Brito: Bolsonaro no cometió errores, cometió crímenes.
Al analizar los turbios tejemanejes del clan Bolsonaro, el periodista Fernando Brito afirma que "cada pequeño fraude que aparece no es más que una mancha en el lodo de una trama de nepotismo, extorsión y lavado de dinero"; para Brito, no basta con que Bolsonaro diga simplemente que "pagará por sus errores"; "No fueron errores, fueron crímenes, y no es posible invocar la 'jurisprudencia' de Sérgio Moro y dejarlo pasar porque, como Ônyx Lorenzoni, el excapitán se arrepintió".
Por Fernando Brito, en Tijolaço - Toda la cobertura mediática de las pequeñas artimañas sucias cometidas por los allegados a los Bolsonaro, a estas alturas, ya no cambia la naturaleza de las estafas, solo su cantidad.
Cada pequeño escándalo que sale a la luz, como este que involucra al teniente coronel que asesoró a Flávio Bolsonaro durante un año, seis meses de los cuales vivió en Portugal, no es más que otra mancha en un esquema de nepotismo, extorsión y lavado de dinero que, estrictamente hablando, ni siquiera es nuevo en nuestra política.
La historia de que tenía «160 días de vacaciones acumuladas» no coincide con lo estipulado en la Ordenanza del Primer Ministro 541/2013, que establece que «la acumulación de días de vacaciones está prohibida, salvo en casos de interés para la seguridad nacional, mantenimiento del orden público o, excepcionalmente, extrema necesidad del servicio». Esto tampoco es nuevo; la prohibición existía desde antes de que Wellington se incorporara al Primer Ministro, mediante el Decreto 3.044/1980, que dispone que «la acumulación de días de vacaciones está prohibida, salvo por necesidades imperiosas del servicio y por un máximo de dos períodos».
Ahora hay dos cuestiones importantes.
Una es la mancha personal que afecta a Jair Bolsonaro –quien no puede dejar el asunto en manos de su pandilla de hijos– porque sus vínculos con el subteniente Fabrício se remontan a décadas atrás; fue él quien lo convirtió en un sirviente de la “familia” y quien se involucró –por la razón que sea– con un extorsionador que chantajeaba a empleados y falsificaba contratos –incluso en su propia oficina– para alimentar el “fondo de sobornos”.
Para alguien que fue elegido con discursos moralistas contra la "vieja política", esto es veneno de su propio veneno.
El segundo punto es la incomodidad, apenas disimulada, de los militares ante las «fugas» del caballo que eligieron para su marcha hacia la toma del poder en Brasil. Es seguro que, a estas alturas, los servicios de inteligencia militar están investigando y evaluando qué más podría salir a la luz en el pasado de Jair Bolsonaro y el potencial que esto tiene para afectar al núcleo del poder militar.
Globo, cuyos instintos son mejores que los de cualquier perro de caza, se percató de esto y, de los principales medios de comunicación, es el que menos “se anda con rodeos” con la familia presidencial, con reportajes diarios en el Jornal Nacional.
Bolsonaro reconoció el golpe, pero a falta de mejores soluciones, dice estar dispuesto a "pagar" el precio por los "errores" cometidos.
No fueron errores, fueron crímenes, y no es posible invocar la "jurisprudencia" de Sérgio Moro y dejarlo pasar porque, al igual que Ônyx Lorenzoni, el excapitán "se arrepintió".