«El hambre no se debe a la falta de alimentos, sino a la falta de ingresos», afirma José Graziano.
Un exministro del gobierno de Lula y exdirector de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) explica el aumento de la inseguridad alimentaria en el mundo y propone un nuevo programa para erradicar la desnutrición en Brasil. Véalo.
Por Camila Alvarenga, en Ópera mundial - En el programa ENTREVISTA DE 20 MINUTOS El miércoles pasado (20), el periodista Breno Altman entrevistó a José Graziano, director del Instituto Hambre Cero, sobre la situación de inseguridad alimentaria que atraviesa actualmente Brasil.
Graziano comenzó analizando las causas del problema, que se ha agravado en los últimos años, especialmente desde la administración de Michel Temer. Según él, la inseguridad alimentaria moderada y grave no se debe a la falta de alimentos, sino a la falta de ingresos.
“Se ha producido una concentración extrema de la renta, que se ha agravado con la pandemia. Tenemos comida, pero la gente no tiene dinero para comprarla. Hay varios factores que han llevado a esta situación”, comenzó a explicar el profesor.
Como factores macroeconómicos que afectan al mundo entero, citó el cambio climático y los conflictos, "que son sinónimos de hambre". A nivel regional, mencionó el fortalecimiento del modelo agroexportador en Sudamérica, que es lo que realmente genera la concentración de ingresos.
“Y así fue como los precios de los alimentos siguieron subiendo. Esto se vio agravado por el aumento de los precios de las materias primas, causado por las bajas existencias, la devaluación del real (sin intervención del banco central) y la elevada oligopolización de nuestro sector minorista. Tenemos pocas cadenas de supermercados que distribuyen alimentos y que han mantenido bajos los precios”, enumeró.
Así, ya bajo el gobierno de Temer, Brasil comenzó a figurar en el mapa del hambre. Un país entra en este mapa cuando el 5% de su población sufre desnutrición, es decir, es incapaz de consumir el mínimo de 2.200 calorías diarias. En 2018, Brasil ya superaba el 5%, según Graziano. En 2020, la cifra se acercaba al 10%, y en junio de 2021, las Naciones Unidas (ONU) calcularon que el 17% de la población brasileña no se alimentaba adecuadamente.
"Si incluimos la inseguridad alimentaria moderada, que se da cuando se omite una comida, generalmente la cena, cuando los ancianos no comen para dejar comida a sus nietos, cuando las familias acuestan a los niños más temprano porque no tienen nada que comer, la cifra se duplica", enfatizó.
La situación es aún peor para las mujeres. Se estima que por cada diez hombres que sufren inseguridad alimentaria, hay once mujeres, «porque la madre se queda sin comer para alimentar a sus hijos». «Las mujeres también sufren más porque tienen mayores necesidades nutricionales, especialmente las embarazadas y las lactantes, incluso si hay una distribución equitativa de los alimentos entre los miembros de la familia», afirmó el agrónomo.
Para erradicar el hambre
Ante este panorama, Graziano señaló cuatro factores que deberían guiar las futuras políticas públicas destinadas no solo a reducir, sino a erradicar el hambre: “Desplazar el enfoque de la 'producción a cualquier costo' porque genera pérdidas, y ese no es el problema; tratar la alimentación como una cuestión de salud y medio ambiente; preocuparse no solo por poder comer, sino por poder comer de forma más saludable para evitar el sobrepeso; y crear políticas alimentarias más flexibles, que no dependan únicamente de los productos básicos, sino que diversifiquen la producción e inviertan en la agricultura familiar”.
Estas propuestas chocan con los monopolios capitalistas, pero el agrónomo recalcó que este es el camino a seguir, ya que el sistema actual genera más enfermedades de las que garantiza en cuanto a alimentos y nutrición para la población. Para llevar a cabo estas propuestas a largo plazo, Graziano afirmó que lo ideal sería proponer la desconcentración de la tierra, incluyendo una reforma agraria, pero con especial atención a las ciudades.
“En lugar de tener un cinturón hortícola a su alrededor, las ciudades tienen un cinturón de especulación inmobiliaria. Podríamos llevar a cabo una reforma agraria centrada en pequeñas parcelas de tierra y viviendas, ya que uno de los principales problemas actuales es precisamente la vivienda. Podríamos crear un programa de vivienda pública a gran escala vinculado a huertos ecológicos comunitarios en terrenos especulativos que rodean las ciudades. Esto se debe a que las propiedades más pequeñas se adaptan mejor a las exigencias medioambientales”, sugirió.
El profesor también consideró necesario un cambio de hábitos, ya que el consumo de carne por parte de toda la población al ritmo observado en los países más ricos es insostenible. Sin embargo, en su opinión, esto no significa que el mundo deba ser vegetariano o vegano, sino simplemente que se deben diversificar las fuentes de proteínas, incluyendo carnes blancas, huevos y una mayor variedad de frutas y verduras.
programa de emergencia izquierdista
Al reflexionar sobre los programas de ayuda alimentaria a corto plazo y de emergencia, Graziano consideró que, si bien son esenciales en situaciones calamitosas como la actual, deben servir de base para políticas estructurales estatales, no gubernamentales, "porque uno come todos los días".
En este sentido, un nuevo gobierno de izquierda tendría que replantearse las políticas anteriores para combatir el hambre. «Lo que hicimos antes ya no basta; no sirve de nada pensar solo en erradicar el hambre, sino también el sobrepeso, porque heredaremos un problema de obesidad de la pandemia», afirmó.
El agrónomo abogó por la implementación de programas de educación alimentaria en las escuelas, políticas de etiquetado de alimentos que adviertan sobre la cantidad de sal o azúcar, y el fortalecimiento de los bancos de alimentos y los comedores comunitarios.
“También recrearía el Consejo de Seguridad Alimentaria y Nutricional para coordinar los diferentes sectores públicos (unidad entre las políticas de alimentación escolar, la agricultura orgánica, etc.) y el sector privado. También restablecería el Programa de Adquisición de Alimentos para la Agricultura Familiar”, propuso.
Graziano enfatizó además que es necesario empezar a ver el acceso a los alimentos como un derecho, "no como un favor político", con una mayor presencia del Estado que garantice este derecho y controle los precios y el mercado, especialmente en tiempos de catástrofe, como la pandemia.
