiro de Lava Jato lanzó la Operación Furna da Onça, que condujo al arresto de diputados estatales implicados en las mismas prácticas delictivas descubiertas en la oficina de Flavio Bolsonaro.
La operación coordinada por el espectacular Deltan Dallagnol, curiosamente, decidió no imponerle a Flavio Bolsonaro el mismo destino que a sus colegas [prisión] y, además, demuestra una total falta de interés en investigar el caso. Casi diez días después de la acusación, Lava Jato ni siquiera ha citado a Queiroz a declarar.
A pesar de la desaparición de Queiroz y la mala praxis de jueces y fiscales en la operación Lava Jato, la prensa ha destapado nuevos y explosivos casos de corrupción en las oficinas de la familia Bolsonaro:
– Nathalia Queiroz trabajó como entrenadora personal de celebridades en las playas de Río de Janeiro durante las horas laborales que debía cumplir como empleada en la oficina de Jair Bolsonaro; y
Wellington Romano da Silva residió en Portugal durante una parte importante del tiempo que trabajó como asesor de Flávio Bolsonaro en la Asamblea Legislativa de Río de Janeiro.
Cada vez resulta más evidente que los Bolsonaro utilizaron sus cargos parlamentarios para malversar fondos, enriquecerse ilícitamente y aumentar su patrimonio. Los Bolsonaro tenían la costumbre de emplear empleados fantasma y utilizar testaferros que les transferían parte o la totalidad de sus salarios.
Esta práctica ilegal se define en el artículo 312 del Código Penal brasileño como el delito de malversación: «El funcionario público que se apropia de dinero, objetos de valor o cualquier otro bien mueble, público o privado, que posee en virtud de su cargo, o que lo desvía en beneficio propio o ajeno». La pena es de prisión de dos a doce años y multa.
Las versiones presentadas por los Bolsonaro sobre el supuesto fraude, además de ser absurdas, revelan muchas contradicciones y hacen prever que tendrán enormes dificultades para presentar explicaciones convincentes e incluso para contener nuevas revelaciones que probablemente surjan.
En este sentido, es probable que aumente la vergüenza que afronta la familia Bolsonaro, así como sus dificultades políticas.
Por un lado, porque el escándalo revelado solo abarca un año de transacciones "atípicas" por un total de R$ 1,2 millones. Es importante recordar que los Bolsonaro llevan casi 30 años en la política y que, durante gran parte de ese tiempo, Queiroz, su esposa y sus hijas trabajaron en las oficinas parlamentarias del clan; por lo tanto, es plausible suponer que podrían salir a la luz otras actividades ilegales.
Por otra parte, algunos sectores de la prensa han propiciado una competencia positiva y sana, disputándose entre sí la primacía en la revelación de primicias periodísticas.
Con la avalancha de actividades fraudulentas de Bolsonaro descubierta, la desaparición del asesor Fabrício Queiroz parecería casi irrelevante, si no fuera por un solo aspecto: necesita reaparecer e indicar a quién entregó los R$ 1,2 millones movidos durante el transcurso de un año.
Se espera que Queiroz, quien ha estado cerca de la familia Bolsonaro durante más de 30 años, proporcione información sobre otros fondos que podrían haber sido malversados en años anteriores.
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.
