Un insulto a los paramédicos de Gaza: la paz pierde su sentido cuando una extremista proisraelí como María Corina recibe el Premio Nobel
La concesión del Premio Nobel de la Paz a Corina Machado refleja la hipocresía de las instituciones occidentales, que promueven sanciones e intervencionismo en nombre de la democracia.
La concesión del Premio Nobel de la Paz 2025 a la política venezolana de extrema derecha María Corina Machado desató una ola de indignación y burla, especialmente entre activistas opuestos a las sanciones y la intervención extranjera. Argumentaron que el premio había perdido su significado al ser otorgado a alguien que "apoya a Israel y pide una intervención militar contra su propio país".
¿Qué significa la paz cuando la derecha recibe el Premio Nobel?
Se ha descrito a Machado como “la cara sonriente de la maquinaria de cambio de régimen de Washington, el elegante portavoz de sanciones, privatizaciones e intervenciones extranjeras disfrazadas de democracia”.
De los golpes de Estado a la alianza con Israel
Machado dista mucho de ser pacífica. Fue una de las líderes del fallido golpe de Estado de 2002 que derrocó temporalmente al presidente electo Hugo Chávez y firmó un decreto que abolió la Constitución y disolvió las instituciones públicas. También apoyó las sanciones impuestas por Estados Unidos, descritas por sus críticos como una "herramienta de guerra silenciosa" que cobró miles de vidas y privó a la población de alimentos, medicinas y energía.
Además, Machado abogó abiertamente por una intervención militar extranjera en Venezuela, e incluso instó al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, a ayudar a "liberar Venezuela con bombas". También se alineó con un Estado que practica el apartheid, bombardea hospitales y asesina civiles en Gaza.
Un “símbolo” de la alianza hegemónica
La obtención del Premio Nobel de la Paz por parte de María Corina Machado refleja “una alianza global entre el fascismo, el sionismo y el neoliberalismo”, demostrando que esta alianza “justifica las guerras y la dominación en nombre de la democracia y la paz”.
Si Henry Kissinger pudo ganar el Premio de la Paz, ¿por qué no María Corina Machado? Quizás el próximo año se le otorgue a la Fundación Humanitaria de Gaza en reconocimiento a su compasión durante la ocupación.
El premio pierde su significado
El premio “ya no honra a los verdaderos pacificadores”, sino a “los arquitectos políticos de la violencia disfrazada de diplomacia”.
Ha llegado a representar “un insulto a los médicos, periodistas y trabajadores humanitarios de Gaza que arriesgan sus vidas para salvar a otros”.
La verdadera paz “no se construye en cuartos cerrados, sino sobre el terreno”: en las mujeres que organizan redes de distribución de alimentos durante el bloqueo, en las comunidades indígenas que defienden sus ríos de la explotación, en los trabajadores que se niegan a sucumbir al hambre y en las madres que buscan a sus hijos desaparecidos debido a las políticas migratorias de Estados Unidos.
Paz de dignidad, no paz de sanciones
La concesión del premio a Machado “revela la hipocresía de las instituciones occidentales que equiparan la sumisión con la paz”.
Pueblos como los de Venezuela, Cuba y Palestina “merecen una paz basada en la dignidad y la soberanía, no en sanciones y privatizaciones”.
*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.
