“El Ejército sirve a los intereses privados y electorales de Bolsonaro”, afirma experto sobre herramienta de espionaje.
“Tenemos un escenario que conocemos, que este gobierno tiene una clara intención de investigar a las personas de forma arbitraria e ilegal”, afirma la abogada Flávia Lefèvre.
Red actual de Brasil - Según la abogada Flávia Lefèvre, la adquisición por parte del Comando de Ciberdefensa del Ejército de una herramienta que permite extraer información de teléfonos celulares y registros almacenados en redes sociales constituye una "violación a la transparencia, la publicidad y la moralidad". Miembro de la Coalición por los Derechos en la Red —entidad que reúne a más de 50 organizaciones que defienden los derechos digitales, como la protección de datos personales y la privacidad en internet—, la experta advierte que la adquisición expone que el ejército "ha estado sirviendo directamente a los intereses privados y electorales del presidente de la República", Jair Bolsonaro (PL), con el objetivo de "provocar disturbios en relación con el proceso electoral que está a punto de celebrarse".
El análisis se realizó en una entrevista con el periodista Rafael García, publicada este jueves (4) en el Jornal Brasil Atual. El análisis toma en cuenta un reportaje publicado ayer por el periódico Folha de S. Paulo, que muestra la contratación, sin licitación, de un sistema de espionaje por parte del Ejército, firmada a finales del año pasado. Sin embargo, la herramienta suele ser utilizada por la Policía Civil y Federal, así como por el Instituto Nacional de Criminalística y el Ministerio Público para acceder a datos, incluidos los bloqueados, de dispositivos incautados en virtud de órdenes de allanamiento emitidas por la justicia.
La compra viola las garantías.
El contrato se celebró entre la empresa TechBiz Forense Digital y el Comando de Ciberdefensa del Ejército, encabezado por el general Heber García Portella, quien fue nombrado miembro de la Comisión de Transparencia Electoral (CTE) creada por el Tribunal Superior Electoral (TSE). Este mismo general ha dado voz a la retórica golpista de Bolsonaro, intentando desacreditar el sistema electoral brasileño con ataques que ya han sido refutados reiteradamente.
Según Flávia Lefèvre, esta compra presenta varios problemas. Empezando por la falta de una explicación razonable y transparente del contrato, como ella misma observa. El equipo periodístico de Folha ha intentado contactar con el Ejército desde el 25 de mayo, pero no ha recibido respuesta.
La falta de explicación apunta a un escenario grave, según el experto, señalado por el propio presidente en una reunión ministerial en abril de 2020. En la reunión, que se hizo más conocida por la intención del gobierno de "dar rienda suelta a la presión", "aprovechando" que la atención se centraba en la pandemia de Covid-19, Bolsonaro también expresó su deseo de contar con un organismo de investigación.
Apoyo en la ley
Con la compra de la herramienta de espionaje, Flávia percibe “un sesgo personal en el manejo de las investigaciones relacionadas con el Ejército y el Ejecutivo Federal. Y eso también constituye una violación, porque la motivación y el propósito deben estar vinculados al interés público, y no a intereses partidistas y electorales privados”, argumenta. “Y tenemos un escenario que sabemos, también reportado en 2020, de que este gobierno tiene la clara intención de investigar a personas de forma arbitraria e ilegal, como fue el caso de esa lista de periodistas e influencers donde se les clasificó como 'detractores', 'simpatizantes' o 'neutrales'”, recuerda.
El Ejército enumera al menos 41 funciones para el equipo, según lo descrito por RBA. Entre ellas se encuentran la recuperación de imágenes y ubicaciones borradas, y la captura de datos de sistemas en la nube en dispositivos y de cuentas de redes sociales como Twitter, Facebook e Instagram. Sin embargo, los documentos del contrato no especifican a qué teléfonos celulares se accedería ni cuál es la base legal para este tipo de acceso a datos privados públicos.
La experta señala que la Ley General de Protección de Datos (LGPD), que entró en vigor en 2020, refuerza la sujeción de las autoridades públicas a esta ley. Además, cualquier investigación debe seguir el debido proceso, como añade Flávia Levèfre.
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