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"Él sabía lo que estaba haciendo."

Según el psiquiatra forense Talvane Marins de Moraes, ex director de la Policía Técnica de Río de Janeiro, la hipótesis más probable es que el asesino en masa de Realengo fuera esquizofrénico; un delirio místico pudo haberlo motivado a cometer la masacre.

247 – La tragedia perpetrada en Realengo, Río de Janeiro, por Wellington Menezes de Oliveira, de 23 años, recuerda al psiquiatra forense Talvane Marins de Moraes, exdirector de la Policía Técnica de Río de Janeiro, otro crimen que conmocionó al país: el caso del “tirador del centro comercial”. El criminal en cuestión, el exestudiante de medicina Mateus da Costa Meira, asesinó a tres personas al abrir fuego con una metralleta contra el público que veía una película en un cine del centro comercial Morumbi en São Paulo el 3 de noviembre de 1999.

“Se ha demostrado que el autor del tiroteo en el centro comercial padece esquizofrenia. Aún es necesario realizar una autopsia psicológica al autor del tiroteo de Realengo, es decir, recabar información y hablar con familiares, amigos y compañeros para intentar identificar las causas y motivaciones que lo llevaron a cometer el crimen; pero diría, en un primer análisis, que el joven que atacó la escuela esta mañana también debía de padecer esquizofrenia”, afirma Moraes.

Los esquizofrénicos viven en un mundo aparte. En los casos más graves, quienes padecen el trastorno se sienten permanentemente perseguidos y amenazados. Hace unos años, recuerda el psiquiatra, un esquizofrénico fue al consultorio de su médico en Río y lo asesinó a tiros, vaciando el cargador de un revólver. «Le dijo a la policía que no tuvo otra opción, porque el médico le había implantado un chip en el cerebro y estaba monitoreando sus movimientos. Lo curioso es que realmente se creyó esa historia», afirma Moraes.

Al igual que en el caso del chip, la masacre de Realengo fue premeditada. Según el psiquiatra forense, Wellington no estaba bajo los efectos de las drogas ni sufría un trastorno mental grave que pudiera haber afectado su capacidad de razonamiento. De hecho, según testigos, le dijo al guardia de seguridad de la escuela que iba a dar una conferencia allí y luego le pidió a un miembro del personal su expediente académico. «Si hubiera estado drogado o fuera de sí, el chico ya habría comenzado a matar al guardia de seguridad. Estaba ejecutando un plan, sabía lo que hacía y estaba lleno de una rabia muy intensa», señala el especialista.

¿Por qué el atacante priorizó a las chicas, asesinando a diez estudiantes y un chico? Una hipótesis, según Moraes, es que se trató de un delirio místico, especialmente dado que Wellington se había convertido al islam. Basándose en información sobre actos de violencia contra las mujeres en el mundo musulmán, pudo haber definido el género prioritario de sus jóvenes víctimas. «Las víctimas de delirios místicos creen hablar con Dios, oír voces y llamadas “divinas”, y a veces creen ser deidades», observa Moraes.

El psiquiatra forense no tiene duda de que el autor de la masacre de Realengo también se vio influenciado por las noticias sobre otras masacres, como las de Columbine y Virginia Tech en Estados Unidos. Este fenómeno, además, está científicamente probado, como señala Moraes. «En la década de 1970, un estudio académico detectó un aumento drástico de suicidios en el puente Río-Niterói tras el primer caso registrado: el de un hombre que saltó desde el tramo central», afirma. «A medida que el mundo se ha globalizado, gracias al notable avance de las telecomunicaciones, este factor de riesgo se vuelve más preocupante».