Silvio abre el cofre del tesoro de cosas extrañas.
El intento de inflar el ya desinflado gobierno de Bolsonaro llevó al presentador y dueño de la televisora a colocar a los hermanos Flávio y Eduardo en el más injustificable aprieto frente a las cámaras; digo injustificable porque el segmento dirigido por el presentador consistía en preguntas a nivel infantil, e incluso incluía pistas.
Es bien sabido que la cadena de Silvio Santos ha sido una de las principales plataformas de la eterna campaña de Bolsonaro. Sus programas de entrevistas, con entrevistas explícitamente sesgadas que intentan promover el gobierno de Jair Bolsonaro mediante un populismo crudo, son ahora habituales en la programación de la cadena.
Silvio Santos nunca ha ocultado su alianza con Bolsonaro. Desde que asumió el cargo, Bolsonaro y su equipo de gobierno se han convertido en figuras habituales de su red. Silvio y Bolsonaro también muestran admiración por Estados Unidos; mientras Bolsonaro prodiga elogios y obediencia hacia este país, Silvio promueve desfiles, marchas y manifestaciones, que él, Silvio Santos, insiste en mostrar como si quisiera establecer una comparación entre ambos países, menospreciando sutilmente la cultura brasileña.
El intento de inflar el ya desinflado gobierno de Bolsonaro llevó al presentador y dueño del canal de televisión a poner a los hermanos Flávio y Eduardo en una situación incómoda e injustificable ante las cámaras. Digo injustificable porque el segmento dirigido por el presentador consistía en preguntas de nivel infantil, e incluso incluía pistas. Preguntas que generaron irritación debido a la dificultad que demostraron los invitados.
La evidente vergüenza de los hermanos Bolsonaro nos recordó el desmayo de Flávio. La pregunta era: "¿Quién se desmayaría primero, Eduardo o Flávio?".
El patriarca de la familia, Jair Bolsonaro, merece un regaño por no haber instruido a sus hijos a mantener la "chuleta" en sus manos.
Bromas aparte, si para nosotros los brasileños la imagen fue de total vergüenza, ante el mundo no será diferente. El descrédito que enfrenta Brasil con la cabeza gacha se explica sin necesidad de fórmulas ni teorías complejas.
Miedo, inseguridad: términos tan familiares y fáciles de interpretar. El bolsonarismo arrastra a millones a la miseria y ahuyenta las inversiones. El extraño espectáculo organizado por esta familia y sus compinches en el gobierno está dejando al país en la miseria con su política de sumisión al mercado imperialista estadounidense.
Bolsonaro es la vergüenza que Brasil lleva, el espejo que refleja la imagen de abandono en cada brasileño. Bromas aparte, ¡el momento es crucial! La extinción de las políticas públicas puede llevarnos a un verdadero exterminio social. Un país sin expectativas, sin tiempo para soñar, sin la reinvención de cada ciudadano que, para garantizar su supervivencia, no encuentra tiempo para dormir, y mucho menos para soñar.
Mientras tanto, Eduardo Bolsonaro, el "parrillero viajero", espera, espátula en mano, su nominación para ocupar la embajada de Brasil en Estados Unidos.
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.

