Ultraliberalismo: la etapa avanzada del neoliberalismo.
Al experimentar la estructuración de la monopolización/financiarización, el desempleo estructural, las crisis de representación política y la crisis ambiental, el Capital inaugura su nueva fase de evolución. Una evolución aún más depredadora que desecha un pacto (de democracia degradada) de la era posterior a la Segunda Guerra Mundial y el fin del Bloque Soviético.
- Una transición de fase
A medida que el capital atraviesa la estructuración de la monopolización/financiarización, el desempleo estructural, las crisis de representación política (que aún persisten) y la crisis ambiental (una crisis que los actuales líderes mundiales aparentemente insisten en ocultar), inicia una nueva fase de evolución. Una evolución aún más depredadora que desecha un pacto (de democracia degradada) de la era posterior a la Segunda Guerra Mundial y el fin del Bloque Soviético.
En 2008, el planeta observó con horror cómo surgía un "nuevo tipo de crisis en el sistema capitalista global". Una crisis estructural y global que se manifestó de forma naturalmente desigual, pero que se combinó y entrelazó en todo el sistema global de producción de mercancías.
Los síntomas de esta crisis comenzaron a manifestarse décadas antes y, desde la periferia mundial, se extendieron hacia el centro del capitalismo mundial. Sus principales causas radicaban en el prolongado proceso de acumulación de capital, aunado al progresivo aumento del poder científico y tecnológico de los medios de producción, que se multiplicó, sobre todo, tras la revolución científico-tecnológica que se expresó en el auge de la informática, la química fina, la robótica y que, hoy en día, alcanza el ámbito de la inteligencia artificial.
Lo que ocurrió fue que una porción cada vez mayor del capital acumulado se desvió hacia la especulación financiera, convirtiéndose en capital ficticio, ya que no podía reinvertirse directamente en el sistema productivo sin arriesgar el colapso del sistema de producción de mercancías. Así, dos características predominantes del capital monopolizado y financiarizado se manifestaron con mucha mayor intensidad que las burbujas o los desequilibrios cíclicos, sumiendo a la humanidad en una crisis de proporciones similares a la de 1929.
Esta crisis fue un proceso continuo que comenzó a mediados de la década de 1970, transformándose en elementos estructurales de una potencial crisis de sobreproducción permanente y la continua exclusión del trabajo humano del proceso productivo. Numerosos factores contribuyeron a una grave debacle en la economía mundial, entre ellos el altísimo nivel de desempleo en los países desarrollados, los crecientes déficits presupuestarios, la crisis de las puntocom y las crisis en Rusia, México, Argentina y los Tigres Asiáticos, entre muchos otros ejemplos.
La cuestión fundamental es que cada nuevo intento de las clases dominantes exigía enormes esfuerzos, un desgaste político considerable, fabulosas pérdidas de capital, logrando únicamente un alivio efímero, seguido del regreso de los síntomas y una situación general aún más agravada.
Así pues, si el capital está experimentando una crisis continua que comenzó antes de la última crisis (2008), y las crisis económicas del capitalismo están irrumpiendo en períodos cada vez más fugaces, no es tan difícil predecir que la próxima crisis de sobreproducción que llama a nuestra puerta tendrá efectos devastadores.
La crisis ambiental representa otro enorme obstáculo para el capitalismo. La escasez de energía, agua potable, tierras cultivables y todo tipo de recursos naturales renovables se ve agravada por el cambio climático y los impactos impredecibles de la acelerada extinción de gran cantidad de animales y plantas que mantienen eslabones cruciales en la cadena alimentaria. La ecuación es simple: si las crisis se deben a la sobreproducción, a mayor producción, mayor disponibilidad de materia prima.
La degradación ambiental también refleja la división internacional del trabajo, con la exportación a los países en desarrollo de industrias de alto consumo energético y de materiales, así como de aquellas que emiten grandes volúmenes de contaminantes. Este proceso permite una compatibilidad entre la agenda ambiental y la dinámica del desarrollo capitalista en los países centrales, cuyo crecimiento económico se basa cada vez más en la tecnología de la información, los servicios financieros y la investigación científica, con la consiguiente desmaterialización de la producción. Los países periféricos o emergentes se ven relegados a una producción industrial pesada y altamente contaminante. Esta dinámica revela la total incompatibilidad entre cualquier agenda ambiental seria y el ciclo de desarrollo en los países periféricos.
Otro elemento grave de la nueva crisis estructural del sistema capitalista es la erosión de la credibilidad y la legitimidad social de las instituciones de representación política y organización de la vida comunitaria que conforman el Estado moderno. En las últimas décadas, los gobiernos han incrementado progresivamente la recaudación de impuestos para cumplir con sus obligaciones con los grandes capitalistas, al tiempo que buscan por todos los medios eludir sus compromisos con la mayoría de la población. Los países (principalmente en Europa) asumen cada vez más su papel como principal apoyo, incluso financiero, de las grandes corporaciones.
- El motivo de esta nueva fase
Hoy, el Capital inaugura una nueva fase. Cuatro elementos han impulsado esta nueva dinámica. El primero, como ya se ha comentado, es que el Capital atraviesa una crisis permanente y continua, con momentos de poder cada vez más efímeros. En otras palabras, la ley de supervivencia y adaptación para la perpetuación del Capital ha propiciado el surgimiento de esta nueva fase.
