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Washington Araújo

Máster en cine, psicoanalista, periodista y conferenciante, es autor de 19 libros publicados en varios países. Profesor de comunicación, sociología, geopolítica y ética, cuenta con más de dos décadas de experiencia en la Secretaría General del Senado Federal. Especialista en inteligencia artificial, redes sociales y cultura global, desarrolla una reflexión crítica sobre políticas públicas y derechos humanos. Produce el podcast 1844 en Spotify y edita el sitio web palavrafilmada.com.

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La soberanía digital es la nueva frontera del poder global

El control de datos y redes es la nueva arma de los poderosos. El Sur Global debe elegir: ser el autor de su destino digital o simplemente un proveedor de datos.

En la toma de posesión de Donald Trump, Mark Zuckerberg (Meta), Jeff Bezos (Amazon) y su prometida, Lauren Sanchez, Sundar Pichai (Google) y Elon Musk (X), en Washington - 20/01/2025 (Foto: Julia Demaree Nikhinson/REUTERS)

Vivir sin soberanía digital es como vivir en una casa que no nos pertenece. Tenemos un techo, paredes que nos protegen de la lluvia, pero las llaves siempre están en manos de otros. Esta es la condición del Sur Global: sujeto a reglas externas y dependiente de tecnologías foráneas.

En el siglo XXI, la soberanía no se mide únicamente por fronteras físicas o arsenales militares. Se determina por la capacidad de un país para proteger datos, controlar redes y gobernar plataformas. Quienes carecen de control del espacio digital pierden autonomía política y económica, convirtiéndose en rehenes invisibles de poderes externos.

Estados Unidos y el poder de las plataformas

En Estados Unidos, la soberanía digital se confunde con la hegemonía. Google, Amazon, Microsoft, Meta y Apple proyectan poder más allá de las fronteras, moldeando la vida digital de miles de millones de personas. Los países que dependen del software de Silicon Valley o almacenan datos en servidores estadounidenses renuncian a partes cruciales de su autonomía. La nube aprisiona.

El discurso oficial estadounidense habla de libertad digital, pero lo que está en juego es mantener su primacía global. Washington ha comprendido que el control de datos es tan estratégico como el petróleo. Para Estados Unidos, la soberanía digital significa que el mundo entero sigue orbitando dentro de su esfera.

China apuesta por los blindados

Para China, la soberanía digital significa blindaje. De ahí el concepto de «cibersoberanía»: el Estado como árbitro supremo de lo que circula en su espacio digital. El Gran Cortafuegos simboliza este control, pero el punto crucial fue la decisión de impedir que los datos salieran del país.

Esta estrategia aseguró a Pekín el recurso más preciado de la era digital: los datos. En 2023, China lanzó su propuesta de gobernanza global de la inteligencia artificial. El proyecto aboga por un enfoque centrado en las personas, buscando consolidar un nuevo orden internacional en el que la autonomía tecnológica no sea un privilegio occidental.

Europa opta por la regulación

La Unión Europea, consciente de su fragilidad tecnológica, decidió utilizar el poder regulatorio como arma. Creó el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD), la Ley de Servicios Digitales (LSD) y la Ley de Mercados Digitales (LMD), que transformaron a Bruselas en un árbitro global de las normas digitales e inspiraron la legislación en otros continentes.

Estos instrumentos obligan a los gigantes tecnológicos a respetar las normas de privacidad, combatir el abuso de las plataformas y limitar las prácticas monopolísticas. La estrategia europea consiste en transformar la regulación en soberanía, creando una forma de defensa ante la confrontación entre China y Estados Unidos. Es a la vez protección y afirmación geopolítica.

El Sur Global en el espejo

El concepto de Sur Global trasciende la geografía. Designa a países históricamente marginados —América Latina, África, Asia y Oriente Medio— que arrastran secuelas coloniales y dependencias estructurales. En el mundo digital, esta asimetría se repite. Pocos cuentan con centros de datos autónomos o cadenas de semiconductores completas.

Esta fragilidad se puso de relieve en el Foro Académico del Sur Global, celebrado en Shanghái en mayo de 2024. Allí, expertos denunciaron una profunda crisis: las empresas locales se están rindiendo a la dependencia de las grandes tecnológicas, adoptando una postura derrotista. Xiong Jie, secretario general del Foro, afirmó que existe una falta de control sobre los nuevos medios de producción digitales.

Lo más preocupante es que, un año y medio después, nada ha cambiado. Y, en el mundo de las tecnologías digitales, el tiempo transcurre a otra escala: un día o una semana pueden equivaler a un año. Permanecer estancado es, en la práctica, retroceder. La inercia del Sur Global amenaza con perpetuar la dependencia colonial.

El consultor ghanés Kambale Musavuli señaló cómo las políticas digitales de África se configuran desde afuera hacia adentro. Proyectos como Smart Africa, financiados por la GIZ de Alemania, definen estrategias de inteligencia artificial sin plena autonomía gubernamental. Lo que debería ser cooperación a menudo se convierte en tutela y en la perpetuación de la dependencia.

Brasil y la nube “soberana”

En Brasil, el debate surge con la llamada "nube soberana", ofrecida a agencias como Serpro y Dataprev. El sociólogo Sérgio Amadeo advierte: esto es dependencia vendida como independencia. Sin una política de datos sólida, los funcionarios públicos se convierten en blancos fáciles para los grupos de presión extranjeros, que entregan información vital en contratos desiguales.

La Ley de la Nube, una ley estadounidense aprobada en 2018, otorga a las autoridades estadounidenses acceso a los datos de empresas nacionales almacenados en cualquier país. Es la traducción legal de una antigua política imperial. Edward Snowden ya había revelado prácticas de intrusión en 2013. Ahora, cuentan con protección legal explícita.

La comparación con China es inevitable. Desde el principio, Pekín impuso la permanencia de los datos en el territorio nacional. Los transformó en un recurso estratégico, como el petróleo y el hierro en el siglo pasado. La soberanía digital, en este caso, funciona como la piel del cuerpo: sin ella, cualquier corte externo sería irreversible.

Alternativas y posibles caminos para el Sur Global

La solución requiere tres frentes simultáneos. Primero, infraestructura: cables, satélites, centros de datos, semiconductores. Segundo, cooperación regional: los BRICS, la Unión Africana y el Mercosur necesitan compartir costos y estándares comunes. Tercero, desarrollo de talento: sin expertos en ciencia de datos, ciberseguridad e IA, la emancipación digital nunca dejará de ser una promesa.

Entre la utopía y la urgencia

La soberanía digital no surgirá espontáneamente. Requiere estrategia y visión política. Cada apagón, cada bloqueo económico y cada episodio de desinformación revela el precio de la dependencia. Estados Unidos optó por la hegemonía, China se protegió y Europa se reguló. El Sur Global debe forjar su propio camino que una la libertad, la seguridad y el desarrollo.

Como académico especialista en inteligencia artificial desde mediados de 2022, veo con gran preocupación esta nueva forma de colonialismo, que profundiza la desigualdad entre naciones ricas y pobres, entre grandes empresas y trabajadores, entre centros de poder y las periferias del mundo.

La soberanía digital no es un detalle técnico ni un lujo para los países ricos.

Es la frontera decisiva de la dignidad contemporánea. Anótalo y luego hazme responsable.

La nación que descuida —o hace la vista gorda— la soberanía digital acepta vivir en casa ajena, bajo un techo prestado, sin poseer jamás las llaves que abren las puertas de su propio futuro.

Esta es la batalla de nuestra generación.

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.