"Brasil es víctima de su Congreso", afirma instituto francés.
“Las élites en el poder logran resistirse al cambio y generar una fuerza de inercia que retrasa o bloquea cualquier proyecto que apunte a transformar el panorama, las reglas y las prácticas políticas”, evalúa el Observatorio Político de América Latina y el Caribe (OPALC), vinculado al reconocido Instituto de Estudios Políticos de París (Sciences Po), sobre las posibilidades de Brasil de superar sus problemas políticos.
Deutsche Welle Brasil - El Observatorio Político de América Latina y el Caribe (OPALC), vinculado al reconocido Instituto de Estudios Políticos de París (Sciences Po), hizo un análisis pesimista sobre las posibilidades de Brasil de superar sus problemas políticos y señaló que el Congreso es el mayor obstáculo que impide al país realizar cambios profundos en su sistema.
El capítulo del informe dedicado a Brasil afirma que el país "entró en 2017 en un período de estabilización pero también de estancamiento económico" y es "muy improbable que el próximo presidente tenga la influencia política en el Congreso" para "sacar al país de su inercia".
Una visión intuitiva e ingenua sugeriría que la presión vinculada a la multiplicación de los escándalos podría llevar a los actores políticos a colaborar en una reforma política a gran escala. Un análisis más detallado de los hechos muestra que esto no es así, afirma el texto.
"Las élites en el poder son capaces de resistir el cambio y generar una fuerza de inercia que retrasa o bloquea cualquier proyecto destinado a transformar el panorama político, las reglas y las prácticas".
El documento detalla cómo el Congreso puede destituir o preservar a un presidente, dependiendo de las ventajas políticas que pueda obtener, siempre en nombre de preservar los privilegios de sus miembros.
"Michel Temer no sufrió la misma iniciativa de demolición política que Dilma Rousseff vivió en 2016. Podemos ver aquí el papel decisivo que jugó el Congreso en el mantenimiento de los equilibrios políticos", afirma el informe.
Pero los congresistas no solo tienen el poder de derrotar a un presidente o de mantenerlo en el poder. También son el cerebro del sistema político, habiendo impedido durante décadas cualquier iniciativa de reforma política que pudiera poner en peligro sus propios intereses y perjudicar su vida política.