Quien no corrompe, cae (Dilma); quien corrompe, se queda (Temer). Desde 1844.
«Mientras la Cámara de Diputados no exprese el voto libre y consciente de los electores; mientras el cargo de representante de la nación se busque únicamente para obtener empleos lucrativos; mientras se apoyen ministerios como los del 23 de marzo y el 20 de enero, ningún gobierno podrá abandonar por completo el sistema de transacciones; cualquier gobierno que desee una larga existencia se corromperá necesariamente», dice un texto de 1844, reproducido por el columnista Alex Solnik; desde entonces, poco ha cambiado.
Mientras la Cámara de Diputados no exprese el voto libre y consciente de los votantes; mientras el cargo de representante de la nación se busque únicamente para obtener empleos lucrativos; mientras se apoyen ministerios como los del 23 de marzo y el 20 de enero, ningún gobierno podrá abandonar por completo el sistema de transacciones; cualquier gobierno que desee una larga existencia se corromperá necesariamente. Aunque seis hombres, los más puros, los más ilustrados, los más prestigiosos, lleguen al poder; aunque presten los servicios más relevantes; aunque incluso salven al país de cualquier desgracia, seguirán sin tener el apoyo de la Cámara de Diputados si no desean corromperla. Esta es una verdad que nadie se atreverá a cuestionar, así como también es cierto que cualquier gabinete, compuesto por los hombres más despreciables, tendrá el apoyo de la Cámara si la corrompe.
Este texto, publicado el 19 de marzo de 1844 por el periódico carioca "Filho da Joanna", muestra claramente que la corrupción entre los parlamentarios no es exactamente un problema nuevo en Brasil; que Lula tenía razón cuando decía que la Cámara estaba compuesta por 300 delincuentes; y explica por qué la presidenta Dilma Rousseff fue destituida y el actual presidente, Michel Temer, sigue en el poder: la diferencia está en si se compra o no el apoyo de los parlamentarios.
Los que se niegan a comprarlos, caen; los que están dispuestos a hacerlo, permanecen.
Por cierto, una de las expresiones que más utiliza Temer –“después”– se remonta a la época de Don Pedro II.
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.
