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¿Por quién claman los muros de Salvador?

Los grafitis esparcidos por toda la capital de Bahía exigen esclarecimiento del asesinato de una pareja el año pasado; el caso confirma a Bahía como el quinto peor estado en el ranking de resolución de homicidios.

Jaciara Santos _Bahia247 - Desde las afueras hasta el centro, en los últimos días han aparecido en Salvador grafitis en varios muros que se asemejan a un sollozo ahogado. Escrita en letras negras y rojas sobre un fondo amarillo brillante, la pregunta que nunca quiere (ni debe) ser silenciada: ¿quiénes asesinaron a Paulo Colombiano y Catarina Galindo? Quizás para demostrar que no se trata de una pregunta retórica, el mensaje se acompaña de información adicional, como una recompensa de R$ 10 para quien identifique a los autores del crimen, el número de teléfono de la línea de denuncias anónimas de la Policía Civil y la garantía de absoluta confidencialidad para el informante.

No es la primera vez que este llamamiento trasciende el círculo de amigos, familiares y aliados políticos de la pareja y llega a las calles. Incluso la intrigante oferta de recompensa ya se había hecho antes. También se han llevado a cabo protestas y manifestaciones exigiendo respuestas a la policía. El crimen ocurrió el 29 de junio del año pasado, en una calle concurrida del barrio de Brotas, pero sigue envuelto en misterio. Catorce meses después, el caso permanece sin resolver y no hay información sobre el estado actual de la investigación del doble homicidio.

Pero, si sirve de consuelo, las muertes de Colombiano y Catarina, miembros del PCdoB, uno de los partidos que apoyan al gobierno actual, no son un caso aislado en la historia de la policía de Bahía. Los cajones y estantes de las comisarías están repletos de investigaciones destinadas al archivo porque no dan resultado.

La falta de resolución de delitos genera tensiones y agrava la sensación de impunidad, según afirma el experto en seguridad pública João Apolinario da Silva en su tesis «Criminalidad en las ciudades centrales de Bahía», presentada en diciembre de 2010 en la Universidad de Salvador (Unifacs) como requisito parcial para la obtención del doctorado en Desarrollo Regional y Urbano. En el estudio, advierte que «la tasa de encarcelamiento tras la comisión de un delito es de tan solo el 1,3 % de los delitos atendidos por la policía».

El quinto peor en la clasificación.

El escenario descrito por Apolinario se ve reflejado en una investigación publicada en el primer semestre de este año por el Consejo Nacional de la Fiscalía (CNMP). En el estudio, Bahía figura como el quinto peor estado de Brasil en el ranking de resolución de investigaciones policiales por homicidio. La evaluación se basó en las investigaciones iniciadas hasta 2008 en todo el país que permanecían sin resolver a principios de 2011. Del total de 141.411 casos, 10.145 se registraron en Bahía.

Para evaluar los niveles de impunidad en todo el país, el CNMP (Consejo Nacional de Fiscales) desarrolló una herramienta que permite monitorear la conclusión de las investigaciones de homicidio iniciadas en Brasil antes de 2008. Denominado Inqueritômetro 2.0, el sistema forma parte del Objetivo 2 de la Estrategia Nacional de Seguridad Pública (Enasp) y busca concluir todos los casos de homicidio iniciados antes del 31 de diciembre de 2007 que permanecen sin resolver. De los 10.145 casos incluidos en el programa, Bahía tramitó 492 investigaciones entre abril y agosto (una tasa de productividad del 4,8%), de las cuales el 79% fueron archivadas y el 10% reclasificadas. Solo el 11% cumplió con los requisitos para la formulación de cargos, lo que permitió que el proceso continuara dentro del sistema de justicia penal.

Del crimen al castigo

Lejos de ser una mera estadística, los datos confirman lo que siempre se ha sabido: la distancia entre el delito y el castigo en Bahía es enorme. ¿Y qué conduce a esta impunidad generalizada? Para un veterano de la Policía Civil, que prefiere permanecer en el anonimato, la falta de incentivos para los agentes y los bajos salarios son algunas de las razones que comprometen las investigaciones policiales y la coherencia de las pesquisas. «El Estado finge pagar, el policía finge trabajar, y el crimen sigue extendiendo sus tentáculos», reflexiona el veterano, ya próximo a jubilarse.

