Las políticas que vinculan los ingresos con la producción han sido cruciales para sacar a Brasil del mapa del hambre.
En una entrevista con TV 247, la Secretaria Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional, Lilian Rahal, analiza los progresos logrados por el país.
247 - Brasil ha salido oficialmente del mapa del hambre de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), tras confirmarse que menos del 2,5% de la población brasileña vive en situación de desnutrición. El anuncio, realizado en julio de 2025, coronó una serie de políticas públicas que, según el gobierno, han vuelto a situar la seguridad alimentaria en el centro de la agenda nacional.
En una entrevista con TV 247, la Secretaria Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional, Lilian Rahal, del Ministerio de Desarrollo y Asistencia Social, Familia y Lucha contra el Hambre, explicó que el resultado es fruto de una estrategia que combinó la transferencia de ingresos, incentivos a la producción de alimentos y el fortalecimiento de la agricultura familiar. "Es un gran logro para la sociedad brasileña y nuestro gobierno, que demuestra que es posible mantener al país fuera del mapa del hambre de la FAO", afirmó Rahal.
Combatir el hambre como prioridad gubernamental.
Según la secretaria, el punto de inflexión fue la decisión política del presidente Luiz Inácio Lula da Silva de situar la lucha contra el hambre en el centro de las prioridades gubernamentales desde el inicio de su mandato. Recordó que, en 2022, 33 millones de personas vivían en situación de grave inseguridad alimentaria, cifra que movilizó a toda la sociedad. «La decisión política de priorizar el hambre en la agenda nacional puede tener resultados inmediatos, como vimos entre 2023 y 2025», afirmó.
Según Rahal, a partir de 2023 el gobierno inició una profunda reorganización de las políticas públicas centradas en la seguridad alimentaria, lo que permitió la recuperación de programas no estructurados y el rediseño de las acciones de apoyo para la población más vulnerable.
Ingresos garantizados y acceso a alimentos de calidad.
Entre las medidas más decisivas, Lilian Rahal destacó la reformulación del Programa Bolsa Família, que volvió a tener en cuenta el tamaño y la composición de las familias. “En 2022, la ayuda era la misma para todas las familias, ya tuvieran uno o diez miembros. El primer paso fue reorganizar el programa para considerar el número de personas y, sobre todo, de niños pequeños”, explicó.
El nuevo formato del programa comenzó a otorgar un suplemento de R$150 por niño de 0 a 5 años y de R$50 por dependiente de 6 a 18 años, lo que, según ella, tuvo un impacto directo en la reducción de la inseguridad alimentaria. "Las investigaciones demuestran que los fondos de Bolsa Família se utilizan principalmente para la compra de alimentos", afirmó.
Fortalecimiento de la producción y el consumo locales
La política de incentivar la producción de alimentos fue otro eje central de la estrategia. El gobierno federal, según Rahal, priorizó el crédito agrícola para los productores de alimentos básicos y reanudó la asistencia técnica y los servicios de extensión rural para los agricultores familiares.
Estas acciones estuvieron acompañadas por la reanudación del Programa de Adquisición de Alimentos (PAA), que compra productos a agricultores familiares y los distribuye a la red de asistencia social, como escuelas, hospitales, comedores comunitarios y comedores sociales. «El PAA es fundamental porque promueve la producción y compra de alimentos saludables, asegurando que lleguen a quienes más los necesitan», enfatizó.
La secretaria explicó que el programa fue rediseñado para incluir a más pueblos y comunidades indígenas, quilombolas (afrobrasileñas) y tradicionales, así como para abastecer los comedores sociales en las grandes ciudades, donde hay una mayor concentración de personas vulnerables.
Comidas escolares: comida real e ingresos en las zonas rurales.
Lilian Rahal también destacó el papel del Programa Nacional de Alimentación Escolar (PNAE) como una de las políticas públicas más estructuradoras del país. Durante el primer año de gobierno, se reajustó el presupuesto y el programa volvió a ser considerado una prioridad nacional.
En septiembre de 2025, el presidente Lula promulgó una ley que incrementó del 30% al 45% el porcentaje mínimo de compras a granjas familiares para los comedores escolares. Según Rahal, este cambio tiene repercusiones que van más allá de la nutrición infantil. «Los comedores escolares brasileños llegan a 40 millones de niños, ofreciéndoles alimentos reales y de calidad. Y el hecho de que compremos a granjas familiares crea un círculo virtuoso de ingresos e inclusión productiva», afirmó.
Según ella, el aumento de las compras locales fortalece la economía de los municipios, estimula la producción regional y reduce la dependencia de los alimentos ultraprocesados, contribuyendo además a la salud pública.
La alimentación saludable como política estatal
La secretaria recordó que el gobierno publicó la Nueva Canasta Básica de Alimentos en 2023, la cual orienta las políticas y los programas de seguridad alimentaria. Otro hito fue el decreto que promueve entornos alimentarios saludables en las escuelas, el cual ha servido de referencia para la legislación estatal, como la aprobada en Ceará.
Estas medidas, afirmó, apuntan hacia un modelo de desarrollo que valora la producción de alimentos naturales y regionales, ampliando el acceso a alimentos sanos y sostenibles.
Colaboración con la sociedad civil y fortalecimiento de Sisan
Al abordar los desafíos estructurales, Rahal enfatizó que Brasil es un país de dimensiones continentales y realidades diversas, lo que requiere una sólida red de articulación federal y participación social. Destacó el papel del Sistema Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional (SISAN), que integra a la Unión, los estados y los municipios con la sociedad civil.
El sistema se compone de la Cámara Interministerial de Seguridad Alimentaria y Nutricional (Caisan), encargada de coordinar las acciones gubernamentales; el Consejo Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional (Consea), presidido por la sociedad civil; y las Conferencias Nacionales sobre Seguridad Alimentaria, que se celebran cada cuatro años. «Sin participación social, no llegaremos a ninguna parte. El gobierno por sí solo no puede llegar a todas partes», recalcó.
Entre los programas que ejemplifican esta colaboración, el secretario citó el Programa de Cisternas, dirigido a la región semiárida, y el Programa de Cocinas Solidarias, creado en 2023 para apoyar iniciativas comunitarias para proporcionar comidas en zonas urbanas vulnerables.
Actualmente, 640 comedores comunitarios en 154 municipios reciben alimentos adquiridos a través del PAA (Programa de Adquisición de Alimentos). "Estas alianzas demuestran que es posible unir al Estado y a la sociedad civil para combatir el hambre y promover la inclusión productiva", afirmó Rahal.
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