La Revolución Cubana resiste los ataques del Imperio
“Corresponde a los pueblos del mundo defender la Revolución Cubana y sus logros, y al mismo tiempo luchar por un mundo sin hambre, y para ello, luchar contra el neoliberalismo y sus consecuencias”, escribe el periodista y escritor Emiliano José.
Por Emiliano José
Cuba lo sabe: el actual ataque contrarrevolucionario forma parte de las nuevas estrategias de la derecha y la ultraderecha global en la guerra no convencional, desarrolladas a lo largo de varias décadas. Resulta curioso que el presidente estadounidense, Joe Biden, autor del criminal bloqueo económico —principal causa de las evidentes dificultades que enfrenta la población de la isla— supuestamente hable en defensa del pueblo cubano. Que nadie se deje engañar por los gobiernos estadounidenses: demócratas o republicanos, no cejan en su empeño por estrangular la Revolución iniciada en 1959. Han sido 60 años de continuos intentos por sofocar la iniciativa socialista. Y Estados Unidos hace oídos sordos a la repulsa mundial casi unánime ante el asedio impuesto a esta pequeña y obstinada nación.
Este ataque contrarrevolucionario cuenta con el apoyo de los grandes medios de comunicación corporativos de prácticamente todo el mundo, de las redes sociales vinculadas a la ideología de extrema derecha, de los cubanos en Miami, de la Organización de Estados Americanos (OEA) —esencialmente una agencia a favor de golpes conservadores y un instrumento de guerra no convencional en América Latina— y, por supuesto, de líderes de extrema derecha, como el actual presidente brasileño.
A menudo digo: Cuba es un milagro político. Al observar esta pequeña nación, se diría que el triunfo de una revolución era imposible, y más aún, si triunfara, su supervivencia sería inviable. El pensamiento revolucionario, unido a la visión y determinación de sus líderes, en particular de Fidel Castro, garantizó la longevidad de esta revolución.
La Revolución viene de lejos.
Entendido como un proceso.
Desde una perspectiva cubana, comienza en 1868, cuando un gran terrateniente de nombre largo, Carlos Manuel Perfecto del Carmen de Céspedes y López del Castillo, declaró libres a sus esclavos y los convocó a la lucha anticolonial. Esto desencadenó la Guerra de los Diez Años. Falleció en 1874. El Pacto del Zanjón, firmado en 1878 para poner fin a la guerra, estipuló la liberación únicamente de los esclavos que lucharon junto a los independentistas.
Hubo quienes se resistieron a este pacto, y luego vino la Guerra Chiquita, entre 1879-1880, que fue derrotada por las poderosas fuerzas españolas.
Luego vino la lucha liderada por José Martí, llamado el Apóstol y Maestro en Cuba, hombre de pensamiento y acción, muy admirado por Fidel.
Escritor, poeta, revolucionario perspicaz.
Un hábil negociador, creador del Partido Revolucionario Cubano. La guerra comenzó en 1895 y terminó en 1898, con la muerte de Martí en las primeras etapas de la contienda. La independencia cubana surgiría de esta iniciativa, aunque de forma limitada. En medio de la guerra, Estados Unidos intervino, derrotó a los españoles e introdujo la Enmienda Platt, garantizándoles el derecho a intervenir en la isla cuando lo consideraran oportuno, además de asegurar, desde allí, la posesión de la base de la Bahía de Guantánamo, de triste recuerdo. En 1902, nació la República, limitada por el Imperio.
Y en 1959, el huracán Fidel.
Desde el mar.
En Granma, con sus 82 compañeros.
Desde el asalto al Cuartel Moncada en Santiago de Cuba el 26 de julio de 1953 hasta el 8 de enero de 1959, cuando entró en La Habana, lideró un sorprendente proceso revolucionario que impresionó al mundo entero. Continuaría con un vigor sin precedentes el proceso revolucionario iniciado por Céspedes en el siglo XIX y lo llevaría adelante sin descanso. Y hoy, las nuevas generaciones siguen liderando la Revolución, a pesar de los sucesivos intentos del Imperio por sofocarla. Un milagro de la política revolucionaria, fruto de la fuerza y la determinación del pueblo cubano.
