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Seis años de la Ley Maria da Penha

Nenhuma política de enfrentamento à violência contra a mulher será efetiva sem uma mudança cultural e material que eleve todos os seres humanos à condição de igualdade

En 2012, la Ley Maria da Penha celebró su sexto aniversario. Promulgada el 7 de agosto de 2006, la Ley n.º 11.340 se incorporó al ordenamiento jurídico nacional con el objetivo de crear mecanismos para combatir la violencia doméstica y familiar contra las mujeres. Las políticas y servicios existentes, como el Centro de Atención a la Mujer (Liga 180), tuvieron que adaptarse a la nueva ley, y se crearon nuevas estructuras para atender las necesidades de las víctimas.

Desde que comenzó a prestar servicios bajo la Ley Maria da Penha a principios de 2007, la Línea de Atención 180 ha recibido, en promedio, medio millón de denuncias de violencia doméstica y familiar contra las mujeres anualmente. Solo en los primeros diez meses de 2011, se registraron 530.542 casos, la mayoría de los cuales involucraron violencia física. Como en años anteriores, el Distrito Federal fue la Unidad de la Federación que registró el mayor número de denuncias en 2011, proporcional a su población femenina, con 792,675 denuncias. Para brindar respuestas más inmediatas y efectivas a las denuncias, la Secretaría de Estado de la Mujer del Distrito Federal también creó una línea de atención local: 156, opción 06, que no solo registra quejas, sino que también deriva a las mujeres a los servicios dentro de la red.

Si bien la denuncia es inicialmente una herramienta importante para visibilizar el problema, medirlo concretamente y desarrollar estrategias para abordarlo, el aumento en el número de denuncias también pone de relieve la insuficiencia de las políticas públicas, que, seis años después de la promulgación de la ley, no han logrado cambiar sustancialmente esta realidad. Esta fue una de las motivaciones para la creación de la Comisión Parlamentaria Conjunta de Investigación (CPMI), establecida por el Congreso Nacional en diciembre de 2011. La comisión tiene como objetivo celebrar audiencias públicas en los estados, investigar la incidencia de la violencia e interrogar a los funcionarios públicos sobre la aplicación de la Ley Maria da Penha.

Si bien muchas acciones dependen de acuerdos complejos y de un esfuerzo colectivo permanente del Estado y la sociedad, por otro lado, se percibe una resistencia entre los funcionarios públicos a cumplir con las disposiciones de la ley. En este sentido, la legitimidad de la Ley Maria da Penha se vio fortalecida por la decisión del Supremo Tribunal Federal (STF) en febrero de este año, que declaró constitucionales los tres artículos que prevén un tratamiento punitivo diferenciado para los agresores de mujeres y la creación de tribunales especializados en violencia doméstica. Además de declarar la constitucionalidad de la ley, el STF anuló el requisito de que la víctima presentara la denuncia, permitiendo que terceros la presentaran y que el Ministerio Público continuara el caso, independientemente de la voluntad de la víctima. Lejos de violar la autonomía de las mujeres, este caso busca eludir las condiciones de vulnerabilidad a las que suelen estar sometidas las víctimas debido a la relación de afecto o incluso dependencia que mantienen con el agresor.

A pesar de los avances logrados con la decisión de la Corte Suprema, la inversión en políticas públicas para combatir la violencia doméstica y familiar contra las mujeres sigue siendo incipiente. Además, las sanciones penales no han impedido la recurrencia de la violencia, lo que indica la necesidad de ampliar el enfoque para abordar este problema más allá del punitivo.

Ninguna política para combatir la violencia contra las mujeres será eficaz sin un cambio cultural y material que eleve a todos los seres humanos a un nivel de igualdad. Por lo tanto, además de garantizar la seguridad de las mujeres, debemos promover su autonomía para que tengan la capacidad real de romper el ciclo de la violencia. En este sentido, la creación de organismos de políticas específicas para las mujeres en los estados y municipios debe entenderse como parte de esta estrategia de integración de las políticas para combatir la violencia con otras políticas que promueven la igualdad de género.

La creación de la Secretaría Estatal de la Mujer del Distrito Federal al inicio de la presente administración respondió a las demandas de las mujeres de Brasilia y simboliza el compromiso del gobierno de Agnelo de romper un ciclo histórico de desigualdad y violencia. Además de servir como foro para el desarrollo de políticas públicas, la Secretaría ha asumido la tarea de sensibilizar a otras secretarías gubernamentales sobre el tema y coordinar acciones conjuntas para promover los derechos de las mujeres.

Aún conmocionada por el reciente asesinato de la funcionaria Cristiane Miki, que tuvo repercusión nacional, y en vísperas del primer aniversario de la muerte de la estudiante Suênia Sousa de Faria, la Secretaría de Estado de la Mujer del Distrito Federal inaugura un Centro de Atención a la Mujer en la estación 102 Sul del Metro. Más que un logro simbólico para celebrar, el nuevo Centro debería ser un hito en la erradicación de la violencia de género en el Distrito Federal. El desafío es inmenso, y la Asamblea Legislativa del Distrito Federal también tiene la responsabilidad de asumirlo.

*Arlete Sampaio es diputado distrital por el Partido de los Trabajadores (PT)