Tierra arrasada en el Brasil de Temer
Como mínimo, la limitación de recursos que debería haberse asignado a estas áreas en 2017 es alarmante. Para la agricultura familiar, por ejemplo, de los 235 millones de reales presupuestados para asistencia técnica y extensión rural, solo se han invertido 19 millones hasta la fecha, un exiguo 8,1%.
Sociólogos, economistas e historiadores contarán próximamente con una rica colección de material para analizar, evaluar y documentar lo que este breve período del gobierno de Temer habrá representado para Brasil. Si permanece en el cargo hasta finales de 2018, lo cual es incierto, dejará un triste legado para Brasil y el pueblo brasileño. Desde cualquier perspectiva, el panorama es de devastación, degradación y deterioro del país en los aspectos económicos, sociales, políticos e incluso morales, desde la perspectiva del respeto a las instituciones y entre ellas.
Siempre vale la pena recordar que Temer asumió la presidencia, tras el impeachment de Dilma, como la alternativa para poner orden en la casa y tender un puente hacia el futuro. No es casualidad que el logo de su gobierno, elegido por Michelzinho, utilice el lema de la bandera brasileña: Orden y Progreso. Tras poco más de un año, con un índice de desaprobación de su administración superior al 90%, según institutos de investigación, la realidad apunta a "desorden y progreso".
Dejando a un lado las disputas políticas, las maniobras y las manipulaciones, lo cierto es que, para justificar las supuestas motivaciones que llevaron al impeachment de Dilma y obtener apoyo popular, "vendieron" la idea de que sería la salvación de Brasil. Hoy, sin embargo, estamos muy cerca de consensuar que la situación es caótica. Este (des)gobierno, con su legitimidad cuestionada y su credibilidad en la miseria, con cada medida que toma, lleva al país al abismo del desastre político, económico y social.
Ya sea por convicción política o para rendir cuentas a quienes financiaron su ascenso a la presidencia, lo cierto es que Temer tiene prisa. Quiere, a cualquier precio, culminar su frenesí reformista, a su estilo y del agrado de sus partidarios.
En poco más de un año, la propuesta de enmienda constitucional (PEC) congela las inversiones en salud y educación durante 20 años, la exploración de las reservas de petróleo del presal se entrega a compañías petroleras extranjeras, se eliminan los derechos laborales, se lleva a cabo la reforma de las pensiones y se recortan drásticamente las políticas sociales. A todo esto se suma la descabellada política centrada en los sectores agrícola, agrario y ambiental.
Cualquiera que conozca el estilo hipócrita de Temer sabe que, a pesar de la retirada, el intento de extinguir la RENCA podría volver en cualquier momento. Basta recordar lo ocurrido con la reserva y el parque forestal de Jamanxi. Además, el apoyo a la agricultura familiar, los asentamientos y la demarcación de tierras indígenas son cuestiones completamente ignoradas por este gobierno.
Como mínimo, la limitación de recursos que debería haberse asignado a estas áreas en 2017 es alarmante. Para la agricultura familiar, por ejemplo, en asistencia técnica y extensión rural, de los 235 millones de reales presupuestados, solo se han invertido 19 millones, un exiguo 8,1 %. El PRONAF (Programa Nacional de Fortalecimiento de la Agricultura Familiar) cuenta con una asignación de 410 millones de reales, pero solo se ha gastado el 12,5 %, poco más de 50 millones. En cuanto a la adquisición y distribución de alimentos de este tipo de producción para promover la seguridad alimentaria, de los casi 319 millones de reales disponibles, solo se han utilizado 11,4 millones, lo que representa un mísero 3,6 %.
Las cifras ponen de relieve la política destinada a desmantelar el INCRA (Instituto Nacional de Colonización y Reforma Agraria). En el programa de desarrollo de asentamientos, de los 242 millones de reales presupuestados, se utilizaron tan solo 20,1 millones, un exiguo 8,3%. En cuanto a la adquisición de propiedades para la creación de asentamientos, el monto disponible es de poco más de 257 millones de reales, pero solo se invirtieron 26 millones (10,2%). Para el programa de organización de la tenencia de la tierra, se presupuestaron aproximadamente 77 millones de reales, pero solo se asignaron 8,4 millones, lo que representa el 10,9%.
La realidad en la FUNAI (Fundación Nacional del Indio) también apunta al caos. Para la demarcación y el monitoreo de tierras indígenas, de los casi 19 millones disponibles, solo se gastaron 4,2 millones (22,6%). En el Programa de Gestión Ambiental y Etnodesarrollo, solo se utilizó el 21,3% de la asignación prevista; es decir, el presupuesto es de 10,3 millones, pero solo se gastaron 2,2 millones.
El escenario de "tierra arrasada", como podemos ver, abarca todos los ámbitos y afecta a casi todos los brasileños. Los acuerdos secretos que Temer y su grupo hicieron y siguen haciendo para tomar el poder y mantenerse en él tienen un costo económico y social de enormes proporciones, cuyos daños sin duda tardarán décadas en repararse.
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.
