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Iván Guimarães

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Es hora de volver

La solución a los principales problemas ambientales del planeta requiere, como mínimo, una confrontación

Selva Amazónica en Pará (Foto: Pedro Guerreiro/Agencia Pará)

La idea de progreso a través de la preservación del medio ambiente ha fracasado. Quemamos combustibles fósiles, destruimos bosques y ecosistemas, y a cambio, sufrimos olas de calor cada vez más intensas. Será necesario revertir decisiones políticas tomadas hace décadas. ¿Transporte privado, asfalto y aire acondicionado? Creo que tendremos que revertir muchas decisiones en los próximos años.

El concepto de progreso sustenta todas las teorías del desarrollo. Cuando proponemos una nueva idea, nunca decimos que representa un retroceso o una regresión, ni siquiera si es calculada. El discurso siempre gira en torno al avance, el crecimiento y la ascensión. «Regresión» se refiere al error, a malas decisiones que deben revisarse.

En el debate sobre el cambio climático, debemos partir de una lógica que se oponga a la visión habitual del éxito. Si queremos sobrevivir como especie, tendremos que aceptar algunos reveses. No será posible "conciliar el progreso con la preservación del medio ambiente", como afirman tantos documentos de desarrollo. El verdadero progreso provendrá del respeto al medio ambiente, y esto requerirá severas restricciones en el uso de combustibles fósiles, la producción industrial y la generación de residuos, especialmente plásticos. Más que frenar el crecimiento, necesitaremos organizar la regresión. Prohibir las pajitas de plástico en los restaurantes de comida rápida no será suficiente. Las ciudades necesitarán devolver grandes áreas a la naturaleza. Los ríos canalizados deberán renaturalizarse, permitiendo que sus llanuras aluviales vuelvan a cumplir su función ecológica. Los espacios urbanos deberán contenerse, preservando áreas para bosques y reservas verdes.

Los ejemplos concretos serán inevitables. El Jardim Pantanal, en São Paulo, por ejemplo, tendrá que ser evacuado. La zona, que actualmente alberga a unas 45 personas, volverá a convertirse en una llanura aluvial del río Tietê. Y esta no será la única evacuación necesaria en la ciudad.

En este nuevo escenario, cualquier proyecto debe estimar y medir su consumo energético, así como la fuente de dicho suministro. Los procesos de reciclaje que resulten en la creación de nuevos materiales y soluciones deben ser una prioridad, si no la única alternativa. La arquitectura deberá ser extremadamente creativa para abordar estas nuevas demandas.

Ya estamos viviendo esta realidad. ¿Quién vio? Una verdad inconveniente (2006) ya sabía lo que se avecinaba. Hoy, las ciudades brasileñas registran temperaturas hasta 4 °C más altas que en cualquier otro momento de la historia reciente. Esto afecta a todos, pero tiene un impacto especialmente grave en los ancianos y los niños.

La solución a los principales problemas ambientales del planeta requiere, como mínimo, confrontación. La contaminación del aire, el calentamiento global, la contaminación del agua y del suelo, la deforestación, los incendios forestales, la desertificación y la pérdida de biodiversidad requieren una nueva legislación: más restrictiva, de mayor alcance y con sanciones más severas.

Pero ¿cómo se puede implementar una visión tan radical y basada en la ciencia en un mundo donde una parte significativa de la población aún cree que la Tierra es plana? ¿Qué gobierno tendría la capacidad política para afrontar esta crisis? ¿Se necesitarán desastres aún más graves para que la gente finalmente se dé cuenta de que una sociedad basada en el consumo desenfrenado no puede continuar?

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.