El segundo elemento es que la tarea central del neoliberalismo era organizar un mundo tras el fin del bloque soviético (polarizado entre dos fuerzas: el capital frente al socialismo real y sus aliados), y esta misión se cumplió. El problema es que, con el tiempo, este programa se volvió obsoleto e incapaz de organizar el mundo.
El tercer elemento es que los derechos sociales, individuales y laborales conquistados a través de grandes luchas, incluidas guerras, en el siglo pasado se han convertido en un punto de estancamiento para las ganancias del Capital.
El cuarto elemento surge de la crisis ambiental sumada a la revolución tecnocientífica en constante avance.
- La otra fase del capital
Ante este escenario, el capitalismo no tenía otra alternativa. Para sobrevivir a sus propias contradicciones, el camino era lanzarse a grandes conflictos, ya que una vez más tendría que depositar el peso del mantenimiento del sistema y su búsqueda explotadora de beneficios sobre los hombros de los trabajadores y el planeta.
Tras la crisis de 2008, las fuerzas dominantes se embarcaron en una cruzada para utilizar aún más al Estado (los países) como financiador y garante de sus acciones. Este fenómeno propició el auge del conservadurismo a nivel mundial. La elección de Trump, Bolsonaro, Macri y otros tiene un objetivo primordial: perfeccionar el modelo de explotación y opresión de la fuerza laboral, así como establecer una suerte de "Internacional Conservadora" para infiltrarse en países liderados por fuerzas progresistas y reemplazar a sus gobiernos, permitiéndoles así profundizar la sumisión y ceder sus fuentes de riqueza. No es casualidad que Venezuela, país con una de las mayores reservas de petróleo y oro del planeta, intentara un golpe de Estado, y menos aún que el golpe de Estado de 2016 en Brasil fuera un mero accidente. Brasil, además de su importancia geopolítica para su entrada en América Latina, es también un país con vastas y casi inagotables fuentes de materias primas, y un campo de pruebas para esta nueva forma de capital. En Brasil, todavía veremos las repercusiones de la Reforma Laboral y la venta de activos nacionales, pero lo que ya está claro es que con el ascenso de Bolsonaro al poder, todos los aparatos del Estado han entrado en conflicto para crear nuevas hegemonías o mantener las antiguas.
La lucha entre sectores religiosos por la influencia social, entre los grandes conglomerados mediáticos de cada país y entre los sectores opuestos en los poderes judiciales y legislativos locales es solo un síntoma de que la batalla por la hegemonía está abierta. Sin embargo, a medida que el capital entra en una nueva fase, hay menos margen para la división del poder, que alcanzará niveles cada vez más concentrados, al igual que la riqueza, donde el 1% de la población mundial posee el 82% de toda la riqueza producida por la humanidad.
El discurso sobre los valores pretende domesticar al pueblo o minimizar el impacto de los grandes conflictos que esta nueva fase del capitalismo avivará. La pérdida de los derechos laborales, un ejército de desempleados, la cesión de materias primas y fuentes de riqueza, y el Estado como protagonista de nuevas y más violentas formas de explotación no serán fáciles de superar, a menos que el pueblo ignore este fenómeno, lo que derivará en una ceguera voluntaria y en el saqueo inconsciente del propio pueblo.
Cabe señalar que en Francia, un presidente neoliberal como Macron se enfrenta a la resistencia tanto de las fuerzas progresistas como de las ultraconservadoras, y esto es natural, puesto que uno de los efectos de esta nueva fase del capitalismo es eliminar naturalmente las vías intermedias, ya que para su proceso de dominación total tendrán que vencer la polarización, y la izquierda es más fuerte y orgánica que las terceras vías.
Finalmente, la revolución tecnocientífica ha dado lugar a la Industria 4.0 y a la inteligencia artificial en el ámbito laboral. Esto ha supuesto el fin de ciertos tipos de trabajo y de las ganancias en su fase más avanzada, ya que la robotización y las impresoras 3D han generado desempleo estructural a nivel mundial. Este punto muerto del capitalismo aún no tiene solución, porque sin desempleo no hay salarios, y sin salarios no hay compra de productos; en otras palabras, ¿cómo se venderá la producción?
La idea de que se necesita mano de obra humana para fabricar robots e impresoras es falsa, porque estas mismas tecnologías requerirán que se fabriquen robots e impresoras. Lo novedoso es que los obreros de fábrica (en el modelo clásico) ya no representan la mayoría de la clase trabajadora; ahora son trabajadores del sector servicios. Respecto a esta observación, quisiera señalar dos cosas: primero, es natural, ya que la sociedad moderna ha dado lugar a nuevos tipos de trabajo dependientes de los avances tecnológicos, y estos trabajadores se encuentran ahora en el nivel más alto de explotación, al igual que los trabajadores clásicos de las primeras revoluciones industriales. Segundo, así como ellos en algún momento encontraron formas de organizarse para luchar contra la opresión y la explotación, también lo harán estos nuevos trabajadores. La diferencia no radicará en la lucha en sí, sino en la cuestión de la evolución humana, puesto que la evolución tecnocientífica nos libera cada vez más del trabajo manual, es decir, de las largas jornadas laborales.
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.
