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César Fonseca

Reportero político y económico, editor del sitio web Independência Sul Americana

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Trump ataca a Maduro para robar petróleo y ocultar colapso de deuda pública estadounidense.

La historia de siempre se repite: el mercado financiero advierte del peligro de un colapso de la deuda pública estadounidense, que se acerca a los 25 billones de dólares. Si esto ocurre, se producirá una hiperinflación global y el dólar perderá su valor. Ante esta realidad, el Tío Sam intenta desviar la atención inventando una guerra.

Trump ataca a Maduro para robar petróleo y ocultar el colapso de la deuda pública de EE.UU. (Foto: REUTERS / Kevin Lamarque)

La historia conocida se repite: el mercado financiero advierte del peligro de un colapso de la deuda pública estadounidense, que se acerca a los 25 billones de dólares.
Si eso sucede, se producirá una hiperinflación mundial y el dólar perderá su valor.
Ante esta situación, el Tío Sam intenta desviar la atención inventando la guerra.
Con ello, aumenta la inflación, disfrazada de deuda pública, y alimenta la demanda capitalista para combatir el desempleo.
La deuda crece, dialécticamente, en lugar de la inflación.
El ataque estadounidense a Venezuela está motivado por una realidad concreta en movimiento: el peligro de una explosión hiperinflacionaria global.
Se trata de una repetición de las crisis de 1929 y 2008.

ENCRUCIJADA HISTÓRICA

Una vez más, el capitalismo se encuentra en una encrucijada de la historia.
El tercer departamento capitalista (economía de guerra), expresado en el gasto público con moneda estatal inconvertible, equilibra.
Desde el colapso de 29, la función esencial de la deuda pública inflacionaria ha sido sostener las tasas de ganancia en los Departamentos I (producción de bienes de consumo) y II (producción de bienes de capital), que tienden a la deflación.
La producción de productos no mercantiles, en el Departamento III –armas, productos espaciales y nucleares– funcionó, especialmente durante y después de la guerra, para quemar capital.
De esta manera se evita la sobreproducción deflacionaria en los departamentos I y II.
Marx dijo que el capitalismo desarrollaría las fuerzas productivas (mercancías) hasta su máximo, entraría en un estado de senilidad y luego, en la crisis de realización de ganancias, comenzaría a desarrollar las fuerzas destructivas (no mercancías), en la guerra.
En "La crisis de la ideología keynesiana", publicado por Boitempo en 2016, Lauro Campos conceptualiza magistralmente los no productos básicos, revelando las complejidades de la economía keynesiana.
En este sentido, hace una aportación decisiva al marxismo, desplegándolo dialécticamente.

MATERIAS PRIMAS VS. NO MATERIAS PRIMAS

La advertencia de caída, ahora del Departamento III en la era Trump, viene de China, el mayor tenedor de títulos de deuda estadounidenses, Rusia y el mercado financiero.
Desde la posguerra, el Tío Sam ha recurrido a la deuda pública, que enmascara la inflación, para no consumir bienes.
De este modo, se ayuda sistemáticamente a los sectores productores de bienes (I y II) que, por dejar hacer, tienden a la deflación.
La estrategia keynesiana de camuflar la inflación dentro de la deuda, para producir con moneda estatal bienes no consumidos por el gobierno, combate la deflación que amenaza la producción de bienes.
Esto evita un aumento de la oferta respecto de la demanda, cuyas consecuencias son caídas de precios y subconsumo.
Según Marx, el capitalismo ha sufrido una falta crónica de consumo desde su inicio.
El gasto gubernamental en la economía de guerra, que ha elevado la deuda estadounidense a 23 billones de dólares y ha llevado al Departamento III a una crisis, está colocando al sistema capitalista en un punto muerto.
Si volvemos al siglo XIX, como propugna el ultraneoliberal Paulo Guedes, para restaurar el laissez-faire, moriremos en la deflación.
Si el gasto en bienes no producidos en el Departamento III continúa, la deuda explotará.
Pintando la implosión hiperinflacionaria.

Hacer la guerra es quemar capital.

La crisis de 2008 hizo sonar la alarma.
Por un lado, un PIB mundial de 65 billones.
Por otra parte, existe una oferta monetaria especulativa global de 750 billones en derivados del dólar.
El gobierno estadounidense tuvo que recolectar esta montaña de dinero y mantenerla almacenada en los bancos sin generar intereses.
De lo contrario, la economía mundial implosionaría.
Sin embargo, como la deuda debe seguir expandiéndose, con la producción inflacionaria del Departamento III, para mantener con vida a los deflacionarios Departamentos I y II, persiste la inestabilidad general.
Peor aún, se está expandiendo, asustando a todos.
En la práctica, el Departamento III capitalista estatal funciona para disipar capital en la producción de armas no mercantiles, como una forma de sostener la producción de mercancías, cuyo crecimiento está prohibido debido a la deflación.
En los departamentos I y II se crea artificialmente una escasez de oferta para mantener precios altos y un margen de ganancia constante.
Los neoliberales ingenuos y neuróticos, como Paulo Guedes y compañía, creen que la solución es volver al siglo XIX, cuando el patrón oro estaba en vigor para apoyar a los Departamentos I y II en un régimen de libre mercado, sin Estado.
Quieren matar a la gallina de los huevos de oro.
Como cadáveres insepultos, anhelan regresar al vientre materno.
Sólo Freud puede explicarlo.

https://www.brasil247.com/…/Financistas-avisam-o-calote-dos…

https://br.sputniknews.com/…/2019030713449617-crise-venezu…/

https://br.sputniknews.com/…/2019030713449178-russia-eua-v…/

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.