Las comunidades denuncian las demoras en la titulación de tierras quilombolas en Río.
Solo 3 de las 54 comunidades del estado de Río de Janeiro tienen títulos de propiedad.
Douglas Correa - Agência Brasil - Las comunidades quilombolas del estado de Río de Janeiro se reunieron este sábado 15 en Río para debatir la Cumbre Voces Quilombolas por el Clima. Según la Asociación de Comunidades Quilombolas del Estado de Río de Janeiro (Acquilerj), de las 54 comunidades quilombolas establecidas en el estado, solo tres poseen títulos de propiedad.
La presidenta de Acquilerj, Bia Nunes, denunció la lentitud y las contradicciones en los procesos de titulación de tierras en los territorios quilombolas. De las 54 comunidades reconocidas en el estado de Río de Janeiro, solo tres cuentan con títulos de propiedad: Marambaia (Mangaratiba), Preto Forro (Cabo Frío) y Campinho (Paraty), y dos de ellas presentan irregularidades legales que deben ser revisadas.
“Existe un chantaje emocional y psicológico cuando nos piden que cedamos grandes extensiones de tierra para que pueda avanzar el proceso de titulación. Es una situación injusta e inhumana”, señaló Bia.
El primer panel, titulado «Voces Quilombolas», reunió a representantes de 16 territorios para presentar sus agendas, demandas y estrategias de resistencia. Según Bia Nunes, el objetivo era crear un espacio de diálogo donde las comunidades no solo fueran objeto de las discusiones, sino también protagonistas.
“La Cumbre de Río tiene una cualidad única: es un espacio donde hablamos y debatimos sobre nosotros mismos. Nuestras voces, nuestro dolor, nuestras soluciones. Esa es la fuerza de nuestra existencia”, afirmó.
Dificultades
Alessandra Rangel Oliveira, activista ambiental y climática de Acquilerj y miembro del quilombo María Joaquina en Cabo Frío, Región de los Lagos, afirmó que el municipio cuenta con siete comunidades quilombolas, de las cuales solo una posee título de propiedad: "Preto Fogo". Las demás están certificadas por la Fundación Palmares, pero esto no garantiza la propiedad de la tierra, sino que solo las reconoce como vestigios de comunidades quilombolas.
Alessandra explicó que Cabo Frío es una región con un gran potencial turístico, donde todos quieren vivir y todos quieren visitar.
"El problema radica en los altísimos niveles de especulación inmobiliaria. Por lo tanto, tenemos conflictos territoriales con acaparadores de tierras, ganaderos y urbanizaciones, y los propietarios deben ser compensados por el Estado."
Explicó además que cuando las tierras del quilombo se superponen con las de los agricultores, "empezamos a recibir amenazas de muerte, persecución, y algunos líderes quilombos sufren amenazas cuando denuncian cualquier tipo de impacto ambiental en la región".
Alessandra también mencionó que el Estado siempre alega no contar con recursos para financiar la compensación a estas familias por estos territorios, que son extensas haciendas en la región. Recientemente, cuando el Instituto Nacional de Colonización y Reforma Agraria (INCRA) visitó la región, concretamente tres comunidades, para negociar la primera fase de la titulación de tierras, «hubo resistencia por parte de los líderes comunitarios debido al temor a monopolios por parte de acaparadores de tierras y ganaderos, y los líderes comunitarios concluyeron que, si interferían, ponían en riesgo sus vidas», añadió Alessandra.
El líder comunitario afirmó que la COP 30, que se celebra en Belém, no tiene un impacto significativo en las comunidades quilombolas.
“Estábamos allí con la Coordinación Nacional de Comunidades Quilombolas Negras Rurales (Conac) junto con la Coalición Internacional de Personas de Ascendencia Africana para la Acción Climática (Citafro), pero nuestra participación fue limitada porque el gobierno solo nos proporcionó cuatro credenciales, y nos sentimos excluidos porque no tuvimos voz ni voto en el proceso de toma de decisiones”, explicó.
Viviane Lasmar Pacheco, representante del Instituto Chico Mendes para la Conservación de la Biodiversidad (ICMBio) y administradora del Parque Nacional Tijuca, declaró en la reunión que la comunidad quilombola Pedra Bonita, que opera dentro del parque, fue certificada hace tres años, lo cual cambió la perspectiva “en el sentido de reconocer que esta comunidad tiene derecho al territorio, derecho a su modo de vida, y estamos estableciendo un convenio de compromiso, hasta que se titule la tierra, con derechos y obligaciones entre las partes”. Viviane agregó que el registro se está finalizando, “pero que la comunidad es pequeña, con entre 20 y 25 familias”.


