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María Luiza Falcão Silva

Doctorado por la Universidad Heriot-Watt, Escocia. Profesor jubilado de la Universidad de Brasilia. Miembro del Grupo Brasil-China sobre Economía del Cambio Climático (GBCMC) en Neasia/UnB. Autor de *Modern Exchange Rate Regimes, Stabilization Programs and Coordination of Macroeconomic Policies*, Ashgate, Inglaterra.

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Trump en Asia: El regreso del imperio en busca de relevancia

El movimiento simultáneo de Trump, Xi y Lula hacia la región concentra las tres fuerzas centrales de la política mundial en el continente asiático.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, levanta el pulgar al subir al Air Force One (Foto: REUTERS/Evelyn Hockstein)

El viaje de Donald Trump a Asia marca el inicio de una nueva fase de tensiones globales y revela la lucha de un imperio por ganar relevancia en un mundo ya transformado. El viaje, que incluye reuniones con el presidente Lula en la Cumbre de la ASEAN en Malasia y con Xi Jinping en la Cumbre de la APEC en Seúl, simboliza más que una agenda diplomática: es el regreso de un líder que intenta recuperar un espacio que Estados Unidos perdió ante el dinamismo asiático y la nueva geopolítica del Sur Global.

El despliegue simultáneo de Trump, Xi y Lula en la región concentra las tres fuerzas centrales de la política global en el continente asiático: el poder establecido, el poder en ascenso y el poder articulador. Asia, otrora escenario de la rivalidad entre Washington y Pekín, se está convirtiendo ahora en el laboratorio de un nuevo orden más fragmentado y multipolar.

Malasia en una encrucijada: Lula y Trump en la ASEAN

Fundada en 1967, la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) reúne a diez países —entre ellos Malasia, Indonesia, Filipinas, Tailandia y Vietnam— que, en conjunto, conforman una de las regiones más dinámicas del planeta. Con una población de más de 600 millones de habitantes y un PIB combinado que supera los 4 billones de dólares estadounidenses, la ASEAN se ha consolidado como el corazón industrial y tecnológico de Asia Oriental.

La Cumbre de la ASEAN en Kuala Lumpur es la primera etapa de este viaje. El encuentro entre Trump y Lula, aunque rodeado de formalidades diplomáticas, tiene un gran peso simbólico. Por un lado, el presidente estadounidense intenta presentarse como el restaurador de la autoridad occidental tras años de aislamiento e inestabilidad. Por otro, Lula representa la voz de un Sur Global que se niega a aceptar el regreso de prácticas hegemónicas disfrazadas de proteccionismo.

Malasia, país que se ha convertido en uno de los centros del nuevo dinamismo asiático, es el escenario perfecto para este choque de visiones. El gobierno local apuesta por la integración económica y tecnológica entre las naciones del Sudeste Asiático y ve la expansión de los BRICS y la cooperación con China y Brasil como una vía de consolidación. Trump llega con una retórica de "reindustrialización estadounidense" y "repatriación de las cadenas de producción", culpando una vez más al mundo entero del declive de la industria estadounidense. Por ello, llega a Malasia decidido a defender su paquete arancelario, el "aumento de aranceles", que afecta directamente a las exportaciones brasileñas de acero, aluminio, etanol, café, frutas tropicales y productos agroindustriales.

Se espera que Lula aproveche la reunión para cuestionar la coherencia de esta política: ¿cómo se puede hablar de la reindustrialización estadounidense mientras se castiga a socios estratégicos del hemisferio sur? El diálogo será tenso. Es probable que Trump repita la narrativa de que Brasil se benefició "indebidamente" de las lagunas legales creadas por la guerra comercial entre Estados Unidos y China; Lula, por su parte, argumentará que el proteccionismo punitivo de Washington amenaza no solo a Brasil —que mantiene un déficit comercial con Estados Unidos, lo cual no justificaría los exorbitantes aranceles que han alcanzado el 50%—, sino a toda América Latina.

El contraste es inevitable. Mientras Trump insiste en los aranceles y el proteccionismo, Lula aboga por un "multilateralismo de reconstrucción", en el que la cooperación entre países en desarrollo no es una amenaza, sino una solución. Brasil se une a la ASEAN con sólidas credenciales ecológicas y diplomáticas, respaldadas por su renovado liderazgo en la agenda climática y los foros internacionales.

