“Falta claridad sobre una política nacional de saneamiento básico”, afirma investigador
“Vivimos en una época de gran aprensión y urgencia”, afirma Marussia Whately, directora ejecutiva del Instituto de Agua y Saneamiento (IAS).
Beatriz Bevilaqua, 247 - En Brasil, aproximadamente 32 millones de personas aún viven sin acceso a agua potable, mientras que 90 millones carecen de servicios de alcantarillado. Estas cifras, que reflejan una grave crisis sanitaria, fueron actualizadas por el Instituto Trata Brasil con base en datos del Sistema Nacional de Información sobre Saneamiento (SNIS).
Ante este panorama, el programa "Brasil Sostenible" de TV 247 entrevistó a Marussia Whately, arquitecta, urbanista y directora ejecutiva del Instituto de Agua y Saneamiento (IAS). "Vivimos en un momento de gran aprensión y urgencia. El aumento de las temperaturas globales, causado por las emisiones de combustibles fósiles, ya está impactando la dinámica climática. El año pasado, sufrimos una grave sequía en la Amazonía e inundaciones devastadoras en Rio Grande do Sul. Estos eventos extremos demuestran la relación directa entre el agua y el clima", afirmó la investigadora.
La investigadora enfatizó que el concepto de saneamiento ha evolucionado a lo largo de la historia, especialmente tras el descubrimiento de la transmisión del cólera por el agua en 1850. Hoy en día, el desafío es garantizar el acceso universal al saneamiento básico, un derecho humano reconocido por la ONU y consagrado en la Constitución brasileña. Además, el saneamiento desempeña un papel estructural en la adaptación a la crisis climática. «La falta de agua tratada compromete la salud pública y agrava las precarias condiciones de vida. La gestión inadecuada del agua en las ciudades puede causar inundaciones y deslizamientos de tierra», explicó.
Si bien la región sureste cuenta con una buena cobertura de suministro de agua, las regiones norte y noreste enfrentan un panorama diferente. «Muchas comunidades rurales y tradicionales no están conectadas a la red de suministro», explicó Marussia. Otro obstáculo es la falta de un sistema nacional integrado de saneamiento. «A diferencia de la salud y el medio ambiente, el saneamiento carece de una estructura clara de responsabilidades entre el gobierno federal, los estados y los municipios. Con la nueva ley de saneamiento de 2020, se produjo un cambio de rumbo, pero el sector aún enfrenta desafíos», señaló el experto.
El impacto de la crisis climática también exige medidas concretas. «Estamos en 2025 y ya nos enfrentamos a la quinta ola de calor del año. El año pasado, sufrimos incendios devastadores. Necesitamos actuar tanto para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero como para adaptarnos a los cambios que ya se están produciendo», advirtió.
Según la investigadora, una solución es diversificar las fuentes de agua. "Ciudades como Barcelona invierten en la reutilización directa, la desalinización y la captación de agua de lluvia. En Brasil, es fundamental cuidar las cuencas hidrográficas, porque sin bosques, no hay agua". La gestión eficiente también es crucial. "De nada sirve captar agua si se desperdicia. La ciudad de Nueva York, por ejemplo, ha implementado estrategias para diversificar las fuentes y controlar el consumo. La adaptación climática no es solo estructural, sino también conductual", afirmó.
Finalmente, la investigadora destacó la necesidad de monitoreo científico y transparencia. «No podemos reconstruir las ciudades afectadas por desastres como si los eventos fueran aleatorios. Necesitamos actuar con planificación, prevención y coordinación entre los diferentes niveles de gobierno», concluyó.
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