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El problema está en la izquierda elitista, no en la derecha pobre, dice Paulo Galo

Activista aboga por el trabajo de base y critica la falta de conexión entre la izquierda y la vida real de los trabajadores.

Paulo Lima, el Gallo (Foto: Reproducción/Instagram)

247 - El activista Paulo Galo, quien saltó a la fama en 2020 al liderar las protestas de los repartidores exigiendo mejores condiciones laborales durante la pandemia, ofrece una crítica mordaz a la izquierda brasileña, que, según él, se ha vuelto elitista y se ha distanciado de los verdaderos problemas que enfrenta la clase trabajadora. En una entrevista publicada por UOLGalo detalla cómo la desconexión con las bases y el distanciamiento de los asuntos materiales han debilitado el desempeño de la izquierda. Para él, el problema no reside en la "derecha pobre", sino en una izquierda "blanca" y "playboy" que idealiza la conciencia política mientras ignora la realidad concreta.

"Es la mentalidad de la clase media, de toda la izquierda blanca, que todo se va al carajo porque los pobres 'no tienen conciencia' o 'no saben votar'", declara Galo, criticando directamente la postura paternalista de los intelectuales que culpan a la población de bajos recursos por no adherirse a ciertas ideologías. Cuestiona la idea de que la clase trabajadora esté alienada y argumenta que las condiciones materiales de vida influyen directamente en la conciencia política. Para él, contrariamente a lo que creen algunos sectores de la izquierda, "la materialidad define a cada persona".

El activista denuncia lo que considera un error fundamental: la idea de que la izquierda "despertó" a las injusticias sociales de forma natural, sin tener en cuenta las oportunidades y privilegios que permitieron desarrollar esta conciencia. "Fueron a la universidad, tenían libros en casa y contaban con los medios para fomentar esta conciencia", argumenta Galo, contrastando esto con la realidad de quienes enfrentan dificultades económicas a diario. "¿Por qué yo soy el problema y tú la solución?", pregunta, subvirtiendo la idea de que solo existe una perspectiva válida para la lucha social.

Para Galo, no se trata de una división entre derecha e izquierda, sino de comprender que, mientras la clase media permanece en su "zona oeste" —en referencia a la zona adinerada de São Paulo—, el trabajador promedio se enfrenta a dificultades concretas, muy alejado de las agendas y discusiones elitistas de la academia y los círculos políticos. El resultado, dice, es que la izquierda se vuelve "jodidamente arrogante" e incapaz de interactuar con quienes están fuera de su burbuja. "Cuando intentan interactuar fuera de la burbuja, son jodidamente arrogantes, jodidamente molestos, y la gente no lo soporta", afirma.

Una nueva forma de base: religión y trabajo con la periferia - Otro punto que Galo plantea es el abandono del trabajo de base por parte de la izquierda. Cree que la religión tiene un potencial transformador que ha sido ignorado por los líderes políticos. «Es posible crear una nueva Teología de la Liberación utilizando la religión evangélica y la propia palabra de Dios», explica, citando pasajes bíblicos que, en su opinión, refuerzan la lucha de clases y la justicia social. Galo enfatiza el poder de movilización y la concienciación que la fe puede brindar a los trabajadores y lamenta el alejamiento de la izquierda de este enfoque.

Para él, pasajes bíblicos como «es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que que un rico entre en el reino de los cielos» demuestran el potencial de resistencia y concienciación que encierra la fe popular, algo que los movimientos sociales deberían reconocer y aprovechar. Contrariamente a lo que creen muchos líderes progresistas, la religión, según Galo, no es solo una «herramienta de alienación», sino una poderosa vía de encuentro y organización popular.

Va más allá, sugiriendo que, con el enfoque adecuado, incluso sería posible crear "entrenadores de izquierdas" para la periferia, utilizando las mismas estrategias de motivación personal que atraen a tanta gente al éxito individual, pero con una visión colectiva. "Se podría crear un Pablo Marçal de izquierdas", declara, refiriéndose a los influencers que popularizan métodos de enriquecimiento personal. "Se pueden usar las mismas herramientas que alienan para desalienar. Simplemente vengan aquí, a la periferia, tomen una cerveza e intercambien ideas cotidianas".

La izquierda y su adicción a la política electoral - Galo también critica la dependencia de la izquierda de la política electoral, describiéndola como un enfoque estrecho que limita el alcance de sus acciones. Cita el ejemplo del pastor Henrique Vieira, quien, mientras intentaba realizar trabajo de base, fue "secuestrado por la institucionalidad" y absorbido por la política partidista, perdiendo el contacto directo con la comunidad. "El problema es que la izquierda parece saber cómo hacer cualquier cosa que no implique votar", concluye Galo, destacando una brecha que deja muchas demandas de la clase trabajadora sin una respuesta práctica y efectiva.

En su opinión, la verdadera lucha no se da exclusivamente en las urnas ni en los entornos institucionales, sino a través del contacto directo con la población, respetando sus experiencias y construyendo una conciencia colectiva basada en sus necesidades reales. Este movimiento, para él, implica superar prejuicios, escuchar sin juzgar y crear una izquierda que no solo hable en nombre de los trabajadores, sino que los comprenda y los represente verdaderamente.

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