La importancia del programa espacial brasileño
Un país de dimensiones continentales necesita más conocimiento sobre sus recursos naturales. Por lo tanto, se necesitan más imágenes espaciales.
El nuevo Programa Nacional de Actividades Espaciales (PNAE), que establece las directrices y acciones del Programa Espacial Brasileño entre 2012 y 2021, se lanzó el pasado martes 22. El programa promete una mayor participación de la industria, un enfoque en el dominio de tecnologías críticas, así como el desarrollo de recursos humanos y una mayor cooperación con otros países.
El programa espacial nacional de Brasil es uno de los más antiguos. Sus primeras actividades se remontan a principios de la década de 1960, durante los gobiernos de Jânio Quadros y João Goulart, pero fue en 1965 cuando se inauguró el primer centro de lanzamiento, el Centro de Lanzamiento Barreira do Inferno (CBLI), donde se lanzó el primer satélite, llamado Nike-Apache (estadounidense).
A nivel mundial, las actividades espaciales generan una cantidad considerable de 280 000 millones de dólares anuales y ofrecen diversos servicios esenciales para la vida cotidiana, como, por ejemplo, el papel de los satélites en las telecomunicaciones. Es este sector el que tienen en la mira. Por un lado, para reducir la dependencia externa de estos productos; por otro, para poder ofrecerlos en el mercado internacional y captar una mayor participación en este mercado.
La conquista del espacio es importante para el país. Más allá de las telecomunicaciones, un país de dimensiones continentales necesita un mayor conocimiento de sus recursos naturales para gestionarlos correcta y eficientemente ante desastres naturales. También es esencial monitorear la extensa frontera, el mar territorial, especialmente en lo que respecta a la Amazonia y la capa presal, así como el monitoreo de las cosechas, el crecimiento y la planificación urbana, la gestión de los recursos hídricos y el desarrollo de productos derivados de la tecnología espacial que generan nuevos paradigmas tecnológicos e importantes impactos económicos y sociales.
Para satisfacer estas demandas, necesitamos más imágenes espaciales, más satélites, más lanzadores y la participación de más empresas y universidades. En resumen, necesitamos expandir nuestras actividades espaciales. Por lo tanto, el plan propone mejorar la integración del programa con diversas partes interesadas, fortalecer la cadena de producción y lanzar cohetes propios y de nuestros socios. Sin embargo, ambiciones de esta magnitud requieren, sobre todo, la voluntad política para asegurar un presupuesto adecuado y evitar el pago de intereses. Debemos ser cautelosos ante los intereses hegemónicos que contribuyen al fracaso de la misión. Y, por último, debemos superar el estigma de los intentos previos con el cohete VLS.