Estados Unidos intentó por todos los medios derrotar a la Revolución. El intento más contundente, por la fuerza, fue la invasión de Bahía de Cochinos en 1961, que fue rotundamente derrotada y humillada. Y luego, posteriormente, el bloqueo económico, que no requiere mayor análisis: un mecanismo cruel diseñado para desangrar a un país, asfixiarlo, hacer sufrir al pueblo para incitar revueltas, y el Imperio no oculta estos objetivos. Hasta el día de hoy, la Revolución resiste. En las últimas horas, el pueblo atendió el llamado del presidente Miguel Díaz-Canel y salió a las calles para defenderla.
Es evidente que existe una situación de inmensas dificultades, causada principalmente por el bloqueo. Es una hipocresía atroz escuchar a las voces imperialistas hablar de la falta de medicamentos, consecuencia del bloqueo. Hablar de apagones: el imperio hace todo lo posible para impedir que el petróleo llegue a la isla. Hablar de la situación de salud del pueblo cubano: el imperio actúa para empeorarla.
Y el Imperio conoce la competencia de los médicos cubanos, la capacidad de los científicos para crear ya dos vacunas contra la COVID-19 y comenzar a inmunizar a la población. Los cubanos saben la dedicación de sus profesionales de la salud. Y a todo esto hay que añadir que la pandemia prácticamente ha paralizado el turismo, una fuente esencial de ingresos para el país, especialmente ante el bloqueo, impidiendo el desarrollo de actividades capaces de garantizar otras fuentes.
Voces imperialistas hablaban de hambruna en Cuba. La Revolución busca por todos los medios garantizar la alimentación del pueblo cubano. Estas voces no hablan del aumento del hambre en todo el mundo, según un reciente informe de la ONU: 811 millones de personas pasaron hambre en 2020. Y esto, agravado por la pandemia, es principalmente resultado del modo de producción capitalista en su fase neoliberal.
Junto con el aumento del hambre, los más ricos del mundo se han enriquecido aún más. No hay preocupación alguna por las condiciones de vida en Cuba. Si la hubiera, Estados Unidos levantaría el bloqueo, y la situación solo empeora. En cambio, persisten las acciones destinadas a desestabilizar al gobierno revolucionario.
Rogelio Polanco tiene razón: Venezuela y Cuba han demostrado una gran capacidad para resistir y derrotar los numerosos intentos de desestabilización de Estados Unidos. Polanco, del secretariado del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, considera que dicha resistencia es posible principalmente gracias a la conciencia de los pueblos de estos países y a la capacidad de organización y movilización de las poblaciones cubana y venezolana.
Muchas voces en todo el mundo se alzan a favor de Cuba. El presidente de México, Manuel López Obrador, es una de ellas. "Si alguien quiere ayudar a Cuba, que levante el bloqueo", dijo. También criticó que USAID manipulara los recientes acontecimientos en la isla, publicando una fotografía de protestas masivas en Egipto como si fueran manifestaciones cubanas. "El Imperio no tiene vergüenza", dijo. Para él, este evento "es solo una muestra de lo que han hecho en todo el mundo".
El presidente Lula se ha alineado abiertamente con la Revolución Cubana. Si no fuera por el bloqueo que intenta estrangular a la isla desde principios de la década de 1960, Cuba "podría ser una Holanda". Propuso:
Biden debería aprovechar este momento para salir en televisión y anunciar que adoptará la recomendación de los países de la ONU para poner fin a este confinamiento.
Es un deseo de todo el mundo.
Lamentablemente, Estados Unidos no lo hará.
Continuarán su política de causar sufrimiento al pueblo cubano, tanto como sea posible.
Corresponde a los pueblos del mundo defender la Revolución Cubana y sus conquistas, y simultáneamente luchar por un mundo sin hambre, y para ello, luchar contra el neoliberalismo y sus consecuencias.
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.
