La retórica de Barroso para convertir el caso Lula en una excepción.
El ministro ignoró los plazos legales, creó una sesión extraordinaria, restringió el derecho garantizado a la defensa, adoptó un tiempo récord para analizar los argumentos, se presentó como víctima del relator del proceso, degradó una decisión del Comité de Derechos Humanos de la ONU, pero intentó encubrir errores exaltando falsas garantías, destaca Patricia Faermann en un informe de GGN.
Por Patricia Faermann, en Jornal GGN Para descalificar la candidatura del expresidente Lula, el ministro Luís Roberto Barroso recurrió a una serie de estrategias propias de la retórica sofista, empleando el arte de persuadir al público con su tesis ilógica. Al ignorar flagrantemente varios derechos fundamentales de defensa para poder evaluar una candidatura, Barroso se esforzó por ocultar la verdadera naturaleza de la misma.
«Como pretendo demostrar, no hubo ni apelación ni trato desigual», fue una de las frases que el ministro introdujo con cautela anoche. La declaración intentaba subsanar la omisión del ponente, tras haber incumplido todos los plazos legales garantizados a la defensa en un caso como este.
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