La elección del general para Ministro de Defensa disgusta a la Armada y a la Fuerza Aérea.
El descontento con la decisión de Jair Bolsonaro de nombrar al general Fernando Azevedo e Silva como ministro de Defensa proviene de la Armada y la Fuerza Aérea, y está generando malestar en el Ejército. Las razones son las siguientes: los comandantes de las tres Fuerzas Armadas abogaban por que un civil dirigiera el Ministerio de Defensa; la Armada y la Fuerza Aérea consideran que el capitán de la reserva otorga excesivo poder e influencia al Ejército; y el gesto público de Bolsonaro de considerar a un almirante para el Ministerio de Defensa también influyó en la decisión.
247 Eliane Cantanhêde, una de las periodistas más estrechamente vinculadas al golpe parlamentario que destituyó a Dilma Rousseff, una firme opositora del Partido de los Trabajadores (PT) y cercana y afín a las figuras militares que rodean al presidente electo Jair Bolsonaro, revela, en... Estado de São PauloEl columnista, que también es comentarista de GloboNews, sostiene que la nominación de un general del Ejército para dirigir el Ministerio de Defensa ha generado descontento, afectando a "la Armada y la Fuerza Aérea"; el nombramiento, según el columnista, "genera vergüenza dentro del propio Ejército".
Según Cantanhêde, existen dos razones para el descontento: "La primera es que todos los comandantes de las tres Fuerzas Armadas abogaron por que un civil encabezara el Ministerio de Defensa, como ocurre en la gran mayoría de los países y siempre se ha respetado en Brasil desde la creación del ministerio durante la administración del FHC, con la excepción de la administración de Michel Temer".
“En segundo lugar: La Marina, la Fuerza Aérea y sectores del Ejército también consideran que Bolsonaro, capitán de la reserva, está otorgando un poder y una autonomía excesivos al Ejército, en detrimento de las otras dos ramas”, afirma. Eliane Cantanhêde añade que el deterioro del clima se debe, además, a que “Bolsonaro había anunciado públicamente el nombramiento de un almirante de la Marina al Ministerio de Defensa, tan pronto como trasladó al general Augusto Heleno de su cargo a la Oficina de Seguridad Institucional (GSI), con sede en el Palacio Presidencial”.