Paulo Freire influyó en los trabajadores de la salud durante cinco décadas e inspiró la lucha por la creación del SUS (Sistema Público de Salud Brasileño).
El legado del pensador pernambucano, que cumpliría cien años el próximo domingo (19), no se limita al campo de la educación.
Daniel Giovanaz y Ana Paula Evangelista, Brasil de traje - Uno de los pensadores brasileños más importantes, Paulo Freire (1921-1987), cumpliría cien años el próximo domingo (19). El legado del autor de Pedagogía del Oprimido, entre otras obras maestras, no se limita al ámbito académico.
En medio de las celebraciones del centenario, Repórter SUS conversó con Vera Joana Bornstein, profesora e investigadora de la Escuela Politécnica de Salud Joaquim Venâncio (EPSJV), vinculada a la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz).
En su relato se hacen evidentes las contribuciones de la obra de Freire al derecho a la salud, inspirando incluso la lucha por la creación del Sistema Único de Salud (SUS).
Vera Joana relata que entró en contacto con el pensamiento freiriano en la década de 1970 a través del Movimiento de Educación Básica, vinculado a la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB). La idea del movimiento era servir a las comunidades rurales mediante programas de radio.
“Me sorprendió la perspectiva educativa crítica, que buscaba, a través de la problematización de la realidad, profundizar en la comprensión de las causas de los problemas que vive la población, abrir espacios para la indignación ante las desigualdades, buscar soluciones colectivas y transformar la realidad”, relata.
La obra de Freire enfatizó que los problemas estructurales de la sociedad no podían resolverse individualmente. En sus palabras, «nadie libera a nadie, y nadie se libera solo; los hombres se liberan en comunión».
La educación popular se opone al modelo autoritario o "bancario", que legitima el statu quo y presupone una jerarquía de conocimientos, donde uno transmite y otro recibe. La perspectiva defendida por Freire, por el contrario, se relaciona con la justicia social, la diversidad, la tolerancia y el afecto.
"Si bien Paulo Freire aplicó inicialmente sus conocimientos al campo de la educación, me di cuenta en la década de 1970 de que muchos trabajadores de la salud ya conocían el concepto de educación popular. Sobre todo aquellos que desarrollaban proyectos de salud comunitaria", recuerda el profesor de la EPSJV.
Estos trabajadores y líderes populares comenzaron a cuestionar el modelo biomédico centrado en la enfermedad y los hospitales, y fortalecieron lo que entonces se llamó salud comunitaria.
"Hubo varias experiencias de trabajo en el interior del estado y en la periferia de las ciudades, a menudo de forma voluntaria. Se involucraron en la educación popular y fortalecieron el derecho a la salud y, posteriormente, la lucha por la creación del SUS (Sistema Único de Salud)", dice Vera Joana Bornstein.
En materia de salud, la educación popular se opone al autoritarismo presente en la cultura sanitaria y busca valorar el conocimiento popular y comprender las experiencias concretas de la población, a partir de sus vivencias.
“Este enfoque, en la atención primaria, se refleja en la actuación de estos trabajadores, que no se limitan a cuestiones de salud específicas y buscan abordar las causas profundas de los problemas de salud, que a menudo se encuentran en otros campos”, afirma el investigador.
Vera Joana dice que el pensamiento de Freire inspira la construcción de la autonomía y la participación popular, y la valorización de las prácticas tradicionales de cuidado de la salud, como el conocimiento de las plantas medicinales.
«La educación popular parte de los conocimientos previos de las personas, de sus trayectorias y realidades, para construir nuevos conocimientos. Es una perspectiva liberadora», concluye.
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