Acerca de los pájaros cantores y los buitres
La joven Miruna, hija guerrera de un hombre moralmente íntegro que fue agraviado, debería servir de ejemplo a muchos jóvenes que hoy han perdido la fe en la política.
Miruna Guerreira Genuína. Ese es el nuevo nombre de la hija de José Genoino. ¿Quién no querría una hija como Miruna? Yo sí.
Un ciudadano que no se doblegó ante la voluntad arbitraria de los opresores del momento, ya fuera en los tribunales, en la opinión pública o en los medios de comunicación (opinión publicada).
Una mujer que ni se acobardó ni guardó silencio y, al contrario, defendió a su padre, condenado por un crimen absurdo, en un tribunal excepcional, en un juicio kafkiano en el que, lamentablemente, la desvergüenza mancilló el significado elegante, inmaculado y respetado de la palabra MAGISTRADÍA. Y, además, empañó el singular significado de otra palabra, descendiente de la primera: JUSTICIA.
Y no me digan que este padre, este "convicto", es un bandido, un delincuente despreciable. Que merece la cárcel. No la merece. No la merece. Eso es lo que dicen y piensan los que odian, con la vil cobardía del insulto. Tampoco es "uno cualquiera", una "persona miserable", como tantas personas "íntegras" e "intachables", como tantos pequeños burgueses que compran apartamentos en Miami. Aquellos que se juzgan a sí mismos con una vara distinta a la que usan para juzgar a los demás. Aquellos que se consideran "justos" e "intocables"; los falsos moralistas que se regodean, con sus traseros sucios, en los suntuosos sillones de sus oficinas; que se deleitan con la arrogancia barata del poder mezquino; que, sádicamente, se regocijan con los aplausos fáciles del público de los programas de entrevistas; que olvidan que "la mano que acaricia [hoy] es la misma que apedrea [mañana]".
Pero la poesía, entre tú y yo, no es precisamente el fuerte de estas figuras poderosas y egoístas; aunque algunos de ellos sí que publican de vez en cuando sus libros de alta vanidad y baja literatura en los suntuosos salones de la República. Se echa mucho de menos a Gregório de Mattos estos días.
La poesía es el arma de los rebeldes, de los revolucionarios. La poesía es el significado de nuestra utopía.
La poesía es el arma de quienes están de este lado, de los humanistas, de los izquierdistas.
Las armas de quienes están, y siempre han estado, del otro lado, del lado de la arbitrariedad, el conservadurismo, el cálculo maquiavélico y el oscurantismo, son las mismas de siempre, desenvainadas cuando el riesgo de cambio, de transformación social, es inminente: la intolerancia, la mentira, la violencia y la injusticia. Pero todas las armas y artimañas de los reaccionarios son ya demasiado conocidas.
"Todos los que están ahí/ Bloqueando mi camino/ Pasarán.../ ¡Yo, un pajarito!"
Estos son versos del poeta Mario Quintana, un anciano bondadoso y de buen humor, ya fallecido, que vivió muchos años solo en una pequeña habitación del Hotel Majestic, situado en el centro de Porto Alegre. Hoy en día, es el Centro Cultural Mario Quintana.
Fíjense en el nombre sugerente del hotel: Majestic. Sí, los poetas aún no se han convertido en prostitutas del poder. Aún no han perdido su fuerza ni su... majestad. Los poetas permanecen. Los verdugos perecen.
Este verso del bondadoso anciano Quintana siempre me ha servido como una especie de mantra, una oración. Y durante años me ha protegido en la buena lucha. En medio de las adversidades más difíciles, visualizo:
"Todos los que están ahí/ Bloqueando mi camino/ Pasarán.../ ¡Yo, un pajarito!"
Siempre vale la pena recordar/reiterar los versos del poeta.
He aquí que estos versos fueron bordados, pacientemente, puntada a puntada, palabra a palabra, dolor a dolor, por Miruna y su madre, en una capa con la que Genoino se cubrió (y protegió), cubierto por toda su innegable decencia, revestido de su inquebrantable dignidad, para el día de su injusto encarcelamiento.
¿Cómo se puede soportar semejante ignominia? ¡Solo con el apoyo de la familia, el activismo de izquierda y los elocuentes versos del viejo poeta!
"Todos los que están ahí/ Bloqueando mi camino/ Pasarán.../ ¡Yo, un pajarito!"
Esa imagen de Genoino (y también de Zé Dirceu) con los puños apretados, a la puerta de la Policía Federal, es una imagen que no se me borrará de la mente; es un símbolo que nos fortalece para la buena lucha, nos fortalece para la batalla. Lo que no nos destruye nos hace más fuertes, como dijo cierto filósofo, frase que durante mucho tiempo, erróneamente, fue apropiada, casi como un patrimonio, por la derecha.
La joven Miruna, hija guerrera de un hombre íntegro que fue agraviado, debería servir de ejemplo a muchos jóvenes que hoy han perdido la fe en la política, porque aún está dominada por carniceros, por buitres. Dominada por aquellos que quieren sacar provecho de todo.
¡Que venga Miruna, con su voluntad, su coraje, su feroz orgullo! ¡Para ayudarnos a cambiar el rostro de la política brasileña, hoy encadenada por unos cuantos sinvergüenzas!
¡La invitación —el desafío— está, por lo tanto, lanzada!
Y ojalá otros jóvenes, como nuestros hijos, se unan a ella para ayudarnos a cambiar este país. Porque un país solo puede cambiarse a través de la política, no a través de las redes sociales. Internet es simplemente otra herramienta valiosa que, sí, debe usarse con responsabilidad. Pero el mundo no cambia con herramientas como Facebook o Twitter.
¡Quiero elegir a Miruna Guerreira Genuína como representante! Si es posible, con más de un millón de votos.
Quiero ver rescatada e inmortalizada la memoria y el legado empañados de valientes guerreros como su padre, José Genoino.
"Todos los que están ahí/ Bloqueando mi camino/ Pasarán.../ ¡Yo, un pajarito!"
El camino es nuestro; depende de nosotros recorrerlo, sin importar quienes insistan en obstaculizarnos.
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.
