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La COP30 concluye en Belém con avances en adaptación e inclusión, pero sin consenso sobre el fin de los combustibles fósiles.

La reunión aprobó el llamado Paquete de Belém, un conjunto de 29 decisiones que renuevan compromisos multilaterales.

Curupira, mascota de la COP30, en el Parque da Cidade - Belém (PA) - 11/07/2025 (Foto: Ricardo Stuckert/PR)

247 La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30), celebrada en Belém, Pará, concluyó con un balance mixto tras casi dos semanas de negociaciones entre 195 países. Según un informe publicado por Brazil Stock Guide, se registraron avances en áreas como el financiamiento para la adaptación, la inclusión social y la creación de plataformas de implementación, pero no se tomó una decisión concreta sobre un cronograma global para la eliminación gradual de los combustibles fósiles, un tema considerado el más sensible de la agenda. (Fuente: Brazil Stock Guide) BSG.

La reunión aprobó la convocatoria. Paquete de BelénUn conjunto de 29 decisiones renueva los compromisos multilaterales en materia de mitigación, adaptación, financiación climática, derechos indígenas, género y protección de los océanos. En un panorama internacional marcado por tensiones geopolíticas, los negociadores consideraron que el simple hecho de alcanzar un consenso en torno a un texto final ya representaba un logro significativo.

Progreso: Bosques, adaptación e inclusión social
Entre los resultados más destacados se encuentra el lanzamiento del Fondo Bosques Tropicales para Siempre (TFFF), una iniciativa liderada por Brasil y apoyada por 63 países. El mecanismo ya ha movilizado más de 6,7 millones de dólares en compromisos iniciales y propone pagos a largo plazo a los países que preservan los bosques tropicales, convirtiendo la conservación en un activo económico. A diferencia de las donaciones tradicionales, los inversores recibirán rendimientos financieros vinculados al mercado.

La negociación también consolidó el compromiso político de triplicar la financiación global para la adaptación para 2035. Si bien el monto aprobado de inmediato (US$135 millones para el Fondo de Adaptación) es inferior a lo que exigían los países en desarrollo, los diplomáticos enfatizaron que el mensaje era claro: las naciones ricas deben aumentar sus contribuciones. Por primera vez, se definieron 59 indicadores globales de adaptación, que abarcan temas como agua, salud, alimentación, infraestructura y ecosistemas, creando una base para el monitoreo global.

En el ámbito social, la COP30 marcó la inclusión sin precedentes de las poblaciones afrodescendientes en documentos clave de la CMNUCC, como el Mecanismo de Transición Justa y el Plan de Acción de Género. La participación indígena alcanzó un máximo histórico: 900 líderes se acreditaron en el área oficial del evento, y donantes internacionales anunciaron US$1,8 millones para las comunidades indígenas y locales. Durante la conferencia, el gobierno brasileño declaró diez nuevos territorios indígenas.

Nuevas plataformas de ejecución
La cumbre también inauguró dos instrumentos destinados a implementar los objetivos previamente acordados:

El Acelerador de Implementación Global, liderado por las presidencias de la COP30 y la COP31, tiene como objetivo apoyar a los gobiernos en la implementación de las NDC (objetivos climáticos) y los planes nacionales de adaptación.
Misión Belém para 1,5 °C, una iniciativa plurianual centrada en la cooperación para la mitigación, la adaptación y la inversión. Estos mecanismos se detallarán a lo largo de 2026, de cara a la COP31, que será presidida conjuntamente por Turquía y Australia, con una fuerte influencia de los países insulares del Pacífico.

Lo que no ha avanzado: petróleo, financiación y objetivos climáticos.
La falta de aprobación de una hoja de ruta para la eliminación gradual de los combustibles fósiles se consideró la principal frustración de la cumbre. La propuesta, apoyada por casi 90 países, enfrentó la resistencia de importantes productores de petróleo como Arabia Saudita y Rusia. La ausencia de Estados Unidos —después de que el presidente Donald Trump calificara el cambio climático de "engaño"— debilitó el peso político de las negociaciones. Tras la reunión, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva declaró: "La COP30 mantuvo vivo el debate sobre los combustibles fósiles frente a una fuerte resistencia", calificando la reunión de exitosa. Añadió que "Belém demostró al mundo que el multilateralismo sigue vivo".

En abril de 2026 se celebrará en Colombia un evento dedicado específicamente al tema del fin de los combustibles fósiles. En materia de financiación climática, los países en desarrollo exigieron claridad sobre los objetivos, que podrían alcanzar los 300 000 millones de dólares anuales para 2035 y los 1,3 billones de dólares anuales a partir de entonces. Sin embargo, las economías ricas evitaron asumir compromisos más explícitos. El ministro de Medio Ambiente de Sierra Leona, Jiwoh Abdulai, resumió el descontento africano afirmando: «Esta COP no cumplió con todo lo que África pedía. La adaptación no puede seguir siendo una consideración secundaria».

Los expertos también advirtieron que los compromisos nacionales presentados no están alineados con el límite de 1,5 °C. La decisión, denominada "Esfuerzo Conjunto", reconoció la discrepancia, pero no obligó a los países a reforzar sus objetivos para la COP31. Según la investigadora Natalie Unterstell, presidenta del Instituto Talanoa, "el Paquete de Belém ofrece procesos, pero no el salto político que exige la ciencia".

Percepción pública y próximos pasos
A pesar de los avances técnicos, parte de la cobertura de la prensa internacional se centró en problemas operativos —como los precios del alojamiento en Belém, un incendio en una zona oficial de eventos, protestas e inundaciones en estructuras temporales—, así como en comentarios irónicos del canciller alemán, Friedrich Merz, sobre las condiciones locales. Estas narrativas, según los observadores, contrastaban marcadamente con el simbolismo de celebrar la conferencia en el corazón de la Amazonia. La COP31 en 2026 y la COP32 en 2027 —que se celebrarán en Etiopía, la primera presidencia de un País Menos Adelantado (PMA)— serán decisivas para determinar si el impulso dado en Belém se traducirá en reducciones reales de emisiones, más recursos financieros y una mayor resiliencia climática. El debate sobre el petróleo, a su vez, probablemente dominará el próximo ciclo diplomático.

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