Ciro encarna lo que más critica en sus oponentes: el oportunismo, dice Luis Miguel.
El historiador Luis Felipe Miguel, en su página de Facebook, analiza la postura política de Ciro Gomes y dice que el político del PDT es tan oportunista como los rivales que tanto critica; según el historiador, Ciro se equivoca al decir que Lula influye "apasionadamente" en el debate: "Lula llegó al poder precisamente adoptando su versión más suave", analiza Luís Felipe.
Por Luís Felipe Miguel, en su página de Facebook.:
Ciro Gomes es un hombre inteligente y capaz, sin duda. No me inspira confianza, ni por su historia, ni por sus conexiones, ni por su discurso. Pero lo que me impide siquiera considerarlo como una opción para la presidencia es su insistencia en decir que Lula no debería ser candidato porque "alimenta apasionadamente" el debate y "radicaliza la división de la sociedad".
¿Significa esto que Lula nos impide tener un debate de ideas sereno y racional en las elecciones? Pero ¿no fueron los oponentes de Lula quienes "incitaron" a sus bases contra el expresidente, convirtiéndolo en una encarnación de Satanás? ¿Por qué debería Lula ser castigado por haber sufrido la persecución que sufrió y sigue sufriendo? Y, por otro lado: ¿acaso la política que queremos se hace sin pasión?
La otra parte del argumento de Ciro es aún peor. Suena como el mismo mantra de que "el PT creó la lucha de clases". Las divisiones en la sociedad brasileña provienen de nuestra estructura absurdamente injusta, de la violencia de nuestras desigualdades, no de las acciones de algún líder político. Lula, de hecho, llegó al poder en su versión más conciliadora, y si de algo podemos acusarlo es de haberse dedicado demasiado a apaciguar conflictos y evitar confrontaciones.
Actualmente, todo demócrata debe defender sin reservas el derecho de Lula a postularse, sin peros ni reservas. Ya sea que vote por él o no. Con este discurso engañoso, que pretende limitar la candidatura de Lula en nombre de una supuesta trascendencia de los conflictos, Ciro Gomes se pone la misma máscara que más critica en sus adversarios: la del oportunista político.