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María Luiza Falcão Silva

Doctorado por la Universidad Heriot-Watt, Escocia. Profesor jubilado de la Universidad de Brasilia. Miembro del Grupo Brasil-China sobre Economía del Cambio Climático (GBCMC) en Neasia/UnB. Autor de *Modern Exchange Rate Regimes, Stabilization Programs and Coordination of Macroeconomic Policies*, Ashgate, Inglaterra.

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Trump, Rubio y el ataque transnacional a los sistemas judiciales

Las sanciones de Trump y Marco Rubio contra el Supremo Tribunal Federal y la Corte Penal Internacional amplían la crisis diplomática y desafían la soberanía de Brasil.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump (Foto: Reuters)

En los últimos meses, varias acciones de la administración de Donald Trump y sus principales ministros, en particular el secretario de Estado Marco Rubio, han revelado una estrategia cada vez más agresiva de intervención (o al menos de oposición) ante decisiones judiciales de otros países. Estas intervenciones kafkianas abarcan desde sanciones contra jueces extranjeros hasta restricciones de visados ​​y represalias económicas contra países y autoridades judiciales cuando las sentencias contradicen los intereses de la Casa Blanca.

Brasil en el objetivo

Brasil se ha convertido en un blanco clave de esta ofensiva. En julio, la administración Trump incluyó al juez de la Corte Suprema Alexandre de Moraes en la lista de sanciones de la Ley Magnitsky e impuso restricciones de visado a él y a su familia. Washington justificó la medida como una reacción a la "persecución política" de Jair Bolsonaro, condenado por intento de golpe de Estado. También amenazó a los demás miembros de la Corte con el fin de intimidarlos. La represalia se acompañó de aranceles de hasta el 50% a las exportaciones brasileñas.

La respuesta del gobierno de Lula fue inmediata: reafirmó la independencia del poder judicial y denunció la iniciativa como una injerencia indebida en los asuntos internos. Diplomáticos brasileños señalaron que el proceso contra Bolsonaro se ajustó al debido proceso y que tenía pleno derecho a la defensa.

Presión sobre los tribunales internacionales

La ofensiva no se limita a Brasil. Jueces de la Corte Penal Internacional (CPI) también han sido sancionados tras autorizar investigaciones sobre personal militar israelí y estadounidense.

El secretario de Estado, Marco Rubio, anunció sanciones contra cuatro jueces de la Corte Penal Internacional por autorizar órdenes de arresto contra funcionarios israelíes y decisiones relacionadas con la guerra de Afganistán. Las sanciones incluyeron la congelación de activos de extranjeros acusados ​​por el gobierno estadounidense de participar en acciones "ilegítimas" o "infundadas" contra ciudadanos estadounidenses o aliados. La medida también impidió los viajes a Estados Unidos. Esto, sin duda, sienta un precedente peligroso, ya que el poder ejecutivo estadounidense sanciona a funcionarios de tribunales independientes.

Si bien Brasil es quizás el ejemplo más claro de presión bilateral, está surgiendo un patrón de críticas públicas, sanciones o declaraciones agresivas de la administración Trump/Rubio contra los sistemas judiciales extranjeros cada vez que las decisiones interfieren con los intereses políticos del gobierno estadounidense o de sus aliados.

El viaje de Rubio a Israel

En el mismo contexto, Marco Rubio visitó Israel en septiembre. La misión tenía un doble objetivo: reafirmar el apoyo de Washington a Benjamin Netanyahu, acusado ante el Tribunal de La Haya por crímenes de guerra, y garantizar que Estados Unidos siguiera bloqueando cualquier decisión internacional que impusiera sanciones al gobierno israelí. Rubio viajó a Israel entre el 13 y el 18 de septiembre de 2025. El viaje se consideró un claro gesto político de apoyo a las operaciones militares en Gaza, en un momento de intensa tensión en la región: poco después de un ataque israelí en Qatar contra líderes vinculados a Hamás y en medio de los esfuerzos diplomáticos para negociar un alto el fuego en Gaza.

La misión de Rubio incluyó reafirmar el apoyo de Estados Unidos a Israel, discutir la seguridad regional y demostrar solidaridad en medio de las críticas internacionales a las ofensivas israelíes.

Antes de su viaje a Israel, Rubio se reunió con el primer ministro de Catar. Rubio y el vicepresidente estadounidense, J. D. Vance, se reunieron con el jeque Mohammed bin Abdulrahman Al Thani en la Casa Blanca el viernes (12). Rubio anticipó las críticas al ataque en Catar, demostrando cómo Estados Unidos intenta equilibrar las "alianzas difíciles" sin abandonar por completo a aliados o mediadores.

Soberanía, derecho internacional y legitimaciones

El ataque transnacional —mediante sanciones, represalias económicas, restricciones de visas o condena pública— a los poderes judiciales de países soberanos plantea un debate central: ¿con qué legitimidad juzga el gobierno estadounidense a los jueces extranjeros cuyas decisiones le desagradan?

La respuesta oficial reside en los tratados de derechos humanos, los mecanismos multilaterales y la retórica que protege las libertades fundamentales. Pero la práctica, como vemos, a menudo sobrepasa estos límites, transformando las decisiones judiciales en piezas de una guerra política internacional, en la que se sacrifica la soberanía en nombre de intereses estratégicos o partidistas.

El viaje de Rubio a Israel refuerza este patrón: una clara alineación con políticas que favorecen a aliados cuyas acciones tienen implicaciones sensibles para el derecho internacional (en este caso, Israel/Hamás, la guerra y el genocidio en Gaza, los derechos civiles, la ocupación, etc.). La línea entre diplomacia e imposición se difumina.

Para Brasil, el episodio pone a prueba su resiliencia institucional. La democracia brasileña solo se fortalecerá si el país mantiene su autonomía frente a la presión externa, dejando claro que las decisiones del Tribunal Supremo no están sujetas al escrutinio de ninguna potencia extranjera.

El juicio que inquieta a Trump

La histórica condena del expresidente Jair Bolsonaro y de los generales implicados en el intento de golpe de Estado expuso una brecha entre Brasilia y Washington. Para Trump, quien siempre se ha presentado como aliado político del expresidente, el veredicto simboliza una derrota política e ideológica. La pregunta sigue en pie: ¿qué armas utilizará la Casa Blanca contra Brasil? ¿Nuevas sanciones, represalias comerciales o presión diplomática? ¿O, en última instancia, Brasil realmente le interesa a Trump más allá de servir como escenario para su guerra cultural contra los tribunales independientes?

De hecho, ha llegado el momento de que Brasil tome represalias alto y claro, en los términos del artículo de hoy de Jack Nicas, en New York Timestitulado Brasil le sigue diciendo a Trump que se vaya.

¡Trump, lárgate! ¡Sal de aquí!

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.

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