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carlos carvalho

Doctora en Lingüística Aplicada y profesora de la Universidad Estatal de Ceará – UECE.

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Votos: de los que salvan y de los que matan

"Aquí y allá, hay otro niño criado en los brazos de aquel que promete el cielo en la tierra"

Máquina de votación electrónica (Foto: José Cruz/Archivo/Agência Brasil)

Rostros plastificados, apretones de manos y amplias sonrisas inundan el país durante cada campaña electoral. Desde lo alto de sus coches, los candidatos, casi extasiados, saludan al público. De vez en cuando, descienden de sus carrozas y, incluso con pies de barro entre las calles llenas de baches y las aguas residuales, caminan con la gente, como si ellos también fueran personas. Aquí y allá, algún niño es alzado en brazos por quien les promete el paraíso terrenal y todo lo demás que nunca cumplieron ni cumplirán. Una vez que terminan sus encuentros más íntimos, no es de extrañar que se desinfecten con alcohol mientras se dirigen a su siguiente encuentro cara a cara con los votantes. 

Se dice que hubo una época en que muchos votantes vendían sus votos, recibiendo a cambio tejas, sacos de cemento, ladrillos o incluso medicamentos recetados que no se podían comprar. Es posible que esta nefasta práctica aún persista en ciertas regiones del país, dados los casos reportados en la prensa de personas vinculadas a ciertos candidatos que fueron arrestadas portando grandes cantidades de dinero en efectivo. 

En los últimos años, un nuevo factor se ha vuelto más importante que un puñado de tejas y ladrillos. Es el voto otorgado a políticos que prometen enriquecimiento rápido, sin importar los medios para lograrlo, ya sean robos a bancos o estafas a ancianos. La campaña actual está llena de "héroes", falsos profetas y "semidioses" que despotrican contra la democracia, la Constitución Federal y los derechos humanos. Tras ellos, un séquito de ignorantes engrosa el coro de la estupidez y la mala conducta, creyéndose piadosamente superiores a las leyes a las que todos estamos sujetos. Y a la hora de la verdad, ya deberían haber aprendido: solo los "pequeños" van a la cárcel. Y como un poco de estupidez es absurdo, todavía hay votantes que creen que su candidato hará todo lo posible para que él, que no tiene dónde caer, pueda andar armado, desafiando a Dios y al mundo. Y en esta realidad distópica en la que se ha convertido Brasil, cuanto más fascista sea el candidato, más posibilidades tendrá de ser elegido. 

Pero, por otro lado, está el votante ético, serio, responsable y políticamente consciente de sus obligaciones ciudadanas. No le interesan las conversaciones a medias ni la sugerencia de aceptar dinero a cambio de su voto, porque conoce perfectamente las consecuencias de las malas decisiones políticas, de los votos que matan a los pobres, a las mujeres y a la gente negra. Los votos que mataron a 700 personas durante la pandemia, los votos que incendiaron nuestros bosques, los votos que asesinan a los pueblos indígenas, los votos que dilapidan los bienes públicos, los votos que exterminan a los diferentes, los votos que matan a quienes dicen no. Los votos que niegan la vida. 

*Este es un artículo de opinión, responsabilidad del autor, y no refleja la opinión de Brasil 247.