Las condiciones laborales tampoco ayudan. A pesar de la propaganda oficial que presenta a una policía bien equipada, esta no es la realidad que viven los agentes a diario. «Cuando hay patrullas, no hay combustible; cuando hay combustible, no hay patrullas», ejemplifica un agente, para quien el éxito o el fracaso de una investigación está directamente ligado al trabajo policial durante las primeras 48 horas posteriores al crimen. El problema es que, en muchos casos, cuando los investigadores llegan a la escena del crimen, esta ya ha sido completamente alterada y se han perdido pruebas importantes, lo que compromete la investigación.

Y no son solo los curiosos anónimos quienes interfieren negativamente en las investigaciones. "He visto a policías militares registrando los bolsillos de las víctimas y robándoles dinero antes de que llegara el equipo forense", denuncia un experimentado fotoperiodista de un periódico salvadoreño.

¡En el 99,61% de los delitos no habrá castigo!

—Lo que ocurre en Bahía no difiere mucho del resto de Brasil, con pocas excepciones —afirma el profesor Carlos Alberto Costa Gomes, coordinador del Observatorio de Seguridad Pública de Bahía (OSPB), en el artículo «El desafío de la seguridad pública para Bahía», escrito para el ciclo de debates organizado por la entidad en abril del año pasado. En el texto, analiza algunos datos oficiales que evidencian la cultura de impunidad en el estado.

- El propio gobierno estatal, en su informe ejecutivo de abril de 2009, informa que (...) en 2008, de los 223.451 incidentes registrados en nuestras comisarías, solo se investigaron 32.637 (14,6%), de los cuales 14.548 (3,2%) fueron procesados ​​por la Fiscalía y en 2.871 (1,3%) los perpetradores comenzaron a cumplir condenas (alternativas o de internamiento) – según sus cálculos.

«Si cada incidente constituye un acto de violencia, delincuencia y posiblemente un delito, tendremos la certeza de la impunidad en el 98,7 % de los casos y, por consiguiente, la perpetuación de la conducta delictiva», continúa Costa Gomes. «Ahora bien, si a esto le sumamos la subnotificación general del 70 % (calculada por la UFRJ), obtendremos una cifra final del 0,39 %. Es decir, ¡para el 99,61 % de los delitos no habrá castigo!», concluye.

Aunque los datos analizados por el experto datan de hace tres años, no hay evidencia de que se hayan producido cambios sustanciales en la situación actual. Pero dejemos las cifras a un lado. Las estadísticas no tienen el poder de medir el dolor. Pongamos nombre a las víctimas. Después de todo, ¿quién mató y quién ordenó el asesinato del artista de circo Ricardo Matos, de 20 años, el 22 de enero de 2008, en una cancha deportiva del barrio de Boca do Rio? ¿Y el de la empleada bancaria Ananda Lima Barreto, de 30 años, esposa de un oficial del Ministerio del Interior del equipo de seguridad del gobernador del estado, asfixiada en la playa de Ipitanga el 1 de marzo de 2010? ¿Y el del ambientalista Antônio Conceição Reis, de 44 años (el Indígena), torturado y asesinado el 9 de julio de 2007? ¿Y el empleado municipal Neylton Silveira, asesinado el 6 de enero de 2007 en las instalaciones del Departamento Municipal de Salud, en un supuesto proceso de destrucción de pruebas, un inusual crimen por encargo sin autores intelectuales?...

Detengámonos aquí, pero hagamos un experimento mental. ¿Qué pasaría si todos los familiares de las víctimas de crímenes sin resolver decidieran seguir el ejemplo de los amigos de la pareja Paulo Colombiano y Catarina Galindo? Es imposible predecir si la acción sería efectiva, pero seguramente, pronto no habría suficientes muros en la ciudad para contener el clamor social por justicia.