El regreso del impuesto CPMF será la batalla económica de 2015.
“A pesar de las protestas de las empresas, el regreso del impuesto se incluirá en el proyecto de ley de presupuesto de 2016, que se enviará al Congreso Nacional la próxima semana. Esto se debe a que existe prácticamente un consenso dentro del equipo económico de que el margen para recortes de gastos es mínimo, en un presupuesto limitado por gastos obligatorios, como las nóminas de los funcionarios públicos y las cotizaciones a la Seguridad Social”, afirma Leonardo Attuch, editor de 247. El CPMF (Impuesto Provisional sobre Transacciones Financieras) está ganando terreno entre otras alternativas, como la tributación de herencias, grandes fortunas o dividendos distribuidos por las empresas, porque, como señala Everardo Maciel, responsable de la implementación del impuesto durante la administración de Fernando Henrique Cardoso (FHC), es “un impuesto que genera un buen volumen de ingresos con poco esfuerzo administrativo”.
Aunque aún no ha superado por completo la crisis política ni recuperado índices de popularidad razonables, el gobierno de Dilma ha decidido lanzarse a la gran batalla económica del año, que consiste en intentar resucitar el CPMF, esta vez rebautizado como Contribución Interfederativa para la Salud. Con una tasa del 0,38%, aplicable a todas las transacciones financieras, aportaría entre 68 y 80 millones de reales a las arcas públicas.
A pesar de las fuertes protestas del sector empresarial, la restitución del impuesto se incluirá en el proyecto de ley de presupuestos de 2016, que se remitirá al Congreso Nacional esta semana. Esto se debe a que existe un consenso casi unánime dentro del equipo económico en cuanto a que el margen para recortes de gastos es mínimo, dado que el presupuesto está limitado por gastos obligatorios como las nóminas de los funcionarios públicos y las cotizaciones a la Seguridad Social. Además, los recortes de gastos anunciados, como la reducción de ministerios, generan ahorros insignificantes, ya que las estructuras actuales se transformarán en secretarías, en lugar de eliminarse.
El jueves pasado, la señal de alarma llegó con la publicación por parte del gobierno de los resultados fiscales de julio: un déficit primario de R$ 7,2 millones, lo que sitúa el resultado del primer semestre en R$ 9,1 millones, o -0,27% del PIB, un resultado muy por debajo del objetivo anual, que, si bien modesto, es un 0,15% positivo. En otras palabras: aparte de la posible revisión del resultado de este año, cualquier margen de maniobra en 2016 provendrá únicamente de nuevos impuestos.
Es precisamente aquí donde la CPMF (Contribución Provisional sobre Transacciones Financieras) cobra fuerza frente a otras alternativas, como la tributación de herencias, grandes fortunas o dividendos distribuidos por empresas. Según Everardo Maciel, quien fuera Secretario del Servicio de Ingresos y que implementó el impuesto sobre cheques durante la administración de Fernando Henrique Cardoso, la CPMF es «un impuesto que genera un buen volumen de ingresos con poco esfuerzo administrativo». En otras palabras, sería la solución más viable para una situación de emergencia como la actual.
El mayor desafío será lograr un consenso político, dada la aún frágil base de apoyo del gobierno. Los presidentes del Senado y de la Cámara de Diputados, Renan Calheiros (PMDB-AL) y Eduardo Cunha (PMDB-RJ), ya se han manifestado en contra del regreso del impuesto CPMF, pero la esperanza del Palacio de Planalto reside en los gobiernos estatales, cuyas finanzas están aún más debilitadas que las federales. Se espera que los gobernadores presionen a sus respectivas delegaciones para asegurar un fortalecimiento fiscal en 2016.
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.
