Celso Amorim: Cunha es el capitán mayor del impeachment.
«El cerebro detrás de esta ofensiva no es otro que el presidente de la Cámara de Diputados, quien es blanco de acusaciones mucho más graves que las dirigidas contra el jefe de gobierno (que, por cierto, fueron refutadas con creces por la Fiscalía General)», afirma el exministro Celso Amorim. «Por otro lado, los defensores del mandato presidencial, entre los que me incluyo, nos vemos obligados a buscar en la zanja común de los intereses egoístas los votos capaces de evitar el impeachment».
Venta al por menor y al por mayor
Por Celso Amorim, en Carta Capital
Se está librando una lucha mortal por el acusaciónPor un lado, el mayor partido de lo que otrora era la base parlamentaria del gobierno, impulsado por un oportunismo absoluto, decide abandonarlo y dar instrucciones a sus miembros para que voten (y trabajen) por el impeachment de la presidenta Dilma Rousseff.
El cerebro detrás de esta ofensiva no es otro que el propio presidente de la Cámara de Representantes. blanco de acusaciones infinitamente más graves que las dirigidas contra el jefe de Gobierno (que, por cierto, fueron muy bien desmentidas por la Procuraduría General de la República).
Por otra parte, quienes defienden el mandato presidencial, entre los que me incluyo, nos vemos obligados a buscar en la fosa común de los intereses egoístas los votos susceptibles de impedir... acusación.
Más recientemente, gran parte de la opinión pública (políticos, magistrados y la propia prensa) ha comprendido que el eventual beneficiario del golpe parlamentario corre el riesgo de sufrir la misma suerte que se quiere imponer al gobernante actual.
Y esto, se reconozca o no, es la fuente de inspiración de propuestas de último momento, como la "doble renuncia", una especie de imitación absurda de los suicidios cometidos por parejas sacudidas por la misma angustia, como Stefan Zweig y su esposa, quienes, desde la pacífica ciudad de Petrópolis, presenciaron con disgusto una civilización en llamas.
La presidenta, con su habitual altivez, dijo que Nunca me rendiría.La otra parte interesada, que yo sepa, guardó silencio, a la espera de los acontecimientos. Suponiendo, por un momento, que esta descabellada sugerencia prosperara, ¿cuál sería el resultado?
Tendríamos el país gobernado, aunque sea provisionalmente, por un Político sospechoso de delitos muy gravesE incluso después de unas posibles elecciones, ¿cómo podría gobernar un presidente que tendría que lidiar con un Congreso cuyos miembros enfrentan graves problemas legales? ¿Es esta la fórmula para la estabilidad que se vislumbra?
Descartada esa hipótesis, que de todos modos es poco realista, ¿cuáles son los escenarios más probables? Uno de ellos, considerado hasta hace poco el más probable, sería el resultado de una victoria del sí. acusaciónSin mencionar el gravísimo precedente de irrespeto a la Constitución y al voto popular, que de por sí genera inestabilidad institucional en el corto, mediano y largo plazo, el gobierno resultante tendría que enfrentar una férrea oposición de los movimientos sociales, sindicatos y otros.
A menos que recurra a medidas demagógicas de duración efímera o busque obtener recursos mediante privatizaciones y desnacionalizaciones que dejarían aún más vulnerable a nuestro país, el nuevo gobierno tendría que mantener o ampliar las medidas impopulares ya presentes en las políticas de ajuste.
A diferencia de la situación actual, esto no contaría con la tolerancia de los trabajadores y otros sectores populares, quienes, para bien o para mal, se identifican, aunque con reservas, con el gobierno actual. Ante huelgas y protestas de diversa índole, lo más probable es que se vea obligado a recurrir a la fuerza, desencadenando un ciclo de represión con consecuencias impredecibles. Esto no es lo que Brasil necesita.
Es posible que ni siquiera los intereses externos, descontentos con uno u otro aspecto de las políticas seguidas en los últimos 13 años, vean con buenos ojos este viraje hacia el autoritarismo, dada la presión que sufren por parte de su propia opinión pública.
Pero el otro escenario, el de la derrota de acusación Si bien es deseable como resultado del proceso actual, no garantizará por sí solo un entorno de crecimientoestabilidad y paz social.
Los actuales miembros del Congreso –o la mayoría de ellos– ya han demostrado que no están dispuestos, bajo ninguna circunstancia, a para apoyar al gobierno actual...ni siquiera cuando se trata de medidas con las que estarían de acuerdo doctrinalmente (suponiendo que tuvieran alguna doctrina). Ahí es donde conduce el "odio de clase", como lo mencionó recientemente un periodista que escribió para el mismo periódico que defendía la tesis de la doble renuncia.
La "guerra de desgaste" continuará, con toda probabilidad, hundiendo a Brasil cada vez más en el pozo sin fondo de... recesión y desempleoY está claro que ni siquiera un tercio de los diputados será suficiente para darle sostenibilidad al gobierno.
De alguna manera, el ciclo actual se repetirá, con protestas callejeras, boicots legislativos y diversas acusaciones. En este escenario, se preservarán las instituciones democráticas y el Estado de derecho (lo cual, obviamente, no es poca cosa), pero no se garantizará la estabilidad, la paz ni la reanudación del desarrollo.
En 2013, el Presidente de la República, revelando una gran sensibilidad ante las preocupaciones que originalmente (subrayo “originalmente”) inspiraron las manifestaciones populares de ese año, propuso una agenda que incluía, como uno de sus puntos principales, la reforma política.
Desde entonces, se ha logrado un aspecto importante de esta reforma, a pesar de (o quizás debido a) los tiempos turbulentos: la prohibición de financiación de campañas electorales por las empresas.
Con dos o tres puntos más en una agenda mínima, como, por ejemplo, el voto de lista, favorecido por el PT, o incluso el de representación proporcional mixta, históricamente preferido por el PSDB –ambos mucho mejores y potencialmente más baratos que el sistema actual– y un control estricto del gasto en las elecciones presidenciales, mediante, entre otras cosas, un concepto análogo al de las "muestras externas de riqueza", sería posible, en un futuro no muy lejano, tener elecciones generales (y no sólo presidenciales, como pretenden los defensores de la doble renuncia).
El Congreso resultante probablemente sería mucho más representativo que el actual, y si tuviera poderes constituyentes –limitados al ámbito político-electoral– completaría la labor reformista, incluyendo la legítima deliberación sobre el debate inacabado entre parlamentarismo y presidencialismo.
Hoy en día, mucha gente habla de la necesidad del diálogo. Pero este no se da en abstracto. Requiere un enfoque.
¿Quizás mirar al futuro del país, y no a los intereses inmediatos de cada individuo, sería la manera de lograr el entendimiento, respetando las diferencias, entre bandos que hoy se oponen con cada vez más violencia? Es difícil ser optimista hoy en día. Pero, como aprendí en la diplomacia, es un deber ineludible de todo ciudadano.