Fernando Brito: Bolsonaro está intentando convertir 2022 en un 2018.
"No se trata de derrotar el fanatismo protofascista de Bolsonaro; se trata de aplastarlo electoralmente para que podamos vivir en democracia", escribe Fernando Brito.
Por Fernando Brito, en Tijolaço - Jair Bolsonaro expresó, en su transmisión en vivo de anoche, "un deseo de liberar algún dinero al MST (Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra) en la región de la hacienda de FHC (Fernando Henrique Cardoso) para que la gente pueda invadir allí nuevamente", debido a que el expresidente, lleno de idas y venidas, "ahora está diciendo que votará por Lula" si esa es la alternativa a su reelección.
No faltaron los insultos durante la transmisión en vivo del presidente: "ladrón de nueve dedos", "comunista gordo" (en referencia al gobernador de Maranhão, Flávio Dino) y "burros" (en referencia a los senadores del CPI).
Todo está en línea con su estrategia de radicalización que, en su crudo razonamiento, repite 2018, intentando formar una mayoría con un voto de extrema derecha que, en la segunda vuelta, arrastre a la mayoría a la confirmación por la adhesión del centroderecha masacrado, como fue en 2018.
Crudo como es, el ex capitán cree que se repetiría el escenario imaginado por el coreógrafo Sérgio Moro, donde la izquierda sería la antesala del infierno, colocando a los niños en festivales orgiásticos, transformando a los estudiantes de la escuela pública en una legión de gays y lesbianas.
No volverá a suceder.
Bolsonaro ha perdido gran parte de la clase media que votó por él en 2018, aunque intenta retener una parte de ella con su discurso de odio.
Sabe que esto no le permitirá retener más que una cuarta parte del electorado y apuesta por una adhesión al pensamiento conservador y antiizquierdista del capital y de los medios de comunicación para conseguir la mayoría.
No lo logrará y, como puede verse, ha destrozado cualquier ilusión de que las necesidades políticas le aportarían siquiera un mínimo de equilibrio.
Se cierran, pues, las puertas de un camino que nunca estuvo verdaderamente abierto: el de la llamada tercera vía soñada por la política convencional y los medios de comunicación, porque es Bolsonaro quien forma un polo definido y excluyente, ante el cual la moderación es complicidad.
No se trata de derrotar el fanatismo protofascista de Bolsonaro; se trata de aplastarlo electoralmente para que podamos vivir en democracia.