APEC en Seúl: Reunión de Trump y Xi

Desde Malasia, Trump se dirige a Seúl, donde se celebra la Cumbre de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC). Fundada en 1989, la APEC es un foro que reúne a 21 economías que representan casi la mitad del PIB mundial, entre ellas Estados Unidos, China, Japón, Corea del Sur, Australia y México. A diferencia de la ASEAN, la APEC no es una organización política, sino un espacio de coordinación económica y comercial, centrado en la integración de las cadenas productivas del Pacífico.

El ambiente allí será diferente: más tenso, más impredecible. La reunión con Xi Jinping es la primera desde 2019 y viene precedida por años de retórica agresiva, sanciones, restricciones tecnológicas y una guerra comercial que ha interrumpido las cadenas de suministro en todo el mundo.

Trump llega a Corea del Sur prometiendo "restaurar el orden" en las relaciones económicas y denunciando lo que llama la "traición comercial" de China. Pero el mundo que intenta recrear ya no existe. El liderazgo global de Estados Unidos, construido en la posguerra sobre la promesa de estabilidad y previsibilidad, se ha visto sacudido precisamente por sus acciones: aranceles unilaterales, ruptura de acuerdos multilaterales y ataques sistemáticos a las instituciones internacionales.

Xi, por su parte, llega a Seúl con la postura de quien se ha convertido en el centro de gravedad de la economía global. El avance de la Nueva Ruta de la Seda, la expansión de los BRICS+ y el liderazgo de China en las finanzas verdes han consolidado una red de influencia que ya no depende de la aprobación de Washington. Incluso bajo presión interna, Xi se presenta como un estratega paciente, lo opuesto a la improvisación de Trump.

Tras bambalinas, los diplomáticos asiáticos consideran la reunión como un momento de contención: el mundo espera que al menos se restablezca el diálogo, incluso sin expectativas de un acuerdo. El mero hecho de que Trump y Xi vuelvan a sentarse a la misma mesa es, para muchos, una señal de que la diplomacia aún tiene una oportunidad.

El imperio frente al espejo

Estas dos cumbres —en Kuala Lumpur y Seúl— conforman una imagen poderosa: el imperio estadounidense ante el espejo de su propia crisis. Trump intenta revivir la narrativa de la grandeza perdida, pero el mundo que lo acoge es diferente. Asia ya no es una periferia, y América Latina, bajo un nuevo liderazgo, se niega a asumir roles dictados desde afuera.

Lula y Xi, cada uno a su manera, representan fuerzas de transición: el primero, como voz conciliadora de un Occidente periférico que busca autonomía; el segundo, como artífice de un nuevo orden basado en la infraestructura, el comercio y la estabilidad. Ambos proyectan la idea de que la cooperación puede reemplazar al conflicto, justo cuando Trump redobla su retórica de supremacía y confrontación.

Trump llega a Asia como símbolo de un imperio que aún comanda ejércitos, pero que ha perdido el monopolio de la legitimidad. Su viaje es un intento de revivir el aura de poder de Washington, pero también un reconocimiento tácito de que la nueva centralidad del mundo reside en Oriente y, cada vez más, en los puentes que Oriente construye con el Sur Global.

El nuevo mapa del poder

Al final de este viaje, lo que emerge es un mapa de poder rediseñado. Seúl y Kuala Lumpur se convierten en hitos de una época en la que Estados Unidos aún ostenta el poder, pero ya no define el curso de la historia. Asia dicta las reglas del crecimiento y la tecnología; América Latina busca afirmar su lugar; y Europa observa con recelo cómo su relevancia se erosiona.

Trump puede intentar resucitar el “siglo americano”, pero el siglo XXI es, irremediablemente, el siglo de Asia y de un Sur global que ha aprendido a hablar con voz propia.

En este viaje, el imperio regresa a escena, pero ya no como único protagonista. Regresa, sí, en busca de relevancia, pero la era del imperio ha terminado, y el mundo ha aprendido a caminar sin su sombra.

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.