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La derecha quiere que Trump interfiera en la seguridad pública de Brasil.

Una encuesta de Quaest muestra que la mayoría de los brasileños se oponen a la intervención extranjera en la soberanía del país.

Lula y Donald Trump - 23 de septiembre de 2025 (Foto: Reuters)

247 - Tras el aumento arancelario impuesto por Estados Unidos, que terminó fortaleciendo la popularidad del gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva (PT), parte de la derecha brasileña está tratando de atraer el apoyo del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para la agenda de seguridad pública, informa el periódico. El Globo.

El nuevo movimiento surgió tras una operación policial en Río de Janeiro que dejó 121 muertos, una de las más sangrientas en la historia del país. El sector conservador busca ahora públicamente que Estados Unidos reconozca al Comando Vermelho (CV) como organización terrorista, una causa que la oposición ya defiende, pero que cobra ahora mayor relevancia estratégica.

Cambio de enfoque

El intento de superar las consecuencias de los aranceles implica declaraciones públicas de la familia Bolsonaro y los esfuerzos del gobierno de Río de Janeiro, liderado por Cláudio Castro (PL-RJ), para que el Comando Vermelho sea clasificado como organización terrorista. La oposición cree que esta clasificación abriría la puerta a sanciones, congelación de activos y otras medidas internacionales. Sin embargo, los expertos advierten sobre los riesgos, incluyendo la pérdida de inversiones, la exposición de las víctimas de estos grupos a sanciones e incluso la posibilidad de una intervención extranjera en territorio brasileño.

La carta estadounidense y sus repercusiones.

La principal declaración de Estados Unidos hasta el momento ha sido un comunicado enviado a la Secretaría de Seguridad del Estado de Río de Janeiro por la Administración para el Control de Drogas (DEA), a través de su agente en el Consulado General de Estados Unidos en Río. En este documento, firmado por James Sparks, el representante lamenta la muerte de cuatro policías durante el operativo en los complejos Penha y Alemão y ofrece «todo el apoyo que sea necesario». Para los diplomáticos brasileños, sin embargo, el contenido de la carta se consideró meramente «protocolo».

Sin embargo, el contenido del mensaje fue rápidamente apropiado por políticos brasileños de derecha. El diputado Eduardo Bolsonaro (PL-SP) afirmó que el país atraviesa «una guerra entre el bien y el mal», mientras que el presidente Lula supuestamente «se posiciona en defensa de los criminales». El uso de este discurso revela un intento de movilización electoral, que apunta a realineamientos en el ámbito de la seguridad pública.

Señales en la red y la base política

En las redes sociales de la familia Bolsonaro, se observa un claro intento de abandonar el enfoque anterior en las sanciones económicas contra Brasil y, en cambio, asociar su discurso con la lucha contra el narcotráfico orquestada por la administración Trump. En mayo, el gobierno del estado de Río de Janeiro presentó un documento solicitando que el Comando Vermelho fuera clasificado como organización terrorista: la carta argumentaba que la facción exhibe una "sofisticación, transnacionalidad y brutalidad cada vez mayores".

La solicitud especifica que, si la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de Estados Unidos incluye a las empresas y sus miembros, estos podrían perder el acceso a los sistemas bancarios internacionales en dólares, una maniobra que reforzaría las sanciones económicas internacionales.

El secretario de Seguridad de Río de Janeiro, Víctor Santos, declaró que el objetivo es "alinear las acciones brasileñas con las políticas antiterroristas globales, incrementar la cooperación y facilitar la extradición de miembros de bandas criminales". Sin embargo, para el gobierno federal, esta clasificación no solo resulta inadecuada para la realidad de las bandas criminales brasileñas, sino que también representaría un riesgo para la soberanía nacional.

Las investigaciones muestran un rechazo popular

Según una encuesta realizada por Genial/Quaest en Río después de la operación, el 62% de los encuestados rechaza la participación de Estados Unidos en la lucha contra el narcotráfico en Brasil, frente al 36% que la aprueba. 

Los investigadores en este campo también señalan efectos secundarios como una disminución de las inversiones —ya que las empresas multinacionales tienden a evitar las zonas donde los grupos están clasificados como terroristas— y una mayor vulnerabilidad de las víctimas de la trata, dado que las prácticas de extorsión podrían interpretarse como "financiación del terrorismo", lo que pondría a la gente común y a las empresas en riesgo de sanciones internacionales.

Estrategia política y sus consecuencias.

Incluso antes de la megaoperación en Río, en medio de la controversia sobre el valor de la intervención estatal, el senador Flávio Bolsonaro (PL-RJ) declaró sentir "envidia" de las operaciones que Estados Unidos llevaba a cabo en el Caribe. En una publicación en redes sociales, invitó al secretario de Defensa de Trump, Pete Hegseth, a pasar "unos meses aquí ayudándonos a combatir a estas organizaciones terroristas".

En este contexto, el llamamiento de la derecha brasileña se interpreta como un intento de recuperar una agenda menos empañada que las sanciones económicas, que en el pasado contribuyeron a fortalecer el gobierno de Lula. La estrategia busca reconstruir una narrativa de firmeza en materia de seguridad y alineación con Estados Unidos, pero choca con el sentir popular y el riesgo político-diplomático que evalúan los analistas del caso